miércoles, 20 de febrero de 2013

MIENTRAS LA VARA ESTÁ VERDE


SOBRE LA PERRA VIDA DE MUCHOS NIÑOS


Mi hermana y su marido tienen un West Highland White Terrier, uno de esos adorables perritos blancos y pequeños, tan monos y fotogénicos. Se llama Yardi, y es el de las fotos que acompañan este post. Como buen Terrier, es un perro muy activo y muy inteligente, no en vano lo describe la wikipedia con estas palabras: Pese a que la mayoría son de tamaño pequeño, poseen un carácter decidido, enérgico e inquieto, muy apropiado para la caza de ratas y alimañas que fue su principal uso y para lo que fueron seleccionados." Como muchos otros perros pequeños, Yardi es un poco chulito y macarrilla, de los que plantan cara a perracos que les triplican en peso y tamaño (quizá los confundan con una rata grande a la que hay que cazar).
Pues resulta que hace tiempo mi hermana y su consorte decidieron llevarle, siendo aún cachorro, a unas clases de adiestramiento. Allí coincidió con otros perros, uno de ellos creo recordar que era un pitbull, y nuestro héroe canino –por supuesto- no vaciló en enfrentarse a él. Suerte que tenían a la fiera bien amarrada, sino igual se lo merendaba de un bocado, de hecho le propinó a Yardi un amago de mordisco y hasta le arrancó un mechón de pelo :-( Hubo que separar al pitbull del pobre gordiiiii!!! e incluso mi hermana tuvo que meterse en medio de ellos ante la mirada impasible de otros dueños perrunos!

Volviendo al tema, las clases funcionaban en plan refuerzo positivo de la conducta, y con el típico sistema de recompensas inmediatas: premio por aquí, premio por allá, salchichita por aquí, galletita por allá, caricia por aquí, palmadita por allá. También eran importantísimos los comandos, es decir, órdenes claras y breves, dichas con tono firme y enérgico, y en idiomas diversos, como “Sit!” (es decir, que te sientes), “Platz!” (que te eches en el suelo), y “¡Quieto!” (que te estés quieto, claro) entre otras (a diferencia de los humanos, parece que los canes ya nacen sabiendo inglés, alemán y español –¡son trilingües!, qué envidia me dan, los muy perros). El adiestrador les comentaba que lo idóneo, por supuesto, era “educar” a los perros cuanto antes, “mientras la vara está verde”, para así poderla enderezar, supongo.

Y a qué viene todo esto, os preguntaréis. Pues está bien claro, ¿no? Mirando alrededor no resulta difícil reconocer a padres que educan a sus hijos como quien adiestra un cachorro, o qué digo, mucho, ¡muchísimo peor! Los dueños de los perros, por lo general, tienen auténtica devoción y auténtico amor por sus amigos peludos, y ciertamente hay veces que cuesta distinguir ese amor en algunos padres que hacen de todo (bueno y malo) “para educar al niño”. Son padres que piensan que educar es “lograr que el perro niño identifique un comportamiento que nos agrada y lo repita cuando le damos una determinada orden*.” ¿Esto no os recuerda a la Supernanny?
Padres que luego se saltan la segunda parte: “Esto se logra premiando al animal niño cada vez que realice la acción correcta y nunca castigándole cuando no lo haga*.”, porque para eso están la silla o el rincón de pensar, el hacer oídos sordos a sus llantos y el ignorarles totalmente “hasta que nos lo pidan bien”.

Porque al niño también hay que educarle “mientras la vara está verde”, no vaya a ser que tenga un criterio propio, no vaya a ser que difiera de nuestras opiniones, no vaya a ser que no nos obedezca ciegamente y sin razonar. No vaya a ser que se comporte como un niño, en vez de cómo un adulto en pequeño. A ver si se va a creer que se va a salir siempre con la suya. Faltaría más. A comer todo lo del plato aunque lo vomite, a dormir solo en su habitación aunque se muera de miedo y se haga pis encima, a no prestarle atención aunque se deshaga en lágrimas. Si entra por el aro, muy bien, caricia y galletita; y si no, pues a aplicarle el correctivo correspondiente, cuanto más duro mejor, porque así sabrán que con nosotros no se juega, que con nosotros no hay segundas oportunidades, que con nosotros no van a poder.

Así que, visto lo visto, desde aquí propongo la supresión y retirada de todos los programas de televisión, radio, internet, libros, revistas, panfletos y demás material conductista sobre crianza y educación de niños, y su sustitución inmediata por los correspondientes cursos de adiestramiento canino. Que se vaya Supernanny, y que en su lugar pongan al Encantador de Perros. Muchos niños, triste y seguramente, saldrían ganando.

P.S. El perro de mi hermana fue “desescolarizado” prematuramente después de 2 ó 3 meses, y lejos de convertirse en un salvaje o un delincuente perruno, yo lo encuentro el perrito más encantador, educado, y amable del mundo.





*Tomado de http://www.i-perros.com/adiestramiento-perros-general.html

lunes, 18 de febrero de 2013

CRÓNICA DEL CARNAVAL DE VIRUS

DE CÓMO LOS VIRUS HAN ESTADO CAMPANDO POR NUESTRA CASA EN LAS ÚLTIMAS SEMANAS


http://science.howstuffworks.com
Estos últimos quince días los niños han estado pachuchos. No todos al mismo tiempo, claro, sino uno tras otro. Así de ordenados son nuestros hijos. Abrió nuestro particular Festival Carnavalesco de Virus el Mediano, que un lunes decidió que la hora de cenar era un buen momento para vomitar la comida del mediodía. Con esta actitud pasó la noche, y como era de esperar, el martes fue una vomitona continua. El pobre Mediano era un hombre  pegado a una bolsa de plástico (no sin antes haber regado convenientemente el sofá y el foam del suelo), y allí estaba, tirado en el sofá, bien acurrucadito, sin fuerzas siquiera para moverse. El miércoles la cosa mejoró: dejó de vomitar, pero continuó en el sofá, tan apagado, tan débil, sin apetito, subsistiendo con media kritita y un mordisco de plátano ("¡A saber cuántos kilos habrá perdido!", se quejaba algún exagerado). Y el jueves, como por arte de magia, despertó al son de "¡Teno mucho hambre!", y allá se fue corriendo a la cocina a desayunar lo de siempre, como si nunca hubiera pasado nada. Así que el viernes, día de la fiesta de Carnaval en el cole, estaba sano, contento, y dispuesto a ir disfrazado de vaquero. 
La alegría duró poco. A última hora de la tarde, el Mayor empezó a encontrarse mal. Dolor de cabeza, desgana, décimas de fiebre, mocos. No le fue mal la noche, pero se pasó el sábado -cómo no- tirado en el sofá, bien acurrucadito, con ojos llorosos y un grifo por nariz. Eso sí, con su disfraz de vampiro puesto. Por fortuna, no hubo vómitos. El domingo continuó recuperándose, y el lunes, la normalidad volvió a instaurarse en el hogar.
Y claro, el martes de Carnaval, le llegó el turno al que faltaba: el Pequeño. Fiebre alta, irritabilidad, llanto inconsolable, falta de apetito, y mocos. Pasó el día y la noche a base de teta y Dalsy, tirado en el sofá, bien acurrucadito, pero sólo si mami se acurrucaba a su lado. El miércoles remitió la fiebre, y el jueves ya sólo había mocos.
Así que estas fueron nuestras vacaciones de Carnaval, un mezcladillo de vampiros y vaqueros, vómitos y fiebres, orejas y filloas*, ibuprofeno y mocos, lacón y grelos*, mimos y sofá.

*Orejas, filloas, lacón con grelos: comidas típicas del Carnaval en Galicia, gracias a las abuelas y a algunos tíos por preparárnoslas!


P.S. A día de hoy, tanto el Mediano como el Pequeño (así como la madre que los parió) han vuelto a coger uno de esos virus (se ve que les tienen cariño), que se manifiestan en forma de mocos, mocos y más mocos.
P.S.2: Por si no había quedado claro, nuestro sofá es terapéutico. 

viernes, 15 de febrero de 2013

VIERNES DANDO LA NOTA: VAN HALEN


¿Qué canción escoger para inaugurar nuestro primer Viernes dando la nota? Pues aprovechando que ayer fue el Día de los Enamorados, aquí os dejo -especialmente dedicada al paterfamilias, por supuesto- una balada de uno de mis grupos preferidos (poco dados a las canciones lentas, por cierto), los fabulosos Van Halen. ¡Espero que os guste!




VAN HALEN -WHEN IT'S LOVE 
(haz click aquí)





martes, 5 de febrero de 2013

EL INCREÍBLE HULK

http://cropan.blogspot.com.es

SOBRE LA FURIA INCONTENIBLE QUE EMBARGA AL PATERFAMILIAS CUANDO PIENSA EN EL SISTEMA EDUCATIVO DE FINLANDIA

Cada vez que al paterfamilias le llega alguna noticia nueva –o vieja- del sistema educativo de Finlandia se transforma en el increíble Hulk: por un lado, se pone verde (de envidia) por no vivir ahí, ni podernos mudar debido a la inexorable barrera idiomática. Y por otro lado, se ve poseído por una furia y una ira incontenibles al ver cómo en nuestro país el tema de la educación se toma tan a la ligera.
Y el otro día en la tele emitieron, una vez más, un reportaje sobre Finlandia. Yo no pude verlo (estaba durmiendo con los niños), pero me imagino la escena a la perfección: el reportaje desgranando las bondades del sistema educativo finlandés (escolarización a los siete años, enseñanza gratuita incluyendo la universidad, atención personalizada a los alumnos, altísima formación del profesorado, subvenciones estatales por doquier…) y comparándolo con la chapuza que los políticos han montado aquí a golpe de reformas y reales decretos. Y el paterfamilias retorciéndose en el sofá, o resoplando, o meneando la cabeza, o todo al mismo tiempo. El Increíble Hulk a punto de estallar.
Al día siguiente me hizo –cómo no- un resumen pormenorizado del reportaje en cuestión, y nuestra conversación acabó como siempre que tocamos este asunto, con una retahíla de ayes y lamentos por lo que nos ha caído aquí: un sistema político de risa que ha engendrado un sistema educativo de pena, en el que sólo cuenta la nota final, obviando la formación integral, emocional y personal de los alumnos. Una fábrica de “burros especializados” (como decía su profesor de Económicas) que sólo saben hacer una única cosa, siendo totalmente ignorantes del resto.
Luego el paterfamilias y yo empezamos a divagar, y filosofamos sobre la cochina sociedad en que vivimos, cada vez más egoísta, individualista y materialista, y con unos valores familiares de vergüenza; una sociedad que desprecia a los padres comprometidos y a los buenos profesores y rechaza su autoridad (¡que no autoritarismo!), que menosprecia la disciplina (confundiéndola con represión o maltrato), el esfuerzo y el sacrificio (¿sacri… qué?), que predica el relativismo y el “todo vale” y se ríe de la bondad, la honestidad, y de otros valores en desuso. Una sociedad de apariencias donde se idolatra la imagen y el aspecto físico, donde los jóvenes sueñan con salir en Gran Hermano, cuna y trampolín de famosillos de medio pelo, portadas de Interviú, y tertulianos de la telebasura. A eso aspiran los jóvenes de hoy en día, además de a ser chulo-futbolistas o golfo-modelos, y a eso parecen incitarles sus padres desde edades bien tempranas.
Después el paterfamilias y yo repasamos el gran trabajo de nuestros políticos a favor de las familias: ausencia de conciliación real, falta total de ayudas económicas, fomento de la incorporación inmediata al trabajo de la mujer tras dar a luz (para qué cuatro meses, si muchas con dos –o menos- ya están de vuelta), bajas maternales ridículas, desprestigio de la labor de criar a los hijos, ensalzamiento y promoción de las guarderías (con avales científicos incluídos), existencia de empresas en busca del expediente académico perfecto, en vez de buscar al trabajador idóneo…
Y antes de deprimirnos más contemplando el negro panorama de este nuestro país de corrupción y pandereta, llega alguno de los niños, o todos juntos, y nos lanzan una sonrisa, o un hola, o un dulce beso. Y el paterfamilias ya no es el Increíble Hulk airado y furioso, sino un padre, como tantos otros, confiado en que sus hijos, a pesar de todo, saldrán adelante, y saldrán indemnes.    

martes, 29 de enero de 2013

RECUERDOS Y RETRATOS

SOBRE RECUERDOS,  FOTOS Y FOTÓGRAFOS

Altfoto.com
Ocurrió esta mañana. El pequeño, con su pijama celeste de jirafas amarillas se sentó en el banco de la cocina, y a dos manos, se puso a comer un plátano. Con determinación, pero con cuidado; con ansia, pero con infinita dulzura. Entre mordisquito y mordisquito, alzaba sus preciosos ojos azules para mirarme, y luego seguía a lo suyo, comiendo, sentado en el banco, balanceando suavemente sus piernas. Un rayo de sol entraba por la ventana, iluminando su carita pequeña y sus rizos dorados. No sonreía, ni le hacía falta. Sabía de sobra que, en aquel preciso instante, era el niño comedor de plátanos más encantador, bello y adorable del mundo. En ese preciso instante, estaba de foto.

¿Y por qué no le hice una? Pues en primer lugar, porque mi experiencia me ha demostrado que cuando surge un momento mágico como este, intentar capturar toda su belleza es imposible (a no ser que se posea supervelocidad, o bien la capacidad de congelar el tiempo, pero no es mi caso). Entre que sales a buscar la cámara, la enciendes, compruebas que tiene batería,  y enfocas, el niño ya ha dejado el plátano en el suelo y se ha escondido debajo de la mesa, o se ha puesto a llorar porque ha dejado de verte, o te ha seguido y a la  vuelta tropiezas con él porque vas a toda prisa y no lo ves, o decide que mejor se va a aplastar los coches de Cars con la Motofeber. Y aquella imagen que tanto te había cautivado por su ternura, o espontaneidad, o lo que sea, se ha desvanecido.

Y en segundo lugar, porque -es la hora de la confesión- se me da bastante mal sacar fotos. Que conste que he mejorado mucho (ya casi no corto cabezas ni pies), y gracias al maravilloso invento de la cámara digital y su botoncito de borrar, puedo obtener veinte fotos de los niños medianamente decentes después de desechar sólo unas doscientas fotos desastrosas (aquí se mueve, aquí está borroso, aquí sale con los ojos cerrados, aquí sale con la boca abierta, aquí sale con los ojos rojos, aquí se mueve, aquí sale tu dedo, aquí se ve el cordón de la cámara, aquí le pusiste el flash y no le hacía falta, aquí se mueve, aquí no le pusiste el flash y no se ve nada, aquí sale tu padre al fondo durmiendo en el sofá, aquí sale un babero sucio, aquí sale tu madre con el mandil de cocinar puesto, aquí se ven los platos en el fregadero junto al Fairy de fondo (ésta es mi especialidad!), aquí se mueve…)

¡Y es que no es tan fácil hacer bien las fotos! Me río mucho cuando vamos al cumpleaños de algún niño, y veo a los padres, o tíos, o algún otro pariente cercano, con sus megacámaras de la leche, último modelo, el más caro, el que más llama la atención, con su súper réflex, un teleobjetivo del copón y una burrada de accesorios y de megapíxeles, disparando fotos a diestro y siniestro, a sus churumbeles y al resto de invitados. Y luego, pasados unos días, recibes aquellas fotos, y no puedes evitar pensar, “¡Arre concho! ¿Y para esto tanta cámara? ¡Si están mucho mejor las que hizo fulanita con su camarucha “cutre”! ¡Si están mucho mejor las que sacó menganito con su móvil!” Y me río porque algunos se piensan que por tener una gran cámara ya son grandes fotógrafos. Los niños ciertamente no ayudan demasiado (porque no paran de moverse), pero para esto, como para muchas otras cosas, hay que saber y valer.

Así que felicito desde aquí a todos aquellos que, sin hacer ostentación de grandes equipos fotográficos, son capaces de hacer buenas fotos a sus niños. ¡Enhorabuena! Y los demás, a aprender de ellos.

Y no me resisto a terminar sin añadir algo: si bien una foto puede ser algo realmente hermoso, un recuerdo no lo es menos. Por eso, aunque muchas veces no podamos conservar una imagen en papel o en un archivo, siempre podremos atesorarla en nuestra retina, nuestra mente, y nuestro corazón, un lugar de donde nunca podrá borrarse. 


P.S. Con respecto a los padres con complejo de paparazzi, que descuidan o se desentienden absolutamente de sus hijos por estar pendientes todo el tiempo de la cámara, hablaremos otro día. 

miércoles, 23 de enero de 2013

¿QUEREMOS NIÑOS BUENOS?

SOBRE EL OCASO DE LA BONDAD

galeria.dibujos.net

bueno.
(Del lat. bonus).
1. adj. Que tiene bondad en su género.
2. adj. Útil y a propósito para algo.
3. adj. Gustoso, apetecible, agradable, divertido.
4. adj. grande (que supera a lo común). 
 5. adj. sano.
6. adj. irón. Dicho de una persona: Simple, bonachona o chocante. 
 7. adj. Dicho de una cosa: No deteriorada y que puede servir. 
 8. adj. Bastante, suficiente.

bondad.
(Del lat. bonĭtas, -ātis).
1. f. Cualidad de bueno.
2. f. Natural inclinación a hacer el bien.
3. f. Acción buena. 
4. f. Blandura y apacibilidad de genio.
5. f. Amabilidad de una persona respecto a otra. U. como fórmula de cortesía. 

Hace poco dejamos atrás la Navidad, esa época del año en la que muchos adultos sufren el “Síndrome de E.T.”, pues andan repitiendo a todo cuanto niño (propio o ajeno) se cruza en su camino aquello de “sed buenos” (otros lo llaman el “chantaje navideño”: si no eres bueno, no hay regalos).
Pues bien, he de decir que ¡¡¡es mentira!!! Me atrevo a afirmar que la mayoría de padres (al menos los que yo conozco y veo), por mucho que lo digan y lo repitan, NO QUIEREN HIJOS BUENOS. Lo que quieren son niños QUE SE PORTEN “BIEN” (que es una cosa muy distinta), es decir, que entren por el aro de lo socialmente esperado y aceptado: que se coman todo lo que les pongan delante, que no se muevan de la mesa, que se estén quietos en la fila, que no interrumpan cuando hablan los mayores, que no hagan ruido, que duerman solos y del tirón, que no rompan los libros ni los juguetes, que no manchen la ropa, que dejen el pañal de inmediato, que sean autónomos lo antes posible, que obedezcan sin rechistar, a los que se les pueda llevar a cualquier parte de lo “bien educados” que están, y que destaquen en todas las actividades académicas, deportivas y artísticas en las que les apunten. En resumen, hijos que NO MOLESTEN A LOS PADRES y que LES DEJEN QUEDAR EN BUEN LUGAR (una especie de niños-trofeo a los que poder exhibir).
Pero no les preocupa en absoluto que sus hijos tengan bondad (primera acepción de la palabra), pues todo el mundo sabe que, en nuestra sociedad, ser bueno significa directamente ser tonto (acepción número seis). ¿Y alguien quiere que su niño sea tonto? ¡Ni mucho menos!

El mundo (menores de edad incluidos) se divide en listos y tontos, espabilados y lentos, los que sólo van a lo suyo y los que se preocupan por los demás, ganadores y perdedores, abusones y abusados.
La vieja dicotomía bueno-malo ya no está de moda, forma parte de ese pasado idílico que reflejan algunas películas, como las de caballeros, vaqueros o espadachines, donde la distinción entre el bien y el mal estaba clara, donde el honor y la lealtad lo eran todo, donde el valor de una promesa o de la palabra dada era superior incluso a la ley.
¿Y ahora? Ahora todo el mundo se llena la boca con las modernas estupideces de “todo es relativo”, “hay muchos grises”, y “no todo es blanco o negro”, para así poder justificar a quien convenga cuando interese. Ahora lo fácil, lo cómodo, lo que sale gratis, es hacer el mal, mentir, engañar, incumplir, manipular, abusar y aprovecharse de los demás (siempre procurando que no te pillen, claro). Porque nos creemos superiores a las leyes divinas, hemos inventado nuestro propio código moral (“todo es bueno, siempre y cuando me beneficie a mí”), y las leyes del estado, como es bien sabido, están para burlarlas y trampearlas. Y esto es lo que muchos, consciente o inconscientemente, enseñan a sus hijos. Y vaya si lo aprenden.
Miro a mi alrededor y cada vez veo más niños con un pequeño, incipiente y preocupante grado de maldad (por supuesto que no hablo de bebés ni niños chiquitines, qué van a saber ellos que pegar es malo, o que no se debe escupir, o que está feo insultar a alguien). Hablo de niños a partir de 4-5 años que insultan con la peor de las intenciones, que sueltan el comentario ocurrente y gracioso para herir al débil y hacer reír a los demás, que dejan de lado a otros y los marginan, que humillan y se burlan del resto, egoístas e interesados a más no poder, que se aprovechan de quien sea para su propio beneficio, que son incapaces de mostrar compasión, solidaridad o empatía por alguien que está sufriendo, que hacen daño a propósito sin reparar ni por un segundo en las consecuencias. Niños criados bajo las leyes del “¿Y qué?”, del “Yo soy así” y del “A mí que me importan los demás”.

“Todos los niños son así”, dicen unos; “Es que los niños son malos y muy crueles”, dicen otros; “Son cosas de niños, no hay que tomarlas en cuenta”, dicen los demás. Y NO ES VERDAD.
Para empezar, no todos los niños son así. Claro que hay niños buenos, que precisamente no tienen por qué ser los que “mejor se portan” a ojos de los demás, ni los que más llaman la atención.
Tampoco los niños per se “son malos y crueles”, sino que son, en gran medida, como les enseñan a ser (más con los ejemplos que con las palabras, claro).
Y no son “cosas de niños”, sin importancia, sino “cosas de padres”, muy graves. Padres más preocupados por el rendimiento escolar de sus hijos que por su enriquecimiento y su formación como personas. Padres orgullosos de que sus hijos sean huraños y ariscos (“A ver si te crees que te lo vas a ganar tan fácilmente, a mi hijo no le saca cualquiera una sonrisa, menudo es él”), orgullosos de que sean respondones y agresivos (“Es que mi hijo tiene un temperamento…”), maliciosos y manipuladores (“Pero qué listo es mi niño”). Padres que confunden la desenvoltura con la mala educación, la familiaridad con la cara dura, y la inteligencia con la maldad. Padres que consideran la bondad una tontería, la amabilidad una artimaña (“Me ha dicho un piropo, este niño me quiere pedir algo”), mostrar los sentimientos una debilidad (“Déjate de besos y abrazos/déjate de llorar, que pareces un bebé”) y el buen carácter una tara (“¿Y cómo no le pegaste tú también? ¿Es que eres tonto?”). Padres con la política de no intervenir en los conflictos de sus niños (“Que espabile y lo arreglen entre ellos”). Padres más interesados en saturar a sus hijos con actividades extraescolares que en cultivar en el hogar un clima de amor, respeto y confianza entre padres, hijos y hermanos (si los hubiera).

Entonces, qué esperar de unos padres y una sociedad en la que se ensalzan los comportamientos negativos de un niño:
-“Fíjate en mi hijo” -gesto de orgullo- “Qué espabilado y qué listo es, que cogió la pelota del otro niño, le empujó y le dejó llorando. Es que tiene un carácter…, ja, ja.”
Qué esperar de unos padres y una sociedad que considera “anormal” que un niño sea bueno:
-“Uuuuy” -mueca de preocupación- “Tu hijo es demasiado bueno, lo va a pasar muy mal en la vida, tienes que espabilarlo, ¿eh?, sino todos le van a mear en la cabeza.”
Algo va mal en la sociedad cuando ser “demasiado bueno” se considera un defecto, mientras que ser un pequeño cabroncete (con perdón) es positivo, sinónimo de inteligencia y muestra de carácter (claro, de un carácter nefasto e indeseable, el día que te la haga a ti a ver si te parece tan admirable), algo que se aplaude, se alienta y se fomenta. Porque así nadie se va a meter con mi niño, así nadie va a poder con él, así se va a dar a respetar, así va a triunfar en la vida (a costa de qué, eso no importa).

Luego nos tiramos de los pelos ante los jóvenes y los adultos apáticos, insensibles, insolidarios, o directamente malas personas, perversos, indeseables, canallas. Ahí sí que no les reímos las gracias: “Qué espabilado y qué listo es, que vio al otro ahogándose en el río y no se acercó por si se mojaba la ropa”, “Es que robó todo el dinero de la empresa y dejó a veinte familias en la calle, ja, ja, es que tiene un carácter…”

No sé los demás, pero yo, desde luego, quiero que mis niños sean felices (como reza el nombre de este blog) y que sean, por supuesto, niños (y el día de mañana hombres) buenos. De bondad, y de verdad.

lunes, 21 de enero de 2013

¡DELINCUENTE TÚ!

DE CÓMO SE HA DESCUBIERTO QUIÉN ES EL VERDADERO DELINCUENTE

Imagen: http://lasraroper.blogspot.com.es/2007/09/la-mscara.html

-Hola, mamá. Que sepas que estamos muy disgustados con esas acusaciones que vertiste contra nuestras personas en tu espacio blogueril. Menos mal que el jurado popular nos absolvió de todos los cargos, que si no... 
También han intentado acusarnos de acoso perruno y gatuno (tía, sabemos que has sido tú) cuando es el perro el que nos acosa a nosotros. ¿Y el minino? ¿Qué culpa tenemos de que sea tan sumamente arisco? Haberlo educado bien, probad con el método Estivill, que seguro que os funciona.
Hasta nuestro propio padre ha dejado caer acusaciones de ocupación ilegítima de la cama matrimonial, y de expropiación, y de destierro... no conseguirá cargarnos ese mochuelo, nosotros no somos okupas ni expropiadores, sino propietarios legítimos de 1/5 de ese habitáculo.
En cuanto a los cargos presentados por nuestra madre, ¿qué es eso de magdalenismo? Si analizáramos todas las migas del suelo de casa, seguro que encontraríamos que más de una  (y de dos) pertenece a nuestros progenitores. ¿O acaso vosotros no coméis?
¿Y conducción temeraria? Sí, claro, va a hablar la que tiene carnet de conducir desde hace más de 10 años (nadie se explica por qué tiraste el dinero renovándolo, y tampoco nadie se explica todavía cómo lo pudiste sacar) pero ni conduce ni tiene la menor idea de cómo hacerlo. Y viendo cómo manejas la sillita del pequeño (haciendo eses, atropellando al prójimo y chocando a diestra y a siniestra), de corazón te lo agradecemos.
¿Asociación de malhechores? ¡Quién fue a hablar! ¿Qué es eso de juntarse y alternar con gente conductista, intransigente, anti-teta, anti-colecho, pro-tiempo de calidad... ¿y si se te pega algo? ¿no lo has pensado? ¡Inconsciente!
¿Exhibicionismo? Pero si tú andas todo el día con la teta fuera, que ya no se sabe si eres una actriz del destape escapando de Alfredo Landa, o la tipa del cuadro de "La libertad guiando al pueblo".---------------------------->
¿Escándalo público? Suponemos que te refieres al que montas tú cuando intentas reprimir nuestros naturales instintos de exploración, comunicación y divertimento. A tu lado, toda nuestra supuesta contaminación acústica se queda en un leve susurro.
¿Y eso de sabotaje? ¿Quién sabotea para no dejarnos ver dibujos animados a todas horas, y para no dejarnos escuchar nuestras canciones en el coche?
¿Y qué decir del resto? Hurto, bioterrorismo... a saber lo que harías tú cuando tenías nuestra edad. Así que nosotros de delincuentes, nada. 

-Tenéis razón, hijos míos, aquí la única delincuente... soy yo!

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Contador Web