DE LO QUE PASÓ DESPUÉS DE QUE AL LOBITO BUENO LE TOCARAN MUCHO LAS NARICES
Érase una vez
un lobito bueno
al que maltrataban
todos los corderos.
Y había también
un príncipe malo,
una bruja hermosa
y un pirata honrado.
Todas estas cosas
había una vez.
Cuando yo soñaba
un mundo al revés*.
Pero el lobo bueno
se cansó, al fin,
de aquel vejatorio
trato corderil.
De ser minoría
con propia opinión,
mientras los corderos
balan a otro son.
Al son que les marca
su líder cordero,
y no se preguntan
si hacen lo correcto.
La presión del grupo
les hace acatar
la opinión cordera
de su sociedad.
Y el lobito bueno
quedó hasta el hocico
de aguantar balidos
y cerrar el pico.
Se hartó de engreídos
y de los pelotas,
de los prepotentes
y de los idiotas.
Del miedo a la masa,
se hartó de tener
que sonreír siempre
y decir "amén".
"Amén" al designio
de la sociedad,
a lo que se lleva,
a lo popular,
a aquello que dicta el
gurú del momento
por vía de twitter
o algún otro invento.
Dictando sentencias,
creando opinión,
marcando las normas
del sí y del no.
De lo que se puede
pensar y decir,
de lo que se debe
creer y sentir.
Todo siempre en aras
de la modernez,
de la tolerancia,
y el dejar hacer.
Y el lobito estaba
bien hasta el carallo,
y pensó: Me niego,
yo ya no me callo.
Yo ya no me trago
ya más tonterías,
manipulaciones
de mi yo y mi vida.
Elijo ser libre,
elijo pensar
sin intermediarios
y sin achantar.
Y si mis creencias
no se acomodaren
al credo imperante,
entonces ya saben:
Que me estigmaticen,
que me miren mal,
que me llamen cosas,
que no me hablen más.
Que tachen mi nombre
de la lista guay,
y a la lista negra
pase yo a ingresar.
Persona non grata,
el lobito ruin,
cánido perverso
y de mal vivir.
El intransigente,
el intolerante
el que no comparte
el orden reinante.
El lobito tonto
que no comprendía
el funcionamiento
del mundo de hoy día.
Que las cosas cambian,
y que los valores
son a conveniencia,
de muchos colores.
Será blanco o negro,
será gris o no,
será azul mañana,
pero rojo hoy.
Decidió el lobito
ser fiel a sí mismo,
y escapar de lobbys
y de fanatismos.
De perdonavidas,
progres liberales
que en verdad esconden
crueles talibanes.
Los que no toleran
otro pensamiento
que el que ellos imponen
en sus mandamientos.
Me voy con los míos
a mi madriguera
pues a estos corderos
no hay quien los entienda.
Y como soy bueno y
muy civilizado,
no voy a comerlos
de un solo bocado.
No sea que sus carnes,
de egoísmo infladas,
a mi barriguita
le caigan pesadas.
Mas yo ya no voy
a seguir su juego,
ya no me acobardo,
ni les tengo miedo.
Alzo la cabeza,
no callo la boca,
con la frente erguida
diré lo que toca.
Balad, corderitos,
llamad más corderos
que aumenten las filas
de ciegos borregos.
Balad, corderitos,
insulsos balidos,
mientras ignoráis
cómo es el lobito:
Es bueno, y no tonto,
sensato, y más listo
que cualquier idiota
y perro corderito.
Y no está él solo,
pues hay más lobitos
buenos que harán frente a
malos corderitos.
*Poema de José Agustín Goytisolo












