miércoles, 23 de enero de 2013

¿QUEREMOS NIÑOS BUENOS?

SOBRE EL OCASO DE LA BONDAD

galeria.dibujos.net

bueno.
(Del lat. bonus).
1. adj. Que tiene bondad en su género.
2. adj. Útil y a propósito para algo.
3. adj. Gustoso, apetecible, agradable, divertido.
4. adj. grande (que supera a lo común). 
 5. adj. sano.
6. adj. irón. Dicho de una persona: Simple, bonachona o chocante. 
 7. adj. Dicho de una cosa: No deteriorada y que puede servir. 
 8. adj. Bastante, suficiente.

bondad.
(Del lat. bonĭtas, -ātis).
1. f. Cualidad de bueno.
2. f. Natural inclinación a hacer el bien.
3. f. Acción buena. 
4. f. Blandura y apacibilidad de genio.
5. f. Amabilidad de una persona respecto a otra. U. como fórmula de cortesía. 

Hace poco dejamos atrás la Navidad, esa época del año en la que muchos adultos sufren el “Síndrome de E.T.”, pues andan repitiendo a todo cuanto niño (propio o ajeno) se cruza en su camino aquello de “sed buenos” (otros lo llaman el “chantaje navideño”: si no eres bueno, no hay regalos).
Pues bien, he de decir que ¡¡¡es mentira!!! Me atrevo a afirmar que la mayoría de padres (al menos los que yo conozco y veo), por mucho que lo digan y lo repitan, NO QUIEREN HIJOS BUENOS. Lo que quieren son niños QUE SE PORTEN “BIEN” (que es una cosa muy distinta), es decir, que entren por el aro de lo socialmente esperado y aceptado: que se coman todo lo que les pongan delante, que no se muevan de la mesa, que se estén quietos en la fila, que no interrumpan cuando hablan los mayores, que no hagan ruido, que duerman solos y del tirón, que no rompan los libros ni los juguetes, que no manchen la ropa, que dejen el pañal de inmediato, que sean autónomos lo antes posible, que obedezcan sin rechistar, a los que se les pueda llevar a cualquier parte de lo “bien educados” que están, y que destaquen en todas las actividades académicas, deportivas y artísticas en las que les apunten. En resumen, hijos que NO MOLESTEN A LOS PADRES y que LES DEJEN QUEDAR EN BUEN LUGAR (una especie de niños-trofeo a los que poder exhibir).
Pero no les preocupa en absoluto que sus hijos tengan bondad (primera acepción de la palabra), pues todo el mundo sabe que, en nuestra sociedad, ser bueno significa directamente ser tonto (acepción número seis). ¿Y alguien quiere que su niño sea tonto? ¡Ni mucho menos!

El mundo (menores de edad incluidos) se divide en listos y tontos, espabilados y lentos, los que sólo van a lo suyo y los que se preocupan por los demás, ganadores y perdedores, abusones y abusados.
La vieja dicotomía bueno-malo ya no está de moda, forma parte de ese pasado idílico que reflejan algunas películas, como las de caballeros, vaqueros o espadachines, donde la distinción entre el bien y el mal estaba clara, donde el honor y la lealtad lo eran todo, donde el valor de una promesa o de la palabra dada era superior incluso a la ley.
¿Y ahora? Ahora todo el mundo se llena la boca con las modernas estupideces de “todo es relativo”, “hay muchos grises”, y “no todo es blanco o negro”, para así poder justificar a quien convenga cuando interese. Ahora lo fácil, lo cómodo, lo que sale gratis, es hacer el mal, mentir, engañar, incumplir, manipular, abusar y aprovecharse de los demás (siempre procurando que no te pillen, claro). Porque nos creemos superiores a las leyes divinas, hemos inventado nuestro propio código moral (“todo es bueno, siempre y cuando me beneficie a mí”), y las leyes del estado, como es bien sabido, están para burlarlas y trampearlas. Y esto es lo que muchos, consciente o inconscientemente, enseñan a sus hijos. Y vaya si lo aprenden.
Miro a mi alrededor y cada vez veo más niños con un pequeño, incipiente y preocupante grado de maldad (por supuesto que no hablo de bebés ni niños chiquitines, qué van a saber ellos que pegar es malo, o que no se debe escupir, o que está feo insultar a alguien). Hablo de niños a partir de 4-5 años que insultan con la peor de las intenciones, que sueltan el comentario ocurrente y gracioso para herir al débil y hacer reír a los demás, que dejan de lado a otros y los marginan, que humillan y se burlan del resto, egoístas e interesados a más no poder, que se aprovechan de quien sea para su propio beneficio, que son incapaces de mostrar compasión, solidaridad o empatía por alguien que está sufriendo, que hacen daño a propósito sin reparar ni por un segundo en las consecuencias. Niños criados bajo las leyes del “¿Y qué?”, del “Yo soy así” y del “A mí que me importan los demás”.

“Todos los niños son así”, dicen unos; “Es que los niños son malos y muy crueles”, dicen otros; “Son cosas de niños, no hay que tomarlas en cuenta”, dicen los demás. Y NO ES VERDAD.
Para empezar, no todos los niños son así. Claro que hay niños buenos, que precisamente no tienen por qué ser los que “mejor se portan” a ojos de los demás, ni los que más llaman la atención.
Tampoco los niños per se “son malos y crueles”, sino que son, en gran medida, como les enseñan a ser (más con los ejemplos que con las palabras, claro).
Y no son “cosas de niños”, sin importancia, sino “cosas de padres”, muy graves. Padres más preocupados por el rendimiento escolar de sus hijos que por su enriquecimiento y su formación como personas. Padres orgullosos de que sus hijos sean huraños y ariscos (“A ver si te crees que te lo vas a ganar tan fácilmente, a mi hijo no le saca cualquiera una sonrisa, menudo es él”), orgullosos de que sean respondones y agresivos (“Es que mi hijo tiene un temperamento…”), maliciosos y manipuladores (“Pero qué listo es mi niño”). Padres que confunden la desenvoltura con la mala educación, la familiaridad con la cara dura, y la inteligencia con la maldad. Padres que consideran la bondad una tontería, la amabilidad una artimaña (“Me ha dicho un piropo, este niño me quiere pedir algo”), mostrar los sentimientos una debilidad (“Déjate de besos y abrazos/déjate de llorar, que pareces un bebé”) y el buen carácter una tara (“¿Y cómo no le pegaste tú también? ¿Es que eres tonto?”). Padres con la política de no intervenir en los conflictos de sus niños (“Que espabile y lo arreglen entre ellos”). Padres más interesados en saturar a sus hijos con actividades extraescolares que en cultivar en el hogar un clima de amor, respeto y confianza entre padres, hijos y hermanos (si los hubiera).

Entonces, qué esperar de unos padres y una sociedad en la que se ensalzan los comportamientos negativos de un niño:
-“Fíjate en mi hijo” -gesto de orgullo- “Qué espabilado y qué listo es, que cogió la pelota del otro niño, le empujó y le dejó llorando. Es que tiene un carácter…, ja, ja.”
Qué esperar de unos padres y una sociedad que considera “anormal” que un niño sea bueno:
-“Uuuuy” -mueca de preocupación- “Tu hijo es demasiado bueno, lo va a pasar muy mal en la vida, tienes que espabilarlo, ¿eh?, sino todos le van a mear en la cabeza.”
Algo va mal en la sociedad cuando ser “demasiado bueno” se considera un defecto, mientras que ser un pequeño cabroncete (con perdón) es positivo, sinónimo de inteligencia y muestra de carácter (claro, de un carácter nefasto e indeseable, el día que te la haga a ti a ver si te parece tan admirable), algo que se aplaude, se alienta y se fomenta. Porque así nadie se va a meter con mi niño, así nadie va a poder con él, así se va a dar a respetar, así va a triunfar en la vida (a costa de qué, eso no importa).

Luego nos tiramos de los pelos ante los jóvenes y los adultos apáticos, insensibles, insolidarios, o directamente malas personas, perversos, indeseables, canallas. Ahí sí que no les reímos las gracias: “Qué espabilado y qué listo es, que vio al otro ahogándose en el río y no se acercó por si se mojaba la ropa”, “Es que robó todo el dinero de la empresa y dejó a veinte familias en la calle, ja, ja, es que tiene un carácter…”

No sé los demás, pero yo, desde luego, quiero que mis niños sean felices (como reza el nombre de este blog) y que sean, por supuesto, niños (y el día de mañana hombres) buenos. De bondad, y de verdad.

lunes, 21 de enero de 2013

¡DELINCUENTE TÚ!

DE CÓMO SE HA DESCUBIERTO QUIÉN ES EL VERDADERO DELINCUENTE

Imagen: http://lasraroper.blogspot.com.es/2007/09/la-mscara.html

-Hola, mamá. Que sepas que estamos muy disgustados con esas acusaciones que vertiste contra nuestras personas en tu espacio blogueril. Menos mal que el jurado popular nos absolvió de todos los cargos, que si no... 
También han intentado acusarnos de acoso perruno y gatuno (tía, sabemos que has sido tú) cuando es el perro el que nos acosa a nosotros. ¿Y el minino? ¿Qué culpa tenemos de que sea tan sumamente arisco? Haberlo educado bien, probad con el método Estivill, que seguro que os funciona.
Hasta nuestro propio padre ha dejado caer acusaciones de ocupación ilegítima de la cama matrimonial, y de expropiación, y de destierro... no conseguirá cargarnos ese mochuelo, nosotros no somos okupas ni expropiadores, sino propietarios legítimos de 1/5 de ese habitáculo.
En cuanto a los cargos presentados por nuestra madre, ¿qué es eso de magdalenismo? Si analizáramos todas las migas del suelo de casa, seguro que encontraríamos que más de una  (y de dos) pertenece a nuestros progenitores. ¿O acaso vosotros no coméis?
¿Y conducción temeraria? Sí, claro, va a hablar la que tiene carnet de conducir desde hace más de 10 años (nadie se explica por qué tiraste el dinero renovándolo, y tampoco nadie se explica todavía cómo lo pudiste sacar) pero ni conduce ni tiene la menor idea de cómo hacerlo. Y viendo cómo manejas la sillita del pequeño (haciendo eses, atropellando al prójimo y chocando a diestra y a siniestra), de corazón te lo agradecemos.
¿Asociación de malhechores? ¡Quién fue a hablar! ¿Qué es eso de juntarse y alternar con gente conductista, intransigente, anti-teta, anti-colecho, pro-tiempo de calidad... ¿y si se te pega algo? ¿no lo has pensado? ¡Inconsciente!
¿Exhibicionismo? Pero si tú andas todo el día con la teta fuera, que ya no se sabe si eres una actriz del destape escapando de Alfredo Landa, o la tipa del cuadro de "La libertad guiando al pueblo".---------------------------->
¿Escándalo público? Suponemos que te refieres al que montas tú cuando intentas reprimir nuestros naturales instintos de exploración, comunicación y divertimento. A tu lado, toda nuestra supuesta contaminación acústica se queda en un leve susurro.
¿Y eso de sabotaje? ¿Quién sabotea para no dejarnos ver dibujos animados a todas horas, y para no dejarnos escuchar nuestras canciones en el coche?
¿Y qué decir del resto? Hurto, bioterrorismo... a saber lo que harías tú cuando tenías nuestra edad. Así que nosotros de delincuentes, nada. 

-Tenéis razón, hijos míos, aquí la única delincuente... soy yo!

viernes, 18 de enero de 2013

MIS HIJOS SON UNOS DELINCUENTES


SOBRE LA CONDUCTA DELICTIVA DE MIS VÁSTAGOS


Imagen: canonistas.com
Comparecen ante este tribunal los acusados: 
-El Mayor (alias conocidos: "Mr. Brown", "El Seductor", "Piquito de oro") 
-El Mediano (alias conocidos: "Mr. Green", "El Melenas", "Cara bonita")  
-El Pequeño (alias conocidos: "Mr. Blue", "Ricitos de Oro", "El Angelito")

Están imputados en varios delitos de:

Magdalenismo: se les acusa de ir sembrando migas y trozos de magdalenas, galletas, pan y otros alimentos de similares características por toda la casa, siguiendo el recorrido previamente efectuado por la aspiradora. 
Conducción temeraria: se les acusa de conducir de manera imprudente los mini-carritos y los cestos con ruedas de los supermercados, llenándolos asimismo de productos que no figuraban en la lista de la compra. Si bien no ha habido que lamentar ningún tipo de daño material ni personal, los acusados se han convertido en personas non gratas en diversos establecimientos de la ciudad, al protagonizar embestidas, choques y atropellos. Asimismo se considera probada su participación en varias carreras clandestinas. 
Asociación de malhechores: se les acusa de seguir todos los malos ejemplos de sus primos mayores, así como de otros amigos de clase y niños mandones en general.
Exhibicionismo: se les acusa de andar mostrando deliberadamente sus cuerpos en paños menores (o sin paño alguno) en cualquier momento o lugar.
Escándalo público: se les acusa de andar perturbando la paz y el buen orden en diferentes reuniones de índole pública o privada, de carácter familiar, oficial o religioso,  dificultando o impidiendo el correcto desarrollo de las mismas.
Contaminación acústica: se les acusa de producir efectos negativos sobre la salud auditiva, física y mental de todos cuantos estén en su radio de acción, valiéndose de sus voces y gargantas, así como de juguetes (con y sin pilas) y cualquier otro utensilio susceptible de ser aporreado, golpeado o lanzado.
Sabotaje: se les acusa de interferir en el buen funcionamiento del hogar, dejando los teléfonos descolgados para así cortar las comunicaciones y contribuir al aislamiento del mundo exterior.
Hurto: se les acusa de entrar en los establecimientos de venta de chucherías a granel y hacerse, mediante el uso de la no-violencia, el no-disimulo, pero sí una rapidez asombrosa, con un botín para su consumo inmediato. La mala fortuna (o un castigo divino) quiso que en el transcurso del golpe uno de los imputados casi se asfixiara con uno de los productos afanados (a saber, una gominola tamaño XL), por lo que este cargo se retira al considerarse pagada la condena.
Bioterrorismo: se les acusa de la expulsión y emisión de distintas sustancias líquidas, sólidas y gaseosas, altamente nocivas y dañinas para el ser humano, alegando la falta de proximidad de un cuarto de baño, o en su defecto, una bacenilla.
¿Cómo se declaran los acusados?
-¡Inocentes! ¡Inocentes! 

lunes, 14 de enero de 2013

EL MEDIANO CUMPLE CUATRO AÑOS

SOBRE LO MUCHO QUE NOS ENSEÑAN NUESTROS HIJOS

¡Cuántas veces, en estos días pasados, tuve intención de ponerme al día con el blog! Tenía tantas ideas, tanto que decir y compartir sobre nuestras navidades, nuestras idas y venidas, el trasiego, el continuo trasnochar, el descontrol horario, la uva que el mayor dejó tras las campanadas, la invasión juguetil que casi nos hace plantearnos una mudanza, la sorpresa del roscón que sólo tardó dos horas en romper, la cabalgata de Reyes que no todos pudimos ver... ¡Tantas y tantas cosas! Pero el mundo no se detiene para que yo pueda teclear en el ordenador, y las cosas no se hacen solas, y el tiempo es limitado y escaso. Así que las palabras quedaron sin escribir, y los días fueron pasando, y hete aquí que hoy nuestro hijo mediano cumple cuatro años. Así que guardaré los temas navideños para otra ocasión, porque ¿qué mejor manera de empezar los posts de este año que con uno dedicado al segundo de mis niños?
Es un terremoto de ojos verdes y rizos salvajes. De carita risueña y espíritu libre. Pura alegría, pura energía, y pura bondad. Travieso y traste, como todos los niños; encantador y adorable, como pocos.
En estos cuatro años nos ha enseñado muchas cosas: que se puede ser un torete indomable y míster simpatía al mismo tiempo. Tener poca delicadeza, y derrochar encanto a raudales. 
Que se puede correr hacia adelante mirando hacia atrás, o hacia arriba, sin caerse y tropezando pocas veces, sin dejar de sacudir su melena, "porque yo lo valgo". 
Que se puede ir por la calle diciendo "¡hola!" a todo hijo de vecino, extraño o conocido, arrancando casi siempre una sonrisa y un saludo ante la efusividad de un gesto tan espontáneo como inesperado, tan improcedente como agradecido. 
Nos ha enseñado que da igual que sea un niño que hable como un niño, se comporte como un niño, y vista como un niño (nada de flores, ni estampados, ni pantalones cortos, ni medias ni pompones). Por muchos McQueenes, coches o dinosaurios que lleve (en la ropa o en la mano), siempre habrá quien lo tome por una niña, quien le mire las orejas a ver si lleva pendientes, y quien le diga lo guapa que es. 
Nos ha enseñado que no pasa nada por ser extrovertido, sociable y sincero, y que es bueno no tener vergüenza, ni prejuicios, ni malicia. Nos ha enseñado muchas cosas, y sé que lo seguirá haciendo.
Pero lo más importante que nos ha enseñado, y lo ha hecho desde el día en que nació, es que el amor de una madre (y de un padre, por supuesto) no se divide entre sus hijos, sino que se multiplica por cada uno de ellos*. 
¡Muchas gracias y feliz cumpleaños, muñeco!


*Esta frase no es mía, la leí por primera vez en un artículo de Laura Gutman, ya hace algunos años, y me encantó.


viernes, 21 de diciembre de 2012

SALUDOS, TERRÍCOLAS


SOBRE MIS INCIPIENTES SOSPECHAS DE QUE NO SOMOS DE ESTE PLANETA


Mi auditorio estaba formado por media docena de niños entre 9 y 13 años, y sin saber cómo, nuestra conversación derivó al hecho de que en casa no teníamos ninguna consola. Sus pequeñas bocas se abrieron -literalmente- una cuarta, y sus miradas eran mitad incredulidad, mitad asombro.
-Pero ¿cómo? ¿No tenéis la wii?
-No, aunque a veces jugamos en casa de mi hermana.
-¿Y la PSP?
-Tampoco.
-¿Y la Nintendo DS? ¿Y videojuegos?- detecto que la tensión va in crescendo.
-Pues no.
-Al menos tendréis ordenador con internet, ¿no?- preguntan con ansiedad.
-Sí… -suspiros de alivio resuenan en el auditorio- pero mis hijos pocas veces juegan con él.
-¿¿¡¡Y con qué juegan entonces!!??- la desazón se apodera nuevamente de ellos- ¿No será… con libros? 
Silencio sepulcral en la sala. Respiraciones contenidas. ¿Libros? ¿Papel? ¿Sin pantallas, ni mandos, ni imágenes en movimiento? ¡Horror! Si al menos fueran e-books…
-Bueno, tienen muchos libros y les gusta mirarlos, sobre todo si son de animales, pero también tienen un montón de juguetes: coches, trenes, pistas, dinosaurios, playmobil, juegos de mesa, pelotas, bloques de construcción, puzzles, etc. etc. etc.
Y ante tal revelación todos me miraron como si yo fuera alguien raro, un ser extraterrestre, venido de otra galaxia para lavar los cerebros de los niños e intentar convencerles de que hay vida más allá de Playstation. O quizá eran miradas de compasión por mis hijos que –pobrecitos ellos- no tienen consolas en casa por culpa de unos padres lunáticos. Porque dónde se ha visto que niños de 6 y (casi) 4 años jueguen con… juguetes!!!

jueves, 20 de diciembre de 2012

FRASES PARA EL OLVIDO O PARA EL RECUERDO: "DORMIR CON LOS HIJOS ES UNA ABERRACIÓN"

DE LAS COSAS QUE NOS PERDEMOS POR NO DORMIR CON NUESTROS NIÑOS

La frase del título me la dedicó una compañera de trabajo (qué tiempos aquellos, cuando trabajaba embarazada de ocho meses y dejaba a mi hijo mayor de dos años en casa de mi madre, ¡ay!, con la mujer de provecho que yo era, y mírame ahora, convertida en madre mantenida y ama de casa ociosa). Decía que me la dedicó una compañera de trabajo, conocedora de nuestra perniciosa costumbre de dormir con nuestro retoño. 
Y a ella le dedico yo este post, para que vea lo que se ha perdido:
-Guerras sin cuartel: por mantener la sábana bajera en su sitio, por la posesión (o no) del edredón y la manta (el "mamá tengo calor" significa que ya nadie puede taparse, y el "mamá tengo frío" implica que todos hemos de asarnos como pollos), por el uso o desuso de la almohada... Tema aparte es la lucha fratricida por estar al lado de mamá: "¿Por qué no te arrimas a papi?", "Porque tú eres más guapa y más calentita" (semejantes argumentos desarman a cualquiera), "Vale, pero no aplastes a tu hermano" (que no argumenta nada, pero ya ha conquistado el sitio que quería.)
-Movimientos sísmicos: no voy a hablar de gases expelidos bajo las sábanas, que una es muy fina para eso, sino del revuelo que se monta cuando de madrugada uno de los niños decide cambiar de postura o de sitio en la cama, arrollando si es preciso al resto de prójimos. Esto explica por qué al día siguiente pueden aparecer con los pies en tu cara, o en diagonal, o en paralelo a la almohada sobre tu cabeza.
-Masaje pedestre: ríete tú de las técnicas milenarias procedentes de Asia, nada comparado con un par de pies menuditos (o más) masajeando delicadamente tu espalda, tus riñones, tu barriga, tu cabeza o lo que se tercie (añádase a esto que la temperatura de dichos pinreles suele oscilar entre 1º y 8º C).
-Hilo musical variado: esa nariz atascada de mocos, esa tos perruna, ese sutil ronquidito infantil...
-Compartir los sueños de tus hijos: alegrarse con sus carcajadas o consolar rápidamente sus llantos cuando ríen o lloran en sueños.
-Oír voces: escuchar sus frases, casi siempre sin sentido, mientras hablan en sueños. El resto de la noche se pasa en vela meditando sobre el significado, contenido y análisis morfosintáctico de aquello, no vaya  a ser que se trate de un mensaje del más allá, o de un trauma oculto del más acá.  
-Comprobar de primera mano cuánta verdad encierra el clásico refrán "el que con niños se acuesta, mojado se levanta" (o con el pijama lleno de sus babas y mocos. Del vómito ya no hablamos). 
-Paseos nocturnos: "tengo pis" (excursión al cuarto de baño), "tengo sed" (excursión a la cocina si no se ha sido lo suficientemente previsor como para dejar el agua a mano), "tengo mocos" (excursión en busca de un pañuelo si no se quiere acabar como en el punto anterior).
-Confidencias a medianoche: la oscuridad, la cercanía, y el silencio de la noche en ocasiones propician que los niños cuenten aquello que se les olvidó decir durante el día, o que compartan un secreto, o revelen una inquietud o una preocupación: en el cole se rieron de mí, echo de menos al abuelo Manolo en el cielo, no quiero que os muráis nunca...
-Gran colofón: despedirse del marido, que ante la ausencia de espacio físico decide (no sin antes resistir hasta las dos de la madrugada) dormir algo en el sofá o en la cama del niño, entre sábanas de Mickey Mouse, junto al despertador de Bob Esponja y arropado -o acosado- por tres o cuatro peluches gigantes y media docena de figuras de animales o de acción (¡ay! ese triceratops clavándote sus tres cuernos en el riñón tocado del cólico).

Todo esto, sumado a la aparición frecuente y reiterada de tortícolis y contracturas varias, hace que nos acordemos del ínclito Dr. Estivill, y pensemos "qué listo el cabrito, al final lo de "enseñar a dormir" a los bebés y niños era una causa noble, todo por el bienestar de los padres (que eso de pensar primero en los hijos ya está muy desfasado)". 

Y una noche más volvemos a la cama familiar (que no matrimonial), y nos dormimos con una sonrisa y con sus cuerpecitos bien pegados a los nuestros, acariciándoles, respirando su olor, acompañándoles durante la noche, quizá algo incómodos pero felices, acostumbrados todos, cómo no, a esa terrible "aberración".

viernes, 14 de diciembre de 2012

EL ACELERADOR DE PARTÍCULAS

DE CÓMO EL PATERFAMILIAS ES ESPECIALISTA EN ACELERAR 
A LOS INFANTES PROPIOS Y AJENOS


Acelerador de partículas del CERN (abc.es)
Última hora de la tarde. Por enésima vez (y no será la última) intentas retomar, o instaurar esas rutinas que, según los expertos, hacen que los niños se vayan calmando, y acepten de buen grado el irse a la cama: baño caliente y relajante, hora de la cena, hora del cuento y hora de dormir.
Pero lo que los expertos no saben es que, en muchas ocasiones, el baño sí es caliente, pero de relajante tiene poco, sino más bien es del tipo: "¡¡¡no salpiques!!!, ¡mamá, quema!, ¡¡¡no le mees encima a tu hermano!!!, ¡mamá, fría!, ¡¡¡devuélvele ese submarino!!!, ¡el triceratops es mío!, ¡¡¿quién ha metido este muñeco con pilas en la bañera?!!, ¿hoy toca pelo?, ¡¡¡Vaya si toca!!! ¡En los ojos nooo! ¡¡¡No te muevas!!! ¡En las orejas noooo! ¡¡¡Estáte quieto!!! ¡Buaaaa! ¡¡¡Y tú no te bebas el agua!!!".
Los expertos tampoco saben que hay niños que se toman literalmente lo de la hora de la cena, con lo que o les metes un poco de prisa, o reenganchan con el desayuno (del extraño caso del niño que tragaba la tortilla de patatas y masticaba las natillas de chocolate os hablaré otro día).
El caso es que ya has superado las primeras pruebas, están bañados, cenados, y con el pijama puesto, quizá incluso ya has conseguido que estén dentro de la cama, y de repente... aparece él: el paterfamilias, también conocido como "el acelerador de partículas". Tiempo atrás ya había demostrado sus mañas al jugar con el sobrino mayor, para disfrute del enano y desesperación de su madre "¡es que lo aceleras todo! ¡A ver ahora quién lo tranquiliza para dormir!", pero una pensaba que con los hijos actuaría diferente, tendría en cuenta que los niños necesitan dormir y descansar y bla bla bla. Nada más lejos de la realidad. Si incluso el pequeño, cuando tenía poquitos meses, sabía que con papi había marcha y juerga, mientras mami "sólo" daba teta y mimos. 
Así que entra en la habitación, se tumba en la cama, y los tres (oh, qué raro) se abalanzan sobre él. A partir de aquí, risas, gritos, saltos, cosquillas, "arre, caballito", "te tengo prisionero", "vamos a liberarle", sábanas por el aire y edredones por el suelo. Y el reloj que sigue su curso, y los niños que siguen sin dormir, cada vez más despejados y acelerados. Entonces el paterfamilias se da cuenta de la hora que es, y de que el resto de niños de la ciudad hace ya dos horas que duerme, y decide pasar a la fase "hora del cuento", que cómo no, dura literalmente otra hora. Y en el cuento hay dragones, y dinosaurios, y niños exploradores, y risas, y criaturas fantásticas, y chistes, y más risas, y todos despiertos y sin la menor intención de cerrar el ojo. Y toca la fase "hora de dormir", que dura... ¿lo adivináis? Sí, otra horita de "no puedo dormir", "quiero agua", "tengo pis", "tengo calor", etc. etc. etc. El pequeño cae dormido en la teta (uno de tres), al mediano le vence el cansancio y empieza a ronronear bajo la almohada (dos de tres), y el mayor completa su proceso de deceleración con un oportuno masaje en la espalda. Para cuando se duerme, la mamá ya ha empezado a roncar (pleno de cuatro), y el paterfamilias, con medio cuerpo fuera del colchón de 135 cm., se va a ver en la tele algo que no sean dibujos animados, donde urdirá, seguramente, nuevas maneras de acelerar las partículas de sus hijos (y de paso las de su mujer).

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