SOBRE EL ODIOSO CHANTAJE EMOCIONAL PRACTICADO POR ALGUNAS MADRES
Si hay algo que me repatea oír en boca de una madre es el famoso "después de todo lo que he hecho por ti..."
¿Quién no se lo ha escuchado, en alguna serie o película, a la vieja malvada de turno que intenta así manipular la voluntad de su hijo? O peor aún, puede que incluso alguno de vosotros haya tenido la desgracia de recibir semejante perla de su propia y venerada madre.
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"Después de todo lo que he hecho por ti...", da igual que se diga con voz ahogada por el llanto, entre suspiros lastimeros o en un grito de indignación. Para mí esto es el más claro ejemplo de chantaje emocional, y el más vil y rastrero que pueda encontrarse. ¿Dónde ha quedado el supuesto amor incondicional de madre, dónde la entrega y el sacrificio?
En el momento en que se exige (o se pide, o se suplica) una contrapartida, una contraprestación, un pago por haber amado, y por haber ejercido de madres, algo ha fallado. Alguien se ha equivocado en su rol materno, alguien ha confundido u olvidado lo que eran sus obligaciones y responsabilidades. "Todo lo que he hecho por ti": alimento, vestido, cobijo, sanidad, educación... ni más ni menos que TODO LO QUE SE TENÍA QUE HACER.
¿Acaso ese hijo nacido de tus entrañas te pidió nacer? ¿Acaso él lo escogió, o te obligó a hacerlo? Pues una vez que lo has traído al mundo, lo natural, lo normal, lo lógico es que te hagas cargo de él, que lo cuides, y proveas lo necesario para su educación y crianza. ES LO MENOS QUE PUEDES HACER POR ÉL.
Me indignan las madres que echan en cara a sus hijos "todo lo que han hecho por ellos". Y por supuesto no debemos confundir esto con faltar al respeto a las madres, claro que no. Pero una cosa es reivindicar humildemente nuestro trabajo con satisfacción, y otra muy distinta el andar exigiendo a los hijos medallas, aplausos o recompensas.
Cuando nuestros hijos crezcan y se hagan adultos, si tienen el discernimiento necesario y el criterio suficiente, serán capaces de ver lo que hemos hecho por ellos, tanto lo bueno como lo malo, si fuimos amorosos o dictadores, cercanos o distantes, si les dimos alas o les cortamos las raíces de cuajo. No hará falta recordárselo, ni que se lo restreguemos por las narices.
Pero muchas veces se confunde el reconocer los fallos de nuestros progenitores con ser un desagradecido, el rechazar su manera de hacer las cosas con ser un descastado, el evidenciar que podían haberlo hecho mucho mejor con ser un mal hijo. Y no es así. Amar (a una persona, incluyendo hijos y padres) no significa dar siempre la razón, ni aprobar y justificar todas las acciones y todos los comportamientos del presente o del pasado. Esta es otra forma de chantaje emocional, a mi modo de ver mucho más extendida, pero igualmente perniciosa.
Como madre, mi prioridad absoluta es la felicidad y el bienestar de mis hijos, y le pido a Dios que en el futuro me guarde de ser una chantajista emocional, una de esas madres con el "después de todo lo que he hecho por ti" siempre listo en la punta de los labios, una de las que se consideran merecedoras de amor absoluto y respeto total por el simple hecho de, un día (no sé si bueno o funesto), haber tenido un hijo.