No sé si es por la maternidad, o porque me estoy haciendo mayor, pero lo cierto es que cada día que pasa me indigno más y más con ciertas situaciones y conductas.
Me indigno sobremanera con los padres que se quejan de sus hijos: que si no sabes lo que es aguantarle, porque no para y debe de ser hiperactivo (ya sabéis la ligereza con la que se usa este término, la misma con la que se diagnostica, esto también me indigna, por cierto); que si no sabes el engorro que es no poder dejarle con nadie, que llora todo el tiempo preguntando por su mamá; que si no sabes el follón que es tenerlo en casa todo el día en verano, que no tengo ni un segundo para mí y estoy deseando que llegue septiembre, y menos mal que lo enchufo quince días en un campamento urbano, medio mes con una abuela y tres semanas con la otra (matizo: me indigno cuando este comentario viene de madres que, como yo, no tenemos un trabajo remunerado fuera del hogar, y poseemos el privilegio de poder estar con nuestros hijos durante las vacaciones); que si no sabes el trastorno que supone no poder salir de noche por culpa de los niños; que si no sabes el fastidio que es tener que estar pendiente de él las 24 horas al día... pues mira por dónde, sí que lo sé. Es más, muchas de estas cosas ya las sabía incluso antes de ser madre (eso de que los hijos demandan atención y cuidados, por ejemplo). Pero lo acepté y lo asumí con responsabilidad y gusto, como una persona adulta, de lo contrario me habría comprado un perro, una muñeca o un tamagochi.
Me indigna la tan manida frase todos los padres quieren lo mejor para sus hijos, y el hecho de que esta sentencia justifique cualquier comportamiento de esos padres, legitimado además, por los principios de libertad, tolerancia y respeto. Son los famosos "yo educo a mi hijo como me da la gana", y "nadie me dice cómo educar a mi hijo". El único límite parece ser el maltrato físico, ahí sí se puede juzgar, acusar y condenar, "¡Mira qué mala madre, que le ha dado un cachete a su hijo!", pero que nadie se atreva a juzgar a la que deja a su hijo delante de la televisión ocho horas seguidas, a la que se desentiende de su hijo en el parque, a la que enseña a su hijo a ser un caradura, a la que aplaude cuando su hijo hace daño a los demás, a la que presume de la agresividad y malicia de su hijo, o a la que le apunta a todas las actividades extraescolares posibles (en contra de los deseos del niño) para tener tiempo libre. Eso sólo son distintas "maneras de educar", todas lícitas, y todas permitidas, y nadie tiene derecho a decir nada en contra, so riesgo de quedar como un intolerante (y esto, en nuestra sociedad, ya sabéis que es lo peor que uno puede ser).
Me indigna la gente que cree conocer a tus hijos mejor que tú, que cree saber qué es lo que mejor les conviene y cuál es la mejor manera de tratarles. Gente que no duda en contradecirte de obra o de palabra, gente que contraviene tus deseos y tus indicaciones, gente que parece olvidarse de quiénes son los padres.
Me indignan tantas y tantas cosas, que podría escribir una docena de posts sobre ello; pero para resumir sólo diré que, en definitiva, me indigna todo aquello que hace daño a mis hijos en particular, y a los niños en general, y me indigna todo aquello que contribuye a que nuestra sociedad esté cada vez más enferma, confundida y podrida.
Me indigna la tan manida frase todos los padres quieren lo mejor para sus hijos, y el hecho de que esta sentencia justifique cualquier comportamiento de esos padres, legitimado además, por los principios de libertad, tolerancia y respeto. Son los famosos "yo educo a mi hijo como me da la gana", y "nadie me dice cómo educar a mi hijo". El único límite parece ser el maltrato físico, ahí sí se puede juzgar, acusar y condenar, "¡Mira qué mala madre, que le ha dado un cachete a su hijo!", pero que nadie se atreva a juzgar a la que deja a su hijo delante de la televisión ocho horas seguidas, a la que se desentiende de su hijo en el parque, a la que enseña a su hijo a ser un caradura, a la que aplaude cuando su hijo hace daño a los demás, a la que presume de la agresividad y malicia de su hijo, o a la que le apunta a todas las actividades extraescolares posibles (en contra de los deseos del niño) para tener tiempo libre. Eso sólo son distintas "maneras de educar", todas lícitas, y todas permitidas, y nadie tiene derecho a decir nada en contra, so riesgo de quedar como un intolerante (y esto, en nuestra sociedad, ya sabéis que es lo peor que uno puede ser).
Me indigna la gente que cree conocer a tus hijos mejor que tú, que cree saber qué es lo que mejor les conviene y cuál es la mejor manera de tratarles. Gente que no duda en contradecirte de obra o de palabra, gente que contraviene tus deseos y tus indicaciones, gente que parece olvidarse de quiénes son los padres.
Me indignan tantas y tantas cosas, que podría escribir una docena de posts sobre ello; pero para resumir sólo diré que, en definitiva, me indigna todo aquello que hace daño a mis hijos en particular, y a los niños en general, y me indigna todo aquello que contribuye a que nuestra sociedad esté cada vez más enferma, confundida y podrida.









