¿Árbol de Navidad? Puesto. ¿Belén de Playmobil? Colocado. ¿Luces en las calles? Encendidas. ¿Calendarios de Adviento de chocolatinas? Milagrosamente consumidas cada una en su día. ¿Cartas al gordo de rojo y a los Reyes Magos? Escritas. ¿Regalos para los niños? Comprados. ¿Villancicos? Que no falten: It's Christmas time!
¿Qué es lo primero que se os viene a la cabeza al leer esta palabra? A mí, sin lugar a dudas, la canción de Abba. ¿Y lo segundo? Pues la famosa batalla ésa donde Napoleón las pasó moradas (disculpad mi poco rigor histórico, la Historia nunca se me ha dado bien). Así que hoy me vais a permitir que me ponga las pinturas de guerra y ponga la nota belicosa en nuestro particular diccionario maternal.
Somos muchas las que, en algún momento, hemos echado mano de la imagen de la maternidad como una batalla. Ser madres nos vuelve quizá más luchadoras, combativas o guerrilleiras de lo que éramos antes, y nuestro trajín diario se asemeja -en multitud de ocasiones- a una lucha con un sinfín de frentes abiertos: el económico, el laboral, el doméstico, el escolar, el familiar... Pero no quiero entrar en este tema, pues cada uno sabrá bien si en estos campos se enfrenta a escaramuzas sin importancia o a guerras encarnizadas y eternas. De lo que quiero hablar hoy es de identificar claramente a nuestros enemigos.
Me entristece mucho cuando oigo hablar a padres en términos de lucha permanente con sus hijos, como si en su hogar se viviera en un continuo y prolongado estado de sitio.
Un hijo visto como un enemigo ¿puede haber algo más triste? Y no me refiero a las "batallitas" normales con las que todos lidiamos del tipo "acábate ya el Colacao", "no te bajes el pantalón", "no te comas los mocos", o "a dormir que es tarde".
Hablo de guerras que hacen daño, basadas en el autoritarismo paterno y que buscan la rendición y el sometimiento absolutos de los hijos. Hablo de niños que viven en un auténtico Régimen del Terror (pues recordemos que el maltrato no sólo es físico), niños criados en el "aquí se hace lo que yo mando, y punto", y en el "mientras estés en mi casa harás lo que yo te diga". Hablo de padres que consideran a sus hijos el enemigo a batir, padres inmersos en la guerra de doblegar la voluntad de sus hijos a su antojo, padres, por ejemplo, que han creído y practican la (a mi juicio estúpida) máxima de "los castigos hay que mantenerlos siempre hasta el final, cueste lo que cueste" (¿dónde quedan el arrepentimiento y el perdón, el rectificar y las segundas oportunidades? Luego confundirán la firmeza con la venganza, la rectitud con la crueldad, y la coherencia con el rencor). Hablo de padres que declaran la guerra a sus hijos nada más nacer, siguiendo ciegamente los preceptos del iluminado de turno que decretó que los bebés eran manipuladores maquiavélicos a los que es necesario atar en corto, no sea que se suban a la parra, y nos manejen a capricho. Padres que viven en conflicto permanente con los hijos, que adoptan por lema el "con nosotros no van a poder", lo que parece conferirles carta blanca para hacer cualquier cosa para "educar correctamente" (¿o era amaestrar?) a su prole (a saber: dejarles llorar hasta que revientan, dejarles sentados -y sin moverse- horas delante del plato hasta que coman todo aunque se meen encima o vomiten, etc. etc.)
Por supuesto que cada uno educa a sus hijos como mejor sabe o puede, pero me niego a aceptar esto como una excusa válida para hacer sufrir a un niño, ni para convertir su infancia en una guerra infernal. Si uno no sabe, que pregunte o que se informe. Si uno no puede, que pida ayuda.
Los hijos nunca son enemigos. En una relación sana de padres-hijos no debería haber bandos, ni vencedores ni vencidos, ni opresores ni oprimidos. Y creo que no hace falta ser psicóloga infantil para decir esto, pues es de sentido común.
Claro que la maternidad es, muchas veces, una batalla, pero sin duda los enemigos son otros:
-las personas que comparan a tus hijos con otros niños (propios o ajenos), poniendo en tela de juicio tu capacidad como madre ("¿estaré haciendo algo mal?") y al mismo tiempo minando la autoestima de los pequeños ("¡¿Pero aún no sabe hablar/leer/caminar/ir al baño/atarse los cordones/sumar/restar/nadar/andar en bicicleta...?! Pues fulanito ¡dónde va que hace eso él sólo!).
-las personas que creen que tus hijos estarían mejor con ellos ("Pues conmigo come/duerme/se comporta de maravilla. Es que a ti no te respeta/no sabes tratarle/no le conoces/no le haces caso").
-las personas que se creen en posesión de la verdad absoluta, y desaprueban y critican tu modo de crianza por no ajustarse a los cánones que ellos consideran válidos ("¿Cómo le dejas hacer tanto ruido/ cómo no está quieto y callado/ cómo duerme en tu cama/ cómo aún le das teta...?")
-las personas de cierta edad que sólo saben decir con desdén "No sé como hacíamos los demás", y con prepotencia "En mis tiempos esto lo hacíamos así".
Estas personas y otras similares son el verdadero enemigo a batir en la batalla de la maternidad. Pueden ser familiares, amistades, conocidos o extraños. Contra estos hay que estar vigilantes y alerta, y según nos convenga, proceder a ignorarles y tocar retirada, o contraatacar a lo bestia y sacar la artillería pesada.
Y bueno, que no me resisto a acabar sin poner el vídeo de la canción!! Me encanta :-D
Para aquellos que no la conozcáis, os presento a Doro Pesch, y como bien dice el cartelito, es una de las cantantes de rock que merece la pena escuchar (en solitario, o con su grupo Warlock). Esta cantante alemana fue una pionera, una de las primeras chicas que triunfó en el heavy metal, el toque femenino en un mundo dominado por hombres. Hoy os traigo una de sus canciones más conocidas, interpretada en alemán (salvo algunas frases en inglés). No sé por qué no me deja poner el vídeo, así que os dejo el link aquí: Für immer (Para siempre) ¡¡¡Espero que os guste!!!
Hace ya varias semanas que mi queridísima Mukalime otorgó el premio "Conóceme". ¡Muchísimas gracias! Se trata de un cuestionario-interrogatorio de 55 pregunticas, y viendo el contenido de muchas de ellas, se deduce que fue un premio originado en un blog de belleza o tendencias, o como se llamen ese tipo de blogs. Así que ¡vamos a reírnos un rato! :-D
¿Cómo te llamas?: María Isabel.
Edad: 38 añitos.
Color de ojos: Verdosos.
¿Donde vives?: En el "Balcón del Atlántico", "Ciudad de Cristal", o "Ciudad donde nadie es forastero" (es decir, en A Coruña).
Color preferido: Todos, sobre todo el rojo y el negro (¡y últimamente el rosa!)
Cosmético preferido: Rimmel negro, lápiz negro y sombra negra. Quedan monísimos dentro del armario del baño.
Producto de maquillaje: ¿Que use? Crema hidratante y da gracias.
Gloss o barra de labios: Crema de cacao.
Perfume o colonia: Hace años recuerdo que me entusiasmó Rush de Gucci. No sé a qué categoría pertenece, quizá perfume, porque atufante olorosa era un rato largo...
¿Cómo sueles llevar el pelo?: Claramente con libertad de expresión.
Lo más imprescindible que llevas en tu bolso: Las llaves, el móvil, la cartera, chicles, pañuelos de papel y algún juguete.
Lo más imprescindible que llevas en el neceser: ¿Qué neceser? ¿No llega con el bolso?
Color de pelo: Castaño.
No puedes salir de casa sin... las
llaves.Tengo miedo de olvidarme de ellas y que luego no pueda volver a
entrar. Nunca me ha pasado, pero sólo de pensarlo me entran
escalofríos!!!
¿Eres “adicta” a algo?: Le robo la frase a Mukali: sólo a las cosas buenas de la vida.
Olores que más te gustan: Lo que huela a limpio, pero limpio de verdad (no el pestazo de la lejía, ni el tufo de un desodorante for men).
Y pienso que cada estación tiene sus olores: ahora mismo me encanta el
olor a castañas asadas, a chocolate caliente deshaciéndose lentamente en
el cazo, y a Navidad.
¿Qué no soportas? ¿De
olores? Los corporales (sudor, pis, estornudos...), el de la fritada,
el de la verdura cocida, el de ajos y cebollas sin tapar cuando abres la
puerta de la nevera...
¿Qué producto te ha decepcionado?
Me decepcionan todos los productos que sólo venden una marca y nada
más. Porque gastar un dinerillo en algo "de primera marca" que resulta
ser notablemente inferior a los de "marca blanca", pues me deja cara de
tonta y la sensación de que me están tomando el pelo.
¿Qué producto te ha sorprendido?: Me sorprende cualquier producto que aúne calidad y precio de verdad, no porque lo digan en la tele.
¿Tienes algún apodo?:
En mi calle me identificaron una vez como "la de los tres niños". No
tengo apodos, pero con nombres tan comunes como los míos me llaman con
todas sus variantes posibles: Isa, Maribel, Beli, Bel, Beluchi, Belita,
Mari, Isabel... duplicados además con sus correspondientes diminutivos
en "-iña". Mi hermana, además, me llama Pitu (abreviatura del apelativo
cariñoso Pitusiña), igual que yo a ella.
¿Qué es lo que no puede faltar en tu maleta?: ¿La ropa?
La serie más reciente a la que te has enganchado: Pues hemos empezado a ver Sleepy Hollow.
Llevo dos capítulos, y aunque en algunas escenas poco gratas me he
tapado los ojos (soy una miedica, ya lo sé) en general tiene buena
pinta. Pero aún no hay que echar las campanas al vuelo, a lo mejor el
resto de la serie resulta ser un bodrio infumable!!!
Un capricho cumplido: No soy de grandes caprichos.
Mi prenda favorita de otoño:
Las medias hasta la rodilla que compró mi madre por error y me las pasó a mí, y el forro polar azul supercalentito y suave que
le he tomado prestado al Papi y que uso para andar por casa.
Un objeto de deseo: La casa autolimpiable y la ropa autoplanchable.
Un diseñador:
Muchos, sobre todo los que hacen ropa femenina (¡odio lo andrógino!)
favorecedora, bonita y práctica. Por eso me horrorizan David
Delfín y similares, no acabo de entender ese concepto de moda.
Un sabor: Sin duda, el dulce.
Una fruta: Me gusta toda la fruta cuando está madura. Estos días me ha dado por los kakis. ¡Qué ricos están, no entiendo como al resto de habitantes de la casa no les gustan!
Un lugar para visitar:Dinópolis con los niños, cualquier lugar con el Papi.
Una ciudad: La mía.
Un lugar para enamorarse: Cerca del mar.
Un complemento: Me
encantan los sombreros, pero no acabo de atreverme con ellos, pues creo
que no basta con encasquetarse uno en la cabeza y salir por la puerta,
sino que hay que ir en consonancia, bien arregladita. Cuando hace mucho
frío me calzo un gorro muy abrigoso.
Un plan para un domingo otoñal: Acurrucarse en el sofá bajo la manta junto al Papi viendo la tele.
Una cadena: De radio, Rock FM; de tele, ninguna!!!
La última canción que se instaló en tu cabeza: The Eye of the Tiger de Survivor (la de la peli Rocky), una de las canciones favoritas de mis niños. El Peque la tararea a todas horas.
Una actriz: No tengo una clara favorita. Me gustan Kate Winslet y Rachel Weisz, por ejemplo.
Un actor:
El otro día un tío empezó a hablar ex-cátedra y a decir que a "las
mujeres de verdad" les gustaban Harrison Ford, Robert Redford y Robert
de Niro, y que a "las niñas" les iban Hugh Jackman, Gerard Butler y
similares. Yo es que soy una niña (pero siempre habrá un huequito para
mis británicos favoritos: Kenneth Branagh, Gary Oldman y Ralph Fiennes).
Una musa: Mi Papi y mis niños.
Una revista: De cine, la Fotogramas; de música, la Metal Hammer; y del corazón, la Cuore.
Un sueño: La felicidad de mis hijos.
Último vicio: Este blog.
¿Con qué regalo siempre aciertas?: No lo sé.
Mi postre favorito: Me encantan las texturas del mousse, la bavarois, la crema... postres "blanditos" con chocolate, leche condensada, nata...
Lo que te molesta:La maldad, la chulería,
la prepotencia, la ignorancia atrevida, los que van de tolerantes y no
lo son, los que se creen estar en posesión exclusiva de la verdad, los
manipuladores, los que no tienen criterio propio... esas cositas.
Blanco o negro: El blanco para el chocolate, el negro para la ropa.
Tu mayor fobia: A una enfermedad incurable, a un accidente, a una desgracia...
Actitud de todos los días: Hacer las cosas lo mejor que se pueda, sin perder los nervios ni la sonrisa :-) E intentar no gritar demasiado con los niños :-(
¿Qué es la perfección?:
Una meta totalmente inalcanzable, pero eso no debe ser excusa para
anclarnos ni conformarnos con la mediocridad o la deficiencia.
Animal preferido: El oso.
Número favorito: El 7.
Perfume que estoy usando: ¿Admitimos el desodorante Dove?
Última vez que usaste sombra: ¡El domingo pasado! Era de color verde.
Días de la semana favoritos:
El sábado, porque solemos estar los cinco solos y juntitos en casa, y
los domingos y los miércoles porque comemos en casa de las abuelas y me
libro de hacer la comida :-D
¿Tienes las uñas pintadas ahora mismo?: Ja, ja, qué risa. Creo que en toda mi vida
las he pintado tres o cuatro veces: una el día de mi boda (manicura
francesa), otra este verano, cuando me dio por comprar esmalte negro y
las pinté, y un par de veces con brillo. Me gustan las uñas pintadas en
las demás, pero en mí no acaban de convencerme, creo que no me quedan
bien.
Mi pasión: Ser feliz con mi Papi y mis niños.
Y le paso este premio con mucho cariño a cinco blogueras de pro:
Hoy vamos a hablar de tacos. Pero no precisamente de los que se comen, ni de los que se usan para jugar al billar. Vamos a decir tacos, así que pido perdón por adelantado por las expresiones bajunas que en los párrafos siguientes van a aparecer.
taringa.net
Resulta que me dice una persona que mi hijo Mayor es muy "infantil". En cambio, Fulanito, Menganito y Zutanito (niños de su misma edad, e incluso algo mayores) son más maduros y espabilados porque dicen tacos y cuentan chistes verdes. Da igual que todos sepan lo mismo, jueguen a lo mismo, se rían de lo mismo, y tengan miedo de lo mismo. Ahora se es infantil por no decir hostia y joder. Los niños maduros son los que, desde los tres años, aderezan sus conversaciones con coño, hijodeputa y gilipollas, y no los que demuestran generosidad y empatía. Madurez es soltar chistes de chupar los huevos y mirar tetas, y no esa tontería infantil de ser bueno y preocuparse por lo que le pasa al prójimo. A esto hemos llegado en nuestra sociedad.
Sin ánimo de pretender quedar como una niña buena ni una mosquita muerta, diré que nunca me han gustado los tacos, y nunca he sido muy amiga de decirlos, confieso que a lo más que llego es a mierda y tocar o carallo (la versión española me suena muy fuerte), y nunca los suelto delante de mis hijos. Será porque de pequeña los escuchaba demasiadas veces, y me hacían daño. Recuerdo perfectamente, por ejemplo, a un compañero del colegio (con su nombre y sus dos apellidos) que se sentaba delante de mí, que me insultaba llamándome putabarata. No creo que tuviéramos ni diez años, y de verdad que me dolía sobremanera, incluso sin saber el significado del término. Vaya si dolía.
Y tampoco entiendo a la gente que por cada cuatro palabras suelta tres tacos. Sé de algunas que lo hacen para tirarse el rollo de "mira qué moderna soy", pero sinceramente no acabo de comprenderlo. Nuestro idioma es lo suficientemente rico y variado como para limitarlo sólo a media docena de vulgaridades.
No soy tan ingenua como para pensar que mis hijos nunca van a escuchar tacos, porque no van por la vida con tapones en los oídos. Ellos, como todos los niños, son esponjas que absorben lo bueno, lo regular, y lo malo, así que algunos los aprenderán en el colegio, otros de boca de familiares y conocidos, y otros en la televisión. Pero que los escuchen y los conozcan no implica obligatoriamente que vayan a formar parte de su vocabulario habitual, y pienso que aquí entra nuestra labor como padres, si es que este tema nos preocupa. A lo mejor les reprendemos cuando dicen alguno, y les enseñamos que no es bueno decir palabras malsonantes, sobre todo cuando se utilizan como insulto contra otra persona. O a lo mejor no le damos mayor importancia, y lo dejamos correr. O nos reímos cuando los sueltan, y les alentamos, e incluso les enseñamos alguna cosa soez más, para que sean "los más guays" de la clase. Esa es, en definitiva, cuestión de cada uno, pero lo que me indigna, lo que me toca las narices (por no decir o carallo) es que generalmente se asocie el soltar sapos y culebras por la boca con ser más maduro, como si el palabroteo y la malicia fueran los únicos indicadores válidos y fiables de la madurez personal de un niño. Por ahí sí que no paso.
Ojalá empezáramos a cambiar el chip, y nuestra sociedad empezase a valorar positivamente los rasgos nobles en los niños, y no las muestras de descaro y malicia. Pienso que otro gallo nos cantaría.
Hace un par de días que publiqué un post condenando la violencia doméstica ("No más ríos de lágrimas") que iba acompañado de una canción un poco tristona.
Así que hoy vengo con una canción pienso que más positiva y alegre. Se titula "You're the voice", y está interpretada por John Farnham (aunque ha sido versionada montones de veces). Es de los años 80 (otra vez, ejem), y aunque se supone que es un alegato en contra de la guerra, pienso que podemos hacerla nuestra y aplicarla a muchas más situaciones injustas, como por ejemplo, el maltrato.
¡YO CONDENO!
"Tú eres la voz, inténtalo y compréndelo, haz ruido y deja claro que no vamos a quedarnos sentados en silencio, no vamos a vivir con miedo".
Cuando en mi tercer embarazo nos aseguraron (ecografía 3D mediante) que íbamos a tener una hija, mi instinto de niña mirando embelesada el catálogo de conjuntos de la Nancy afloró por completo. Me encantaba pasear por los pasillos rosas de ropita para niñas, cautivada por aquellos delicados vestiditos. Todo me resultaba precioso y encantador: tules y volantes, flores y brillos, lazos de raso y estampados primorosos... pero un instinto más fuerte (o mi sentido común, o mi legendaria habilidad para ponerme siempre en el peor de los casos) me refrenó de comprar prenda alguna (lo único que cayó fue una bolsa de paseo de color rosa, hábil trabajo de la vendedora de turno que me convenció de que aquella era la oportunidad de mi vida). Así que cuando en la última ecografía un desagradable, seco y áspero individuo (rayano en lo impertinente) me soltó aquello de "ya sabes que es niño, ¿no? Y además es pequeño", experimenté una rara sensación, mezcla de pena y preocupación. Pena, porque alguna ilusión ya me había hecho con la nena, pero sobre todo preocupación por aquel "es pequeño" sin más explicaciones, dejándome acongojada hasta la visita al ginecólogo, quien vino a decir que todo estaba perfecto, y que el de las ecografías hubiera estado más guapo callado. Pero volvamos al tema: la realidad varonil dio al traste con todos mis sueños de color de rosa, dejando paso a renovadas ilusiones de color azul. Y me despedí de los vestiditos, aliviada al mismo tiempo por no tener que verme en futuras encrucijadas del tipo ¿zapatitos de charol o merceditas de terciopelo? ¿faldita de vuelos o shorts de pana? ¿pantalón vaquero o mini de punto? ¿leggins o vestido? ¿perlitas o brillantes? Con un varón, la pugna tiene lugar (al menos en mi caso) entre camisa o camiseta, pantalón o chándal. Y punto. Y es que, como nos dijeron en una ocasión, llevamos a los niños como leñadores (sí, y el hacha la guardan en la mochila del cole).
Pero de lo que no me he librado, y de lo que ningún padre puede desentenderse, es de cómo va a intentar vestir el interior de sus hijos (¡¡¡y no me refiero a los calzoncillos!!!) Yo quiero que mis niños se vistan de bondad, y quiero que este atuendo lo lleven todos los días, que no lo reserven sólo para el domingo, para Navidad, o para cuando alguien les está observando. Quiero que estén vestidos de buenas intenciones, de empatía y de compasión, de generosidad y de franqueza, de inocencia y de honestidad. No olvidemos que este tipo de ropa se hereda, pasando fundamentalmente de padres a hijos. Por eso no quiero que hereden rencores ni odios, preferencias ni favoritismos, superioridad hiriente o inferioridad enfermiza; no los quiero vestidos de viejas rencillas familiares perpetuadas de generación en generación, ni de prejuicios pretéritos y sin fundamento transmitidos per secula seculorum. Tampoco quiero que anden vestidos de egoísmo ni de maldad, y mucho menos de represión o miedo. Deseo que se vistan de libertad y confianza, de seguridad en sí mismos y de espontaneidad. De humildad sincera y tolerancia auténtica, de respeto y de fortaleza. Y por encima de todo, que estén vestidos de amor, de felicidad, de sentido común y de optimismo. Sin olvidar ese fondo de armario donde guarden alguna prenda que haga que les resbalen las opiniones de los demás, y algún que otro atuendo que les ayude a sacar los dientes cuando sea necesario. Así es como me gustaría que fueran vestiditos mis niños. Estas son las mejores prendas que uno puede llevar, y las que abrigarán sus corazones y sus vidas el día de mañana.