martes, 18 de junio de 2013

¿CHANCLA O ZAPATILLA?

DE CHANCLAS Y ZAPATOS, PASANDO POR ZAPATILLAS

Mi hermana me mostró este vídeo hace poco, seguramente muchos de vosotros ya estábais familiarizados con esta "técnica de crianza" milenaria:


En mi tierra, por cuestiones climáticas, siempre se usó más la zapatilla:


Aunque en otras latitudes se estila más el zapato:


Confieso que últimamente me entran ganas de lanzar una chancla, una zapatilla o un zapato (o mejor aún un buen zueco de madera) a muchos adultos que veo por ahí. Pero dicen que no es de buena educación. Mecachis... 

viernes, 14 de junio de 2013

VIERNES DANDO LA NOTA: DREAM ON (AEROSMITH)

bandsglemmetal.wordpress.com
Aerosmith es uno de esos grupos que se dejan caer con frecuencia en estos Viernes dando la nota. Y no me extraña, porque son uno de esos grupos fantásticos que triunfan generación tras generación. 
La canción que hoy os traigo data de 1973, aunque esta versión con orquesta es de 1991. No es una balada, género en el que son maestros, pero a mí siempre me ha parecido un tema impresionante. 
¡Espero que os guste! 


"Sigue soñando hasta que tus sueños se hagan realidad"




jueves, 13 de junio de 2013

LA MATERNIDAD DE LA A A LA Z: R DE REFERENTES CULTURALES

DIANA VS. MÉRIDA




Prometo que antes de ser madre tenía otros referentes culturales. Vale que no andaba por las esquinas declamando a Shakespeare ni citando a Platón, pero no había llegado a los extremos de ahora. Fui consciente de este fenómeno degenerativo ya hace algún tiempo, cuando al cambiar el pañal a alguno de mis niños me salía la voz del pingüino Kowalski diciendo "Casi pierdo el conocimiento por un instante", o cuando censuraba algo al estilo de Cruella de Ville y su "¡Esto es una porquería del demonio!"Luego me sorprendía a mí misma contestando un "Sigue soñando, Trueno" a modo de negación, un "Espera un nanosegundo" para pedir tiempo, o un "Swiper no robes" para evitar que alguien cogiese algo. 
Este proceso de pérdida (o más bien reemplazo) de referentes culturales no sólo se limita a la repetición de frases lapidarias de los dibujos animados, sino que deja su huella también en los símiles y las comparaciones que vienen a mi cabeza: si alguien es estúpido, es más tonto que Patricio de Bob Esponja, si es un tacaño, es un Stingy de Lazy Town, si es un vago, es un Nobita de Doraemon, y si es un abusón, es como Boog de Fanboy y Chum Chum.
Otro síntoma: la semana pasada el Papi y yo vimos en casa una película de James Bond, y al salir su coche voy y suelto un "¡Mira, es Finn McMissile!" (de Cars 2), en vez de un "¡Mira, un Aston Martin!". Y otro: las razas de perro ya no son dálmata y cocker, sino un Pongo y una Reina; y los peces, por supuesto, son nemos y dorys.
elcalderodegaia.blogspot.com
es.disney.wikia.com
Pero el golpe de gracia vino el otro día. Me explicaba una amiga sus avances en la práctica de tiro con arco, al que se ha aficionado desde hace un par de años, y en mi mente apareció de manera automática la figura de Mérida, la arquera de la película Brave. Y ella (mujer cultivada y sin hijos, no como yo) me dice algo como "Parezco Diana cazadora." Y ahí me mató. Ella evocando la mitología clásica, y yo a una princesa Disney. 
¿Debería estar preocupada? ¿Es grave que las frases más sabias que he oído en los últimos tiempos provengan de la tortuga milenaria de Kung Fu Panda: "El Ayer es historia, el mañana es un misterio, el ahora es un regalo, por eso se llama Presente"; "A veces encontramos nuestro destino en el camino que tomamos para evitarlo". 
¿Que las más inteligentes vengan del saltamontes Hopper de Bichos: "Las ideas son algo muy peligroso"? 
¿Que las más graciosas vengan del panda Po: "La alucinancia no tiene precio, la atractividad tampoco"; del pingüino Ramón de Happy Feet: "Corramos un centímetro por hora"; "Una vez un bicho hizo eso y todavía lo buscan para darle con un palo", o de la mantis de Bichos"No sé qué estarás elucubrando en tu loco cerebrillo de hormiga"?
¿Nadie más que yo ha dicho alguna vez Hakuna Matata, o ha cantado Soy el mapa de Dora?
En fin, que en mi caso la maternidad me ha transformado el cuerpo, el espíritu, el corazón y el intelecto. 
¿Hasta cuándo durará esto? Eso sí lo tengo claro: "¡Hasta el infinito... y más allaaaaá!".


martes, 11 de junio de 2013

VISITA AL POBLADO INDÍGENA

DE CÓMO SALIMOS INDEMNES DE NUESTRO ENCUENTRO CON LOS SALVAJES

Hace un par de semanas nos fuimos, como buenos exploradores intrépidos que somos, a visitar un poblado indígena. Nada más llegar, me sorprendió lo avanzado de su arquitectura, y lo moderno de su vestimenta. Incluso llegué a pensar que nos habíamos equivocado de itinerario, y que aquello no era una tribu de salvajes. Pero me equivoqué. Además de salvajes, los habitantes de aquel poblado eran abiertamente incivilizados y hostiles. Unos proferían improperios en su lengua nativa, otros se dedicaban a lanzarse pedruscos, y otros a escupir desde un promontorio. Una piedra y un escupitajo nos pasaron rozando.
"¿Qué tribu será esta?", pensé. Mi primera opción fueron los Jíbaros, pero no se veían cabezas reducidas por ningún lado. Mi segunda apuesta fueron los Yanomami, pero no se asemejaban a los de la foto que había visto en la wikipedia:

Me dí cuenta de que, sorprendentemente, solo había individuos de muy corta edad a nuestro alrededor. Los miembros adultos de la tribu se mantenían bien lejos, cada cual enfrascado en sus propios asuntos. Usando entonces mis grandes conocimientos antropológicos, y echando mano de la Guía de Supervivencia de la Srta. Pepys que llevaba en la mochila, deduje hábilmente que dicho poblado pertenecía a la tribu de los Sinsumami, Sinsupapi, y Sinningúnadultoresponsablealcargo.
También se les conoce como "Niños asalvajados sueltos en el parque sin supervisión ni vigilancia".

Pues sí. Confieso que aborrezco profundamente ir al parque. Yo sola -con tres- ni me lo planteo, pero de vez en cuando algún alma caritativa (léase abuelas o tías) se ofrece a acompañarnos, y ahí sí nos lanzamos a la aventura, como sucedió aquel día. 
A mis niños les encanta ir, pero yo prometo que sufro. Sufro cuando veo al pequeño trepar por esas construcciones de madera que fabrican con la fea costumbre de dejar zonas sin protección, ni tobogán, ni rampa. Tan sólo el vacío y la nada. La leche que se meten cuando caen de ahí es de órdago, y lo digo por experiencia. Sufro con los niños que avasallan a otros en el tobogán. Con los que monopolizan el columpio. Con los que salpican agua de la fuente. Con los que arrojan arena a los ojos de los demás. Con los que atropellan con la motofeber y luego se dan a la fuga. Con los que dan balonazos en la cabeza o en la barriga de las embarazadas. Con los que escupen desde los sitios elevados. Con los que tiran piedras del tamaño de una patata mediana. Pero sufro todavía más cuando veo a los adultos -supuestamente responsables- sentados en los bancos, leyendo sus libros, jugando con sus ipads, o de charla distendida con otros. Cuando no están en una terracita (más o menos lejana, qué más da) de cervezas. O cómodamente en su casa, o en su negocio, casualmente situados justo al lado del parque. Sufro, y me indigno.
Y ya me sé de memoria el rollo de que los padres también tenemos derecho a disfrutar, y que no hay nada malo en cultivar las amistades parquiles, que no se puede ser tan sobreprotectores y no hay que estar encima de los niños, que hay que dejarles a su aire, para que socialicen, y maduren, y resuelvan sus conflictos y bla, bla, bla. Estoy de acuerdo. A mí también me gusta sentarme en el banco, de tertulia con otras madres, disfrutando del aire libre, y del solecito si hay suerte. Pero tengo el suficiente sentido común para darme cuenta de que, hoy por hoy, esto no es posible. Quizá dentro de tres o cuatro años pueda hacerlo, cuando no tenga niños pequeños a los que echar mi (¿sobreprotector?) ojo. Porque conozco a mis hijos, y sé perfectamente a cuál puedo dejarle campar a sus anchas, y a cuál hay que atarle en corto. Así que mi vida social en el parque se reduce a microconversaciones (a pie) interrumpidas por un "te dejo que no veo a este", "espera que voy a darle el plátano al otro", o un "¡¡¡Cuidado que te matas!!!".   
Y me pregunto qué pasa con el resto de padres. ¿Dónde estaban los de los niños que tiraban el pedrusco que no le dio en la cabeza al Pequeño de milagro? ¿O los de los niños escupidores? ¿O los de la niña que intentó echar al Mediano del columpio? Ninguno de ellos creo que superase los 6 años, y aunque tuviesen 14, si sé que mi hijo es de naturaleza asilvestrada (como tengo yo alguno), ¿no debería estar más pendiente de él? Por su propia seguridad, y por la de los otros usuarios del parque. Quizá esos padres no conozcan a sus hijos, y piensen que tienen un modelo de conducta y civismo en casa. O quizá se esté más cómodo con el culo pegado al banco, leyendo el libro, jugando con el ipad, o de charla distendida con otros adultos. 

sábado, 8 de junio de 2013

LA BRIGADA DERMATOLÓGICA CONTRA LOS PADRES MALTRATADORES

SOBRE DECLARACIONES DESFORTUNADAS Y CREMAS SOLARES

periodistadigital.com

¡Enhorabuena a D. José Carlos Moreno! ¿Que no sabéis quién es? Pues el presidente de la Asociación Española de Dermatología y Venereología, que ha conseguido ser noticia y salir en todos los periódicos del país. ¿Será que se ha hecho algún extraordinario descubrimiento en su campo, o que se ha conseguido algún avance significativo en lo suyo? Pues debe ser que no, pues la noticia (que podéis ver pinchando aquí) aparece en la página de Sociedad, y no en Cultura, ni Actualidad, ni en Última Hora.
Resulta que el bueno del Sr. Moreno ha declarado el pasado viernes, durante un congreso celebrado en Valencia que "un niño correteando desnudo por la playa y sin protección es un caso de maltrato infantil, así como lo es la cada vez más infrecuente dermatitis del pañal, pues no debe exponerse al sol a un bebé de menos de 6 meses". 
¿¿¿¡¡¡Cómo!!!??? En mi pueblo esto se llama demagogia barata, es decir, apelar a las emociones de la gente, a sus miedos, a sus sentimientos, manipulando la realidad para conseguir su favor y su apoyo. Porque todos sabemos lo sensibilizada que está nuestra sociedad con el tema del matrato (como debe ser, por supuesto), y meter en el mismo saco el no echar fotoprotección a un niño, o exponer al sol a un bebé chiquito, me parece cuando menos ridículo, indignante e inmoral. 
El presidente de esta Asociación debería darse cuenta del alcance de las palabras, y del poder de la retórica. Quizá sólo sea un ignorante bocazas, que soltó lo primero que le vino a la cabeza sin medir sus declaraciones. O quizá sí se ha dado cuenta, y lo que buscaba era precisamente esto, un titular con el que copar portadas y periódicos. Pues lo ha logrado, aunque sea de manera fraudulenta y penosa.
Podría haber afirmado que es perjudicial y peligrosísimo para la salud dejar que un bebé tome el sol, al igual que no echarles crema protectora a los niños. Que tiene efectos devastadores en su delicada piel, que puede pasarles factura y degenerar en un melanoma... en fin, verdades innegables científicamente contrastadas. Pero de eso a entrar en el delicado asunto del maltrato infantil, lo considero aberrante. 
¿Acaso pretende instaurar en las playas una especie de Brigada Dermatológica, para controlar este horrendo delito? ¿Irán sus integrantes revisando niño por niño, pidiendo el DNI a los bebés para ver si son mayores de 6 meses, y comprobando si la crema solar tiene el índice adecuado y es de la marca autorizada por la Brigada? Porque esta es otra, ya puestos, podrían estar patrocinados por algún prestigioso laboratorio, de esos tan eminentes que son incapaces de fabricar un fotoprotector que dure más de doce meses... ah, no, que eso es para ganar todavía más dinero, ¿o era para estafar a los compradores? ¿o para incentivar el consumo?
Lo dicho, a mi juicio el señor Moreno se ha cubierto no de gloria precisamente, sujetos como él desprestigian a todo el gremio de dermatólogos, que harían muy bien en darle una patadita en el culo e invitarle a abandonar la presidencia de su Asociación. Pero como ya todos sabemos, en este país todo vale, el verbo dimitir no consta en el vocabulario de ninguna persona que ocupe cargos públicos, y rectificar y pedir disculpas se considera de cobardes.
Así que seguiremos lucrando a las farmacéuticas, gastando el dinero en comprar religiosamente cada verano un nuevo fotoprotector, encremando bien a los niños y vigilando a nuestros bebés, pero no porque lo diga un pájaro con afán de protagonismo y ganas de llamar la atención, sino porque creemos que es lo mejor para ellos. 



viernes, 7 de junio de 2013

VIERNES DANDO LA NOTA: LOVE WALKED IN (THUNDER)

www.thunderonline.com
¡¡¡Hoy os traigo una canción que estoy completamente segura que nadie va a conocer!!! Soy consciente y lo asumo. Pero es que es una canción que me encanta. 
Su historia se remonta a los años 90, aquella época en la que mis padres y el resto de vecinos del edificio decidieron poner una antena parabólica en casa. Con ella podíamos ver tropecientos canales europeos de televisión (las RAI, TeleFrance, Eurosport, RTL...), de los cuales sólo me interesaban dos: la MTV y el extinto Super Channel. Las dos eran cadenas musicales, y las dos eran del Reino Unido, por lo que muchos de los artistas que por allí se dejaban caer (en persona o en formato vídeo) eran británicos. Así conocí a mis adorados Thunder. Ésta fue la primera canción que escuché de ellos, y como suele decirse, fue amor a primera nota. 
Con vuestro permiso, le dedico esta canción, Love Walked In, a Papi (por supuesto, porque contigo el amor llegó a mi puerta!!! :-)) y a mí misma, porque hoy es mi cumpleaños!! ;-)
¡¡¡Buen fin de semana para todos!!!
     


miércoles, 5 de junio de 2013

LA MATERNIDAD DE LA A A LA Z: A DE ALARMISMO

DE LOS PELIGROS DE LOS ALARMISTAS CON SU INSUFRIBLE ALARMISMO


El alarmismo materno es un mal común que nos aqueja desde el mismo momento en que decidimos comunicar al mundo nuestro estado de buena esperanza. Contrariamente a lo que pudiera parecer, las madres solemos ser las principales víctimas de este mal, y no las causantes. 
Las madres, por lo general, no solemos ser alarmistas en extremo, ya que algo en nosotras, -llámese sentido común, intuición, o instinto- actúa de tal forma que nos lleva a discernir, la mayoría de las veces con acierto, la naturaleza peligrosa (o no) de determinada situación, a la vez que nos frena para no caer en la histeria del alarmismo sin mesura (la preocupación justificada, las dudas, el temor y el instinto de protección son otra cosa. No se me confundan).
La verdadera amenaza del alarmismo materno procede del exterior, y se cierne sobre nosotras cuando menos lo esperamos y aún menos lo necesitamos. Los alarmistas proliferan a nuestro alrededor como los champiñones en temporada de setas. Se camuflan entre nuestros parientes, amigos y vecinos, y también -cómo no- entre perfectos desconocidos. Todos disfrazados de consejeros desinteresados y solícitos, se reconocen por no ver nunca el vaso medio vacío, sino directamente sin agua y a punto de romper. 
Los alarmistas son los que durante todo el embarazo te machacan con lo de "si tomas esto al niño le saldrán manchas" o "si te acercas al gato pillarás la toxoplasmosis", son aquellos tan majos que en el noveno mes intentan convencerte de parir sin epidural por si te dejan una parálisis permanente en las piernas. Sí señor, los ánimos que no falten.
Ya con niños, los alarmistas son los que te previenen de los peligros de dejar a tu bebé solo con su hermano mayor, no sea que le dé un ataque de celos, le empuje cuna abajo y le rompa la crisma.
Son también los que ven piojos en un simple picor de cabeza, otitis en un tocamiento orejil, cistitis en dos visitas seguidas al water, gastroenteritis en una caca suelta, sarampión en un granito, raquitismo en un cuerpo delgado, un trombo en una vena que se nota, y meningitis en un dolor de cadera. Por ejemplo.
Con sus predicciones optimistas y advertencias alegres, los alarmistas contribuyen a que nuestra vida de madres sea más amena, fácil y llevadera. Porque no nos llega con preocuparnos con lo realmente digno de preocupación. Necesitamos ponernos en el peor de los casos, y pensar en la más terrible de las posibilidades (por improbable y remota que resulte). Nos encanta malgastar tiempo y energías en descartar lo absurdo y confirmar lo obvio. Nos fascina escuchar los negros augurios de los alarmistas, pues todo cuanto nos cuentan está basado en historias reales como la vida misma, pues lo mismito, lo mismito le sucedió al hijo de fulanita, menganita o zutanita, ¡y mira ahora cómo están!
El alarmismo materno se sustenta en estúpidas premisas del tipo: ¿Por qué confiar en el criterio de una madre, cuando el juicio del alarmista de turno suena más acertado (y mucho más trágico, de paso)? ¿Por qué fiarnos del instinto de una madre, sin aval ni evidencias científicas que lo respalden, cuando el alarmista aporta los más veraces testimonios para corroborar sus vaticinios?
Pues está claro. Porque una madre, nos guste o no, sabe mejor que nadie lo que le pasa a su hijo. Es capaz de traducir su llanto, sus balbuceos, sus palabras mal articuladas y sus frases mal construidas. Lee los gestos de su rostro e interpreta las expresiones de su cuerpo. Una madre es la que mejor comprende a su hijo. Y su conocimiento, su experiencia y también su instinto, hace que sea capaz de discernir si llora por capricho o por puro cansancio, por cólicos o por el agobio de extraños, por celos o porque han herido sus sentimientos.
Así que, señoras y señores que van por la vida agobiando a las madres con "a ver si va a ser esto", "a ver si va a tener aquello", "a ver si le va a pasar esto otro como a fulanito": guárdense sus negras y funestas opiniones, consejos y advertencias en el bolsillo. Que ser madre ya trae consigo la preocupación de serie, y no necesitamos para nada el extra del alarmismo.

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