SOBRE LAS APTITUDES DE MIS NIÑOS PARA LA CARRERA POLÍTICA
No tengo un político en ciernes en casa, ¡tengo tres!
Observo con gran disgusto que mis hijos presentan una clara vocación y una capacidad manifiesta para dedicarse a la política.
El Mayor:
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Últimamente le da por subirse a sitios elevados y anunciar "¡Voy a dar un discurso!" Luego dice que es el Presidente de los Estados Unidos, o el Rey de Francia (esto lo ha sacado de George de la Jungla, maldita televisión). Su oratoria y su retórica harían palidecer a más de uno de nuestros politiquillos, por no hablar de su entusiasmo ("Esto no me gusta, ¡me encanta!, ¡es mi vida!"), su conocimiento ("Dios creó a los hijos para que los padres hicieran ejercicio"), y su capacidad de persuasión ("Anda, mami, sé una buena madre", "Parece mentira que el abuelo me compre los cromos, ¿no sois mis padres? Y luego decís que me queréis más que a nada en el mundo...").
El Mediano:
El rey de lavarse las manos y echar balones fuera. Especialista en sacudirse la culpa y eludir cualquier tipo de responsabilidad de sus actos. "No toi hasiendo nada", dice, cuando se le sorprende en el lugar donde ha sucedido alguna catástrofe del tipo destrucción de juguetes, vaciado de cajones y estanterías, o exploración de textura y densidad de alimentos. Y lo dice con voz melosa, ojitos tiernos, y cara de inocencia absoluta. Si ha sido pillado in fraganti, no duda en acusar a otro, incluso aunque éste no se encuentre en el lugar de los hechos.
El Pequeño:
No se anda por las ramas. Si quiere algo, lo intenta conseguir al precio que sea; si no lo quiere, se opone a ello con todas sus armas. Todo vale para conseguir sus objetivos: el lloro, el grito, la huida rápida, el escaqueo... Aprendió del Mediano la política de hechos consumados y el "mejor no pido permiso y ya lo voy haciendo yo"; y del Mayor (y de Kung-fu Panda) la técnica milenaria denominada "Patada, patada" (afortunadamente su movimiento de pierna está más próximo a Chiquito de la Calzada que a Bruce Lee).
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Y común a todos ellos está su querencia por los sobres... de cromos, claro.
Así que veo al Mayor como futuro Presidente del Gobierno, dando apasionados discursos capaces de encender a las masas y conmover los corazones más endurecidos. Le veo camelando a los sindicatos y convenciendo a la oposición. Abrazando ancianos, besando mujeres y cogiendo bebés en brazos.
Veo al Mediano como ese Vicepresidente siempre dispuesto a dar la cara por su partido, repartiendo declaraciones de inocencia (o ignorancia) según lo que las circunstancias requieran, capaz de negar la evidencia más absoluta si es necesario, de lavar todo tipo de trapos sucios, de acusar con el dedo y cargarle el mochuelo a quien sea preciso.
Veo al Pequeño como brazo ejecutor del Gobierno, haciendo y deshaciendo en la sombra, moviéndose con sigilo en la clandestinidad. Encargándose de cualquiera que se atreva a alzar la voz en contra de su partido al son de patada, patada (en el culo o en el cuello).
Veo esto y me entran escalofríos, porque no quiero que mis niños sean políticos, o quizá es porque acabo de darme cuenta de que nuestros políticos se comportan como niños.