sábado, 11 de agosto de 2012

PAPÁ CUMPLE AÑOS


DE CÓMO UN PADRE SE CONVIRTIÓ EN EL MEJOR PADRE


El mejor padre no es el que más dinero lleva a casa; sino el que más amor aporta al hogar.
El mejor padre no es el que tiene el puesto de trabajo más importante y de más responsabilidad; sino el que sabe que su familia es su principal responsabilidad y por eso es más importante que su trabajo.
El mejor padre no es el que tiene el coche full equip, último modelo y siempre impoluto; sino el que tiene el coche siempre disponible para llevar a su familia a donde haga falta.
El mejor padre no es el que más grita, ni el que más broncas echa a su hijo, sino el que más habla con él y le escucha.
El mejor padre no es el que más regalos le compra a su hijo por su cumpleaños y por Navidad; sino el que está todos y cada uno de los días del año disponible para él, regalándole sin escatimar su tiempo y su atención.
El mejor padre no es el que más miedo infunde en su hijo; sino el que más respeto inspira.
El mejor padre no es el que más levanta la mano; sino el que más extiende los brazos.
El mejor padre no es el que colma a su hijo de promesas y promesas para el futuro; sino el que cumple su palabra.
El mejor padre no es el que vuelca todos sus anhelos y esperanzas frustradas en su hijo para que él los cumpla; sino el que apoya los sueños propios de su hijo y espera que se hagan realidad.
El mejor padre no es el que quiere que su hijo tenga todo lo que él no tuvo; sino el que quiere que su hijo tenga lo suficiente para ser feliz.
El mejor padre no es el que aspira que su hijo sea una persona importante; sino el que aspira que su hijo sea una buena persona.
El mejor padre no es el que deja la herencia más sustanciosa a sus hijos; sino el que les deja el legado de un buen ejemplo.

El mejor padre, mi amor, eres tú. ¡Feliz cumpleaños!


P.S. No te emociones, que nos conocemos...

"CUALQUIERA PUEDE SER PADRE, 
PERO SÓLO UN HOMBRE DE VERDAD PUEDE SER PAPÁ" 
Anónimo

viernes, 10 de agosto de 2012

LOS DIEZ MANDAMIENTOS PARA LOS PADRES DE HOY


LOS PRECEPTOS POR LOS QUE PARECEN REGIRSE MUCHOS PADRES 
QUE ANDAN SUELTOS POR AHÍ




1. Te amarás a ti mismo sobre todas las cosas
2. No te molestará el otro progenitor en vano
3. Santificarás TUS fiestas, TUS vacaciones, y TUS días de asuntos propios
4. Honrarás a Estivill y a Supernanny
5. No colecharás
6. No cometerás actos de amamantamiento
7. No portearás
8. No cantarás nanas ni le mimarás
9. No consentirás que su vida cambie la tuya
10. No descuidarás tu realización personal

«Estos Diez Mandamientos se encierran en dos; te amarás a ti sobre todas las cosas y a tus hijos mientras no interfieran demasiado en tu vida.”



"EL EGOÍSTA SE AMA A SÍ MISMO SIN RIVALES"
CICERÓN

jueves, 9 de agosto de 2012

DIOS ME GUARDE DE LA GUARDE

DE LO HARTITA QUE ESTOY DE QUE INTENTEN VENDERNOS ALGO 
COMO LO QUE NO ES



"¡Pero cómo! ¿No va a la guardería?" Los ojos de tu interlocutor se clavan en ti, a medio camino entre la incredulidad y la indignación. Te escrutan con minuciosidad, intentando averiguar qué clase de madre extraterrestre eres, que no lleva a su pequeño a una guardería.
"Pues no... se queda en casa... conmigo", respondes titubeante y a media voz, no sea que ante tal escabrosa confesión aparezcan de repente los servicios sociales y te retiren la custodia del niño.
"Ah, claro. No trabajas", te replica mientras percibes en su mirada acusatoria el inconfundible brillo del desprecio. Y antes de que te dé tiempo a abrir la boca para aclarar esa cuestión, la otra vuelve a la carga: "No, si ya se ve lo enmadrado que está. Lo va a pasar faaaatal en el colegio". Y así, con predicción del futuro incluida y gratis, al fin se marcha, no sin antes recordarte las verdades universalmente reconocidas de que en la guardería los niños salen muuucho más espabilados, muuuucho más sociables, aprenden a compartir y les enseñan muchííísimas cosas. 
Y se va, y te quedas con una media sonrisa en los labios, pues sabes que a tu hijo a espabilado no hay quien le gane, que es más sociable que un relaciones públicas, que comparte -de verdad- en casa con sus hermanos, y que nada, NADA de lo que allí le enseñen tendrá tanto valor como lo que tú le puedas transmitir diariamente, con tus palabras, tu ejemplo, tu tiempo, tu atención y tu amor.

¿PARA QUÉ VALE UNA GUARDERÍA?
Recuerdo que hace algunos años la excusa para dejar al niño en una guardería era aquello de "aprender a compartir", y sí, me ha quedado muy clarito qué bien han aprendido esos niños a compartir... lo de otros, que no lo suyo. 
Ahora la excusa es lo de que se espabilan, se socializan, y aprenden muchas cosas. Por favor, que un niño sea espabilado y sociable depende en gran medida del carácter del propio niño. ¿Acaso no conocéis a niños de guardería totalmente huraños y antisociales? ¿O no existen niños -como mi segundo hijo- absolutamente extrovertidos y sociables, que no han puesto un pie fuera de su casa? ¿Y aprender cosas? ¿Es que les enseñan raíces cuadradas y las declinaciones de Latín? ¿A saber decir "hello" y "bye bye" ya se le llama saber Inglés? ¿A garabatear un papel se le llama saber pintar? ¿Y eso no lo podían aprender en casa?

¿NECESARIAS PARA LOS NIÑOS O PARA LOS PADRES?
Respeto mucho el trabajo de los profesionales que trabajan en las guarderías, pero me indigna que se considere el ir a una guardería poco más que vital para la formación académica y la maduración personal de los niños. 
Las guarderías, en mi opinión, son para lo que son: un lugar donde puedan hacerse cargo de niños menores de tres años, un determinado número de horas, porque sus familias no pueden; pero en ningún caso las considero el lugar idóneo para que esos niños pasen allí todo el día, casi toda la semana. 
¿De verdad alguien cree que un bebé de cinco meses está bien en una guardería? ¿Qué van a hacer con él? Pues sin entrar en deleznables (pero reales) casos de administración de fármacos para adormilarlo y que no moleste, lo tendrán en una habitación, en una cuna, con otra media docena (o más) de bebés, cerrarán la puerta, y ¡hala!, a vigilar a los niños mayores, no sea que se líen a mordiscos, o se peguen demasiado, o se nos ahoguen en la piscina (como lamentablemente ha pasado no hace mucho).

EL ÚLTIMO RECURSO
A mi modo de ver la guardería es, ni más ni menos, el último recurso al que acudir cuando nadie capacitado (llámese padre, madre, abuelo, abuela, tío o tía) puede atender a un niño como se merece. 
Los bebés y los niños pequeños no necesitan una guardería, necesitan un hogar. 
Así que si algún día tengo que meter a mi hijo pequeño en una guardería (Dios no lo permita) será porque no me queda más remedio, y no porque allí vaya a aprender mucho, ni le vayan a EDUCAR, ni le vayan a hacer más espabilado y sociable.


"¿Cómo es que, siendo tan inteligentes los niños, 
son tan estúpidos la mayor parte de los hombres? 
Debe ser fruto de la educación." 
Alejandro Dumas

martes, 31 de julio de 2012

RECORDANDO EL PARTO: LA MÁQUINA DIABÓLICA

DE CÓMO EL FUTURO PADRE IBA CANTANDO LAS CONTRACCIONES


De mis tres partos, el peor fue, sin duda y con diferencia, el primero. 
Vaya por delante que, gracias a Dios, los tres han sido francamente buenos; pero, analizando y comparando mis experiencias en este campo, me reafirmo en que los peores tragos los pasé al dar a luz a mi primogénito. 
Casi seis años después, alguno de esos episodios los recordamos mi marido y yo entre risas, pero en su momento ¡maldita la gracia que me hizo!
Supongo que muchos habréis reconocido el aparatejo infernal que ilustra esta entrada. Sí, es el monitor que registra las contracciones de la parturienta (en aquella ocasión, servidora), y el futuro padre no tuvo nada mejor que hacer que sacarle una foto al dichoso artefacto. Pero no se conformó con eso, no. Ahí se pone el hombre a "cantar" las contracciones como los niños de San Ildefonso con la lotería de Navidad: "¡Ahora viene una gorda!", me previene, como si yo ya no la hubiera notado (y sufrido). 
Supongo que estaba tan perdido, nervioso y asustado como yo, o puede que más, porque en una de estas que intentó calmar mi dolor acariciándome (no recuerdo si la espalda, o la cabeza, o el brazo) descubrió cómo me transformaba en una Furia al grito de "¡¡¡NO ME TOQUEEEEEEES!!!" A esto siguió un arrebato de ira y rabia pre-parto: "¡¡¡No vuelvo a tener otro en la vida!!! ¡¡¡¡Me mueeero!!!! ¡¡¡Que me pongan la epidural YAAAAA!!! 
Quedaría muy bien que dijera que me levanté de la cama arrancándome las correas del monitor, y la vía con la oxitocina sintética, que me opuse al rasurado y reduje a la que vino con el enema, que le rompí los dedos a la que hacía los tactos, que destrocé el monitor y le hice una llave de judo a la que intentó practicar la episiotomía. Pero estaba tan paralizada por el dolor, y la incertidumbre, y el no saber lo que era normal o no, que no hice nada de eso. Me dejé llevar y me dejé hacer, deseando que todo aquello acabase cuanto antes. 
Y todo acabó pronto (más o menos ocho horas desde el ingreso), y todo acabó bien. 

Afortunadamente, las cosas en el Hospital Materno-Infantil donde nacieron mis niños han cambiado muchísimo -para bien. Pero de eso ya os hablaré otro día.


"El mundo exige resultados. No le cuentes a otros tus dolores del parto. 
Muéstrales al niño."
Indira Ghandi

jueves, 26 de julio de 2012

TENGO UN CAMINANTE EN CASA

SOBRE LA INFLUENCIA PERNICIOSA DE LA TELEVISIÓN EN LOS ADULTOS


¿Quién me mandaría ponerme a ver una serie de zombies? En The Walking Dead les llaman “caminantes”. Y claro, con lo aprensiva que soy, no tardé en creer que en mi casa se escondía una de esas criaturas. El fruto de mi imaginación pronto se hizo realidad, y a los pocos días pude constatar la presencia de un caminante bajo mi propio techo.
Pero tranquilos, no se trataba de un muerto viviente putrefacto y repulsivo como los de la tele, sino todo lo contrario, era nuestro adorable y hermoso bebé de poco más de un año, que comenzaba a dar sus primeros pasos.
Me perseguía a todas horas, por todas las habitaciones, atraído sin duda por el olor de la carne fresca… o más bien de la leche tibia.
Se movía con pasos vacilantes e inseguros, avanzando lentamente, con los brazos extendidos, al tiempo que balbuceaba con insistencia “te… ta… te… ta…”.
Y me dejé atrapar, y el caminante me dedicó una de sus más dulces sonrisas mientras yo le cogía en brazos, lo tumbaba en mi regazo, y le daba su preciado alimento.

“Dadme una teta, y moveré el mundo”
Arquímedes cuando era lactante

lunes, 23 de julio de 2012

GUÍA DE COMPRAS INÚTILES DE PADRES PRIMERIZOS (I): LA HABITACIÓN DEL BEBÉ


 DE CÓMO A VECES NOS CEGAMOS A LA HORA DE COMPRAR PARA NUESTROS PEQUES


Inmersos en el embarazo, la inminente llegada del primer hijo despierta todo tipo de emociones, expectativas y esperanzas; y en un plano más materialista, dispara de una forma bestial la fiebre del consumismo.
Nuestro primer embarazo coincidió con una época de cierta bonanza económica (dos sueldos, pocos gastos, algunos ahorrillos…), y con la ilusión (¿o la presión?) de que “al peque no puede faltarle de nada” allá nos embarcamos, ingenuos de nosotros, (por no decir pardillos) en la aventura de preparar la habitación del bebé.
En nuestro descargo diré que obramos movidos por la inexperiencia, y también por las malas influencias de algunas revistas de bebés, y el ejemplo de otros padres en teoría más experimentados que nosotros.
Todos coincidían en lo mismo: el bebé tiene que tener su propia habitación, equipada hasta el último detalle, claro. Con su cuna y su mini-cuna, con sus correspondientes (y coordinados) juegos de sábanas, mantas y chichoneras; su cambiador, su bañerita, su armario, su lamparita, su cuadro, su no sé qué y su no sé cuánto. Las tiendas de puericultura no ayudaban, sino todo lo contrario, te hacían ver la necesidad imperiosa de tal o cual accesorio (el percherito a juego, la pañalera de diseño, y el caballito de madera vintage…), y te convencían de lo indispensable –incluso vital- que era adquirir el termómetro digital para la bañera, el móvil para la cuna con luz y sonido, y el, por supuesto, fundamentalísimo vigila bebés con receptor de audio y cámara de vídeo integrada.
Como el dinerito no crece en los árboles, la mitad de estos necesarios objetos quedaron en el establecimiento; y como IKEA aún no había abierto en nuestra ciudad, acabamos comprando en Toys’r’us una cuna convertible en camita, con armario y cambiador a juego.
¡Craso error! En contadas ocasiones estos muebles, salvo el armario, se han utilizado para lo que se supone que sirven. De esto ya os hablaré detalladamente en otro momento.
Lo que quiero dejar hoy con vosotros es una recomendación: antes de lanzaros a equipar la habitación del bebé, usad la cabecita. No hagáis como nosotros, no os ceguéis, y no os dejéis influenciar.
Canalizad vuestra ilusión en otra cosa más útil.
Pensad y sopesad si realmente en esa habitación va a dormir el bebé, si de verdad lo vais a bañar ahí, y si pasará en ella la mayor parte del día. Quizá no os compense el gasto –y el esfuerzo- de preparar una habitación y equiparla como en los catálogos de las tiendas. Cuando el niño crezca y decida tener su propia habitación, quizá no le gusten las paredes pintadas de azul bebé, ni el dosel de la cama, ni la lámpara de ositos, ni los adornos infantiles.
Y habrá que decorarla de nuevo, esta vez a gusto del usuario. 

"Bienaventurado el que tiene talento y dinero, porque empleará bien este último"
Menandro

miércoles, 18 de julio de 2012

CAMBIANDO PAÑALES DESDE OCTUBRE DE 2006


DE CUÁNTO ME REÍ CUANDO ME LLAMARON MADRE EXPERTA


Hace quince meses, más o menos, llevamos a nuestro tercer hijo a la matrona, al centro de salud, a que le hiciera las pruebas metabólicas (el pinchazo en el talón). Para ello me pidieron que lo pusiera al pecho (por lo de la “tetanestesia”, que le llaman). Y entonces la matrona se dirigió a las dos estudiantes (o matronas en prácticas, supongo) que estaban con ella, y habló en plan documental de David Attenborough: “observad cómo la madre coge al bebé en los brazos, girándolo contra su cuerpo, barriga con barriga, permitiendo así al bebé mamar en una posición correcta. Se nota que es una madre experta.” Bueno, no recuerdo las palabras exactas, pero sí recuerdo que me reí un poco en la consulta, y mucho al llegar a casa. ¿Madre experta? ¿Dónde?
Tres embarazos, tres partos y tres bebés, evidentemente convierten a cualquiera en madre “experimentada”, pero de ahí a “experta”… Y no lo digo por falsa modestia, ni mucho menos, pero os aseguro que esos tópicos de “cada embarazo es único” y “cada niño es un mundo” son absolutamente ciertos.
Si alguna vez me creí experta en algo, ahí llegó el tercer bebé, con su galactorrea, con un ombligo que hubo que “quemar”, con un oído supurante… cosas a las que no me había enfrentado nunca, y ante las que estaba totalmente pez. Era el tercero, y me sentía como una madre primeriza.
Así que aquí de expertos nada, que ya el mundo anda lleno (¡y sobrado!) de ellos.
Por lo tanto, con este blog no pretendo andar dando consejos como si yo fuera un pozo de sabiduría. Tan sólo quiero compartir mis experiencias, mis andanzas, mis aventuras y desventuras, con el deseo de poder ser de utilidad a alguien, como otros lo han sido –y lo son- para mí.

"Nada que valga la pena se puede enseñar" 
Oscar Wilde

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