miércoles, 29 de mayo de 2013

LA MATERNIDAD DE LA A A LA Z: O DE OBJETO (MUJER-OBJETO)


Toda la vida luchando por no ser mujeres-objeto y ¡zasca! al llegar la maternidad nos echamos las manos a la cabeza al darnos cuenta de que nos hemos convertido no en un objeto, ¡sino en muchos!
En BIBERÓN: Existen niños que utilizan a sus madres como biberones, aunque todo el mundo sabe que esa leche no alimenta, es sólo agua, y no quita el hambre (pero ahí siguen los benditos, enganchados a la teta, como si de verdad les llenara y les prestase).
En CHUPETE: Inevitablemente ligado a lo anterior, existen niños que, aún habiendo saciado su hambre -con leche o con bocadillos de jamón- demandan la teta, utilizando a sus madres como meros chupetes (de tetina anatómica, eso sí).
En CUNA/COLCHÓN/ALMOHADA: Existen niños que han convertido los brazos de su madre en su lugar preferido para echar una cabezadita (o un sueño en toda regla!). También se han documentado casos de niños que muestran predilección por dormir encima de alguna parte del cuerpo de sus madres, utilizándolas a modo de almohada o colchón.
En COLUMPIO/BALANCÍN/HAMAQUITA: No todo va a ser dormir. Hay ocasiones en que los niños buscan la horizontalidad acompañada de un suave (o enérgico) meneo, el mecerse dulcemente al son de algún tierno cántico. Y entonces echan mano de su madre, que huele mejor que el plástico y la madera, que es más suave que el más suave de los tejidos, que suena mejor que cualquier melodía mecánica y cansina, y que ajusta la velocidad del balanceo a la perfección sin necesidad de pilas ni botoncitos.
En CARRITO/SILLITA: Existen niños que utilizan a su madre como medio de transporte. Da igual que tengan a su disposición una MacLaren, una Jané, una Stokke, o una con chasis de aluminio, revestimiento de plata, incrustaciones de swaroski y acolchado de terciopelo. Ninguna como ir en los brazos -o al caballito- de su madre.
En DISPOSITIVO MULTIMEDIA: Por mucho I-Phone o I-Pad que haya, nada como una madre para que cante El Pollito Pío y los Cantajuegos, que baile el Gangnam Style y el Soy una taza, que reproduzca los diálogos de Cars y de Pocoyó, que hable balleno como Dory y que imite la voz del Pato Donald. A una madre no se le acaba la batería, ni se rompe al caer al suelo, ni se le llena la pantalla táctil de arañazos, babas pringosas y mocos resecos.

Existen niños que utilizan a sus madres como muñecas para peinar, peluches para dormir, dinosaurios para luchar. Se han dado casos de madres utilizadas como percheros, libros, televisiones, flotadores, columpios, y un sin fin de etcéteras.

Pero en realidad, yo creo que no existen niños así. Los niños no utilizan a nadie, sino que tan sólo buscan a alguien que satisfaga sus necesidades y les ayude en su desarrollo. En realidad no somos mujeres-objeto, sino tan sólo madres haciendo su trabajo, madres que a veces no necesitan echar mano de todos los cachivaches que las rodean, pero otras veces sí. Esos utensilios que facilitan nuestra labor y que nos son de tanta ayuda: biberones y chupetes, carritos y tronas... Esos sí son los objetos; nosotras seguimos siendo mujeres.


EL CUENTO DEL VIEJO, EL NIÑO Y EL BURRO

La semana pasada os contaba el episodio de la Sinovitis Transitoria de Cadera de nuestro hijo Mayor, de cómo al ir a buscarle al cole le dolía tanto la cadera que no podía caminar, de cómo le senté en la sillita del Pequeño mientras éste iba andando, y de cómo varios transeúntes nos hicieron ver lo inapropiado y vergonzante que era que un niño de 6 años le "quitase" el sitio al pequeño. En los comentarios nuestro amigo Alejandro, fiel seguidor y comentarista de este blog casi desde sus orígenes, observó la similitud de esa situación con el cuento de "El viejo, el niño y el burro", y me recomendó su lectura.
Buscándolo en Google, comprobé que hay un sinfín de versiones y variantes del mismo, en verso, en prosa, y hasta en dibujos animados. En algunos sitios lo dan como anónimo, mientras que otros lugares lo atribuyen al Conde Lucanor. Esta versión que he encontrado en la web EnCuentos.com es de Miguel Agustín Príncipe, autor de numerosas fábulas infantiles. Espero que os guste tanto como a mí, porque aunque los versos tengan casi dos siglos, el mensaje es más actual que nunca!!!  

El viejo, el niño y el burro

Iban un viejo y un chico
Por esos mundos de Dios,
Y acompañando a los dos
Iba también un borrico.

El vejete ya encorvado,
Iba a pie con mucha paz,
Y mientras tanto el rapaz
Iba en el burro montado.

Vieron esto ciertas gentes
De no sé qué población,
Y con acento burlón
Exclamaron impacientes:

-¡Mire usted el rapazuelo
Y qué bien montado va,
Mientras de viejo que está
Andar no puede el abuelo!

¿No era mejor que el chiquillo
Siguiera a pie de reata,
Y que el viejo que va a pata
Montara en el borriquillo?

El anciano que esto oyó
Dijo al muchacho: -Discurro
Que hablan bien: baja del burro,
Que vaya montarlo yo.

El niño, sin impugnarlo,
Bajó del asno al instante,
Y echó a andar, mientras boyante
Iba el abuelo a caballo.

-¡Vaya un cuadro singular
Y un chistoso vice-versa!
(Dijo otra gente diversa,
Que así los vio caminar):

¡Mire usted el viejarrón
Y cómo va cabalgando,
Mientras el chico va dando
Tropezón tras tropezón!

¿No era mejor que el vejete
¡Maldito sea su nombre!
Fuese a pie, que al fin es hombre,
Y no el pobre mozalbete?

-¡Alabado sea Dios!
Dijo el viejo para sí:
¿Tampoco les gusta así?
¡Pues nada! a montar los dos.

Esto dicho, de la chupa
Tiró al muchacho, y subióle
De un brinco arriba, y montóle
Muy sí señor en la grupa.

-¡Perfectamente!, exclamaron
Soltando la taravilla,
Los de otro lugar o villa
Con los cuales se encontraron:

-¿Habrá cosa más bestial,
Aunque sea pasatiempo,
Que montar los dos a un tiempo
En ese pobre animal?

¿No era mejor, voto a bríos,
Que alternasen en subir,
Y no que el burro ha de ir
Cargado así con los dos?

-Cosa es que ya me encocora,
Exclamó el viejo bufando:
Bajemos los dos … ¡y andando!
A ver qué dicen ahora.

Y uno y otro descendieron
Y a pie empezaron a andar,
Y… -¡Bien! ¡muy bien! ¡vaya un par!,
Otras gentes les dijeron:

¿Es posible que se dé
Quien así busque molestias?
¡Qué majaderos! ¡qué bestias!
Tienen burro, y van a pie.

Cargado entonces del todo,
Dijo el viejo: -¡Voto va!
¿Con que no podemos ya
Acertar de ningún modo?

Hagamos lo que nos cuadre
Sin hacer caso el menor
De ese mundo charlador,
Llore o ría, grite o ladre.

Esté limpia la conciencia,
Que es el deber principal,
Y en lo demás cada cual
Consulte su conveniencia.

Por nada, pues, ya me aburro
En un mundo tan ruin:
Conque… arriba, chiquitín,
Que es lo mejor.-¡Arre, burro!


Fin

martes, 28 de mayo de 2013

EN LA TELE DAN LA TETA: MUJERES DESESPERADAS

www.cadenaser.com
Mujeres Desesperadas fue una serie que el Papi y yo comenzamos a seguir con gran entusiasmo. La primera temporada nos enganchó en seguida, tan rápido como empezó a decepcionarnos la segunda. Aún así continuamos viéndola, pero no sé en qué capítulo de la tercera temporada la abandonamos definitivamente. Supongo que no es una serie tan mala cuando han rodado hasta ocho temporadas, quizá Teri Hatcher, Eva Longoria y compañía tienen más tirón del que sospechaba, o quizá existen muchas mujeres que se identifican con estas Desesperadas. Nunca fue mi caso.

Pero bueno, hablemos de lactancia. Ignoro lo que ha pasado en las últimas temporadas, pero en todos los (pocos) capítulos que vi de esta serie, recuerdo dos ocasiones en las que alguien salía amamantando. 

La primera: en un episodio de la primera temporada salía una de las protagonistas (Lynette) dándole el pecho a su bebé. No se veía nada, pues ella se había puesto sobre el hombro una gasa, o toquilla, o algo así, de modo que tanto la teta como el bebé quedaban tapados. 
¡Bieeen! Aquí la lactancia aparece como algo normal, y evidencia también que se puede dar la teta discretamente, sin hacer grandes despliegues, sin movilizar a todo el personal, ni tocar trompetas para que todos vean lo buena madre que soy por dar el pecho.  

La segunda: una de las tramas principales del episodio 2x17 gira en torno a Lynette y la lactancia. Resulta que en su trabajo Lynette debe lidiar con una mujer (de esas que quitan el hipo) que le da el pecho a su hijo. Por eso lo lleva al trabajo, donde tienen una guardería, la misma a la que Lynette lleva a sus "asilvestrados" gemelos. El problema viene cuando se descubre que el lactante tiene 5 años, y que su madre no duda en darle la teta en cualquier momento y lugar, incluyendo las reuniones de trabajo. Los jefes de la empresa consideran que "eso" no es normal, y mandan a Lynette que se encargue de ello (si hay teta, no hay trabajo). Lynette, mosqueada (y dolida) por los exquisitos modales y la extremada inteligencia del niño lactante (en claro contraste con los cazurrillos que tiene por hijos), no tarda en averiguar que la razón principal por la que la madre sigue con la lactancia prolongada es que le ayuda a estar delgada (y en segundo lugar, por lo beneficiosa que es para el desarrollo intelectual y el buen comportamiento de su niño). Así que para zanjar "el problema" (y de paso fastidiar a la madre), le ofrece al chaval un batido de chocolate, después del cual rechaza la teta y no vuelve a mamar nunca jamás. Lynette (satisfecha por haberse salido con la suya) consuela a la afligida y llorosa madre, preocupadísima porque va a volver a engordar.

www.cuisinart.com.au
Qué cúmulo de estupideces, ¿no? ¿De verdad existe alguna madre que dé la teta durante cinco años sólo para controlar su peso? ¿De verdad ese niño nunca había bebido otra cosa (ni agua, ni zumos, ni un colacao) que no fuera leche materna? ¿De verdad que un niño va a dejar la teta por haberse bebido un batido?
En fin, un desacertado episodio con una trama ridícula, que busca denostar (como ya es costumbre) a las que optan por una lactancia prolongada (que en estos lares, no nos engañemos, viene a ser todo lo que se extienda más de dos o tres meses), dejando quedar a las madres como unas desequilibradas mentales, o -como en este caso- unas egoístas aprovechadas; y a los hijos como unos malcriados caprichosos. 

lunes, 27 de mayo de 2013

DÍA NACIONAL DEL CELÍACO


Hoy se celebra el día nacional del celíaco (se ve que en la comunidad celíaca no son tan tiquismiquis con lo de los géneros gramaticales, y que yo sepa aún nadie se ha indignado por no añadir "y de la celíaca"). Aprovechando esta circunstancia nos gustaría difundir, desde nuestro humilde espacio blogueril, un poco más esta enfermedad.
La celiaquía es una enfermedad crónica y autionmune caracterizada por la inflamación del intestino delgado, producida por la intolerancia al gluten. Esta inflamación atrofia las vellosidades que recubren el intestino, e impiden la correcta absorción y digestión de nutrientes. El gluten es una proteína presente en muchos cereales como el trigo, la cebada, el centeno, el triticale, etc.
Dicha intolerancia se puede traducir en multitud de síntomas, no es simplemente que le gluten "les siente mal" y tengan que ir un par de veces al baño. Hablamos de diarrea crónica, retraso del crecimiento y del desarrollo en bebés y niños, raquitismo, erupciones en la piel (dermatitis herpetiforme), disnea (dificultad respiratoria), pérdida de peso, cambios en el carácter, depresión, irritabilidad, falta de apetito, vómitos, distensión abdominal, malnutrición, anemia, debilidad, calambres, infertilidad, y en el caso de las mujeres, además, abortos repetidos.
Como ya apuntamos antes, es una enfermedad crónica, para toda la vida, y el único tratamiento existente -a día de hoy- es seguir una dieta total y absolutamente exenta de gluten.
La celiaquía se presenta en sujetos genéticamente predispuestos a padecerla, y numerosos estudios consideran que la ausencia de lactancia materna, así como la introducción temprana de cereales con gluten en la dieta de personas susceptibles, son factores de riesgo para su desarrollo. Otra buena razón para dar la teta cuanto más tiempo mejor, pues "la leche materna contiene un gran número de componentes que ayudan y protegen al niño a través de mecanismos biológicos complejos, incluyendo la creación de defensas de las infecciones y el desarrollo de tolerancia frente a antígenos alimentarios" (esto no lo digo yo, sino los de la web de SerPadres.es, os dejo el enlace aquí por si queréis leer todo el artículo).
Si queréis más información, recetas, noticias, o lo que sea sobre "la causa celíaca", os recomiendo echar un vistazo a este blog:

¡¡¡Besos y saludos sin gluten para todos!!!


viernes, 24 de mayo de 2013

VIERNES DANDO LA NOTA: HÁBLAME (ALEJANDRO FERNÁNDEZ)

www.los40.com
Este mozo tan apuesto es Alejandro Fernández, apodado cariñosamente El Potrillo de México. Tiene discos de rancheras (como su padre, el mítico Vicente Fernández, del que tenían cassettes mi abuelo y mi padre), y discos de canciones pop. Personalmente prefiero estas últimas, pero que conste que algún mariachi de vez en cuando tampoco viene mal!
Os dejo una de mis canciones preferidas, titulada Háblame, compuesta por una tal Shakira. Es del año 2000, de cuando se le veía joven y sin las frondosas canas que peina ahora. La verdad es que iba a poner otra canción de él, Noche Triste, donde se aprecia el vozarrón de este muchacho, pero es que me parecía triste de más para un día tan soleado y bonito como este. No obstante, si a alguien le apetece escuchar una hermosa canción de desamor, que no se quede con las ganas (pincha aquí). ¡Espero que os guste!










miércoles, 22 de mayo de 2013

LA MATERNIDAD DE LA A A LA Z: B DE BONDAD

DE LO CONFUSO QUE PUEDE RESULTAR EL CONCEPTO DE BONDAD

Reconozco que el tema de la bondad me preocupa sobremanera, será por la cantidad de mala gente que anda suelta por ahí sin correa ni bozal. Hace varios meses escribí un post al respecto (¿Queremos niños buenos?), pero no se adecuaba exactamente al espíritu de este diccionario, así que vamos a escribir uno nuevo.
Antes de ser madres, tenemos muy claro qué significa ser bueno y qué no. Bueno es alguien que tiene bondad, es decir, una inclinación natural a hacer el bien, a ser amable y apacible de genio. Malo es lo opuesto: alguien nocivo, dañino, injusto, desagradable y molesto.
Pero cuando somos madres, o abuelas, o simplemente cuando tenemos a un niño cerca, pienso que muchas veces se nos activa una especie de chip, un extraño mecanismo que nos lleva a confundir el tocino con la velocidad, el ser bueno con el portarse bien. Y no es lo mismo ni de lejos.
Un niño bueno no es necesariamente el que se come todo cuanto le ponen por delante, ni el que duerme la noche del tirón, ni el que cuida mejor los juguetes, ni el que siempre contesta con educación cuando le preguntan. No es el que nunca grita, nunca rompe el pantalón por las rodillas, nunca coge un berrinche, y nunca llora. Esto es un niño que se porta bien, o en otras palabras, un niño que se ha sometido rápidamente a esas normas de urbanidad y cortesía de las que los adultos somos esclavos. 
La bondad es otra cosa.
Un niño bueno es desinteresado, noble y sincero. Muestra empatía, y no rechazo; cariño, y no desprecio. No se aprovecha de los demás, no se burla, no insulta ni margina. Y todo esto se puede hacer aún comiendo mal, siendo bruto, desordenado, e inquieto.
Y que nadie se crea eso de "todos los niños son muy crueles", porque no es cierto. Todos no. Los hay crueles y despiadados, malos y venenosos, porque así lo han aprendido de sus padres. Pero por supuesto que hay niños buenos, de corazón puro, sin malicia ni mala leche.
Por eso, como persona adulta, me esfuerzo por distinguir y dejar clara la distinción entre ser un niño bueno y un niño que se porta bien. Y como madre, siento que mi obligación es procurar que mis hijos sean, en primer lugar, buenos. Y en segundo, tercero, o quizá cuarto lugar, que se porten bien. 

lunes, 20 de mayo de 2013

MAMÁ, PUPA: DOLOR DE CADERA (SINOVITIS TRANSITORIA)


Hace bastante tiempo que tenía en mente escribir sobre esto, en concreto desde antes de Semana Santa, que fue cuando acaecieron los hechos. 
El Peque acababa de recuperarse de un episodio de codo de niñera (del que ya hablé aquí), pero había reenganchado con una otitis (de las temibles Batallas del Antibiótico hablaré en otro momento). El Mediano, por su parte, andaba aquejado de un leve virus estomacal de esos que le incrustan a uno en la taza del W.C. Y en esta Semana Fantástica no podía faltar alguna dolencia en el Mayor. 
Llaman por teléfono del cole, diciéndome que al niño le duele una cadera, que se ha caído o no sé qué (la conserje no lo tiene muy claro). Allá voy con el Peque en la sillita, presta al rescate. Y cuando llego me encuentro a mi primogénito (que no se había caído) literalmente retorcido de dolor: le dolía una cadera al enderezarse, al apoyarse sobre esa pierna, al caminar. La profe me cuenta que lleva así un buen rato, y con muy mala carita. Así que lo siento en la MacLaren, y con el Peque un rato en brazos, y otro rato caminando, llegamos al pediatra (no sin tiempo). Por supuesto, no faltaron los comentarios de varios y desconocidos transeúntes en plan "¡Qué vergüenza! ¡El mayor en la silla y el pequeñito andando!", "Señora, es que el mayor está enfermo, y cuanto antes cierre esa bocaza que no dice más que gilipolleces, antes llegaremos al médico". Esto no lo dije, porque una es muy educadita y comedida, ¡pero vaya si lo pensé! Un día de estos dejaré la educación en casa, y en lugar de una sonrisa y amables explicaciones (que ni merecen, ni tengo por qué dar) mi boquita empezará a soltar insultos, improperios, y todas cuantas ordinarieces se me pasen por la cabeza.
Como decía, llegamos al centro de salud sobre las 13:30, pero nuestro pediatra ya no estaba (¡Viva el horario de algunos funcionarios! ¡Viva!). Pero otro amabilísimo pediatra que sí estaba no tuvo ningún problema en atendernos.
"¿Qué te pasa?", le pregunta al Mayor. Y el Mayor va y rápidamente salta de la silla y se pone de pie, mientras dice que no le duele nada! Yo en plan tierra trágame/no entiendo nada. El pediatra, sin duda hombre experimentado en lo suyo, le dice al Mayor que camine. Y el pobre, al intentarlo, arrastra una indisimulable cojera que acaba delatándole: el pobre tenía pánico al médico.
"Quita el pantalón y túmbate en la camilla", le dice. Y él, llorando, se negaba y se resistía. Conseguí calmarle un poco, y finalmente se tumbó. El pediatra le examinó y dio su diagnóstico: Sinovitis Transitoria de Cadera
¿Mande? En mi vida había oído tal cosa, ni conocía la existencia de tal dolencia. Se trata de una inflamación del tejido sinovial de la cadera, que se resuelve sola en pocos días (os dejo un enlace con más información aquí), sin más tratamiento que reposo y antiinflamatorios si fuese necesario. Afecta sobre todo a niños entre 3 y 8 años (el mío tiene 6), y entre las causas está el haber tenido previamente un catarro (u otro proceso infeccioso similar, como sí había tenido nuestro niño). Si al cabo de unos días el dolor no desaparecía, habría que volver para un examen más profundo, ya que existen otras enfermedades mucho más terribles que presentan los mismos síntomas. Pero a nuestro hijo, gracias a Dios, se le pasó volando. 
Consiguió un par de días extra de vacaciones, varios sobres de cromos de National Geographic, y cantidades ingentes de besos y mimos:-) 

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Contador Web