viernes, 10 de enero de 2014

VIERNES DANDO LA NOTA: EXTREME

¿Quién no conoce la canción More than words, del grupo Extreme? Sí, esa sencilla y preciosa balada de 1990 que muchos sabemos de memoria. Bueno, pues como no sólo de baladas vive el rock and roll, hoy traigo otra de las canciones que se incluían en ese mismo (y fantástico) álbum, pero que poco se parece a aquella delicada pieza acústica. Se trata de Get the funk out, y a quien le interese, puede ver la letra traducida aquí. El vídeo recoge una actuación en directo de hace pocos años, y ya en el solo inicial se aprecia claramente la maestría del mejor guitarrista portugués de todos los tiempos (¡Viva Nuno Bettencourt!)



jueves, 9 de enero de 2014

LA MATERNIDAD DE LA A A LA Z: Q DE QUEEN

DE UNA HISTORIA DE MATERNIDAD EN 23 CANCIONES DE QUEEN

Esta historia comienza, como tantas otras, con esa cosita loca llamada amor: aparece un chico especial, ése tan guapo y simpático, ése que te trata como a una reina, ése que te hace sentir tan bien, y un buen día te dice "eres mi mejor amiga". Más adelante te asegura "nací para amarte con cada latido de mi corazón", y lo remata susurrándote al oído las palabras de amor definitivas: por fin ha encontrado a alguien a quien amar. Y claro, de ahí a desfilar al son de la marcha nupcial sólo hay un paso. 
Empezáis a hacer proyectos juntos, a construir día a día vuestro hogar, y a compartir sueños, ilusiones, y una visión: formar una familia. Después de un año de amor, más o menos, la barriguita empieza a crecer al ritmo que marca la criatura que albergas en tu interior; y nueve meses más tarde nace el bebé: 50 cm. de ternura, 3.000 gr. de fragilidad y fortaleza que te miran, con ojitos hinchados aunque asombrosamente abiertos, como diciendo "ya estoy aquí", con una mezcla de temor y triunfo.
Vuelves a casa con el bebé bajo el brazo, esta vez sin epidurales que valgan, y vas encadenando episodios que consideras fracasos cuando realmente no lo son: dificultades en la lactancia, depresión postparto, cambios corporales que te han convertido en una de esas chicas de culo gordo, ignorancia, incomprensión, inexperiencia, un entorno hostil... Qué importante es, en estos momentos que te encuentras bajo presión, contar con el apoyo de tu media naranja que sigue recordándote, amoroso y paciente, "eres el amor de mi vida", y te ayuda a conseguir hacer este último avance en el puerperio.
Superada esta etapa, te adentras de cabeza y de lleno en la vorágine de la dinámica maternal. Pasan los días, y constatas que, aunque maravillosa, la vida como madre dista mucho de ser idílica. Es una vida difícil, donde se alternan los días fantásticos con los catastróficos, donde pasas de sentirte ufana al mando a pensar "me estoy volviendo ligeramente loca" (o completamente chiflada), con momentos de armonía gloriosa y otros de "¡Quiero liberarme!"
Pero lo más grave del asunto es que, por muchas situaciones vividas que te hayan hecho gritar "¡Socorro!, ¡Salvadme!", tu marido y tú no aprendéis, os va la marcha y sumáis uno o dos hermanos más a la fiesta, para que también participen en el juego.
Así es como te ves rodeada de churumbeles, tus campeones, tus príncipes del universo, que aunque muchas veces conviertan tu casa -y tu vida- en una leonera y un caos, también la colman de felicidad con una especie de magia singular que poseen desde su nacimiento, la magia con la que descubriste el significado verdadero y profundo del amor de madre.
Y es que los hijos, a fin de cuentas, no son nada más (y nada menos) que el milagro más bello.




viernes, 27 de diciembre de 2013

VIERNES DANDO LA NOTA: PUT A LITTLE LOVE IN YOUR HEART (ANNIE LENNOX & AL GREEN)

¿Hoy es viernes? Con los niños en casa y tanto festivo de por medio, tengo un cacao y un descontrol horario que no veas!
Venga, hoy os invito a poner un poquito de amor en vuestro corazón. Dice la wikipedia que Put a little love in your heart es una canción de 1968, obra de Jackie DeShannon (os dejo el enlace al tema original aquí, la verdad es que es muy bonita, naif y con un aire hippy característico de la época). 
Personalmente sólo conocía la versión de Annie Lennox y Al Green, que pertenece a la banda sonora de una peli navideña de los ochenta (que tengo ganas de volver a ver, por cierto) titulada Los fantasmas atacan al jefe.


La película en cuestión es una versión del clásico Cuento de Navidad de Dickens (ya sabéis, fulano antinavideño, avaro y materialista cascarrabias recibe la visita de los espíritus de las Navidades pasadas, presentes y futuras, en esta ocasión con Bill Murray haciendo del Sr. Scrooge).


Pon un poco de amor en tu corazón
Y el mundo será un lugar mejor para ti y para mí.  
 
¡A seguir disfrutando de las fiestas navideñas! :-)

martes, 24 de diciembre de 2013

¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

Hoy es Nochebuena, y mañana Navidad. Os deseo a todos que disfrutéis esta noche con amor y alegría, y a acostarse tempranito para ver si Papá Noel dejó algo en el calcetín.


Y después de Withney y el Georgia Mass Choir, os dejo AQUÍ el enlace a la canción que cantaron mis niños el pasado domingo (con menos medios, menos gente, y más acento gallego, claro ;-)) ¡¡¡Un besazo navideño para todos!!!


viernes, 20 de diciembre de 2013

VIERNES DANDO LA NOTA: MI BURRITO SABANERO (JUANES)

En este último viernes antes de Navidad, último día de colegio del año, os invito a acompañar en su alegre viaje al Burrito Sabanero, que va camino de Belén. Si el Burrito no os convence, os diré que no viene solo, sino de la mano y la voz de mi queridísimo Juanes.
¡¡¡A disfrutar de las vacaciones!!!

P.S. La calidad del vídeo deja mucho que desear, pero no he encontrado otro mejor, ¡lo siento!




jueves, 19 de diciembre de 2013

LA MATERNIDAD DE LA A A LA Z: L DE LIFE COACH

No tengo Personal Trainer, ni Personal Shopper. Ni asistente ni estilista, ni Chef ni Relaciones Públicas, ni Abogado, ni Terapeuta, ni Guardaespaldas. Pero lo que sí tengo en casa es Life Coach. Y tres, a falta de uno.
Con edades comprendidas entre los dos y los siete años, mis Life Coaches ejercen a domicilio 24 horas al día, todos los días de la semana, sábados y domingos incluidos. Mis Life Coaches no me someten a largas sesiones inspiradoras para "asistirme a alinearme con el flujo de amor incondicional, alegría y abundancia del Universo", tampoco me machacan con charlas emotivas para que me "abra al flujo de posibilidades infinitas, con la intención de que manifieste mi propósito en la vida con gracia y facilidad, recibiendo y sintiendo todo el apoyo y las bendiciones del Universo." No. Ellos, simplemente con sus palabras y sus acciones, se encargan de mostrarme su modo de afrontar la vida, y me recuerdan que hubo un tiempo en el que era todo mucho más sencillo: un camino recto, llano, espacioso y lleno de luz, no como la intrincada senda de la vida adulta, repleta de curvas, cuestas, pendientes, bifurcaciones, atajos, rodeos y laberintos, con callejones oscuros y pasadizos estrechos. Y me hacen reflexionar y plantearme cuántos de aquellos rodeos han sido realmente necesarios, cuántas cuestas han venido por orgullo o cabezonería, y en cuántos laberintos he vagado por haber perdido el norte o por haber olvidado lo realmente importante. Mis Life Coaches me muestran su modo de transitar por este camino, y me desafían a enfrentar las distintas situaciones de la vida como lo harían ellos, plenamente y con sus cinco sentidos.

VISTA: Ver la vida como ellos, con ojos de niño, con inocencia y credulidad, con ilusión y confianza. Con ojos inquietos y ávidos por descubrir. Escrutar todo con curiosidad y entusiasmo, no en busca del fallo, el defecto y el error, sino disfrutando de la visión, atentos y receptivos por si en cualquier instante común surgiese algo extraordinario que lo tornase mágico. No con mirada de viejo resabiado y de vuelta de todo, desencantado y escéptico, incapaz de emocionarse y de dejarse sorprender. Mirar más allá de envoltorios y oropeles, más allá de apariencias y máscaras. Viendo con los ojos, pero percibiendo con el corazón.

OÍDO: Oír como un niño, con esa sordera selectiva que les hace ignorar aquello que no les interesa, y les dota, al mismo tiempo, de una potente parabólica capaz de captar conversaciones que no son de su incumbencia. Qué bien nos vendría para hacer oídos sordos cada vez que alguien se pone las vestiduras de "experto" y nos larga un discursito ex-cátedra para reprendernos/censurarnos/corregirnos/adoctrinarnos. Y por otro lado, qué bien nos vendría ese oído para fascinarnos con los sonidos más sencillos y hermosos, como el tarareo de una canción, un silbido despreocupado, el piar de un pajarillo, el traquetear rítmico de un tren, o el maullar de un minino (venga, o para mondarnos de risa con el sonido de un pedete o un eructo).

OLFATO: Oler como ellos (recién salidos del baño), a limpio, a puro, a Denenes y a burbujas, a sinceridad y transparencia. Y si en algún momento olemos a caca, no tener reparos en admitirlo y pedir ayuda -como lo hace un niño- y dejar que alguien nos eche una mano para librarnos de la mierda. Y percibir también los olores como lo hacen ellos: llenando los pulmones al máximo, disfrutando sin mesura de los agradables, y rechazando de plano y sin miramientos los que nos repelen. Sin tener que tragar el aire por compromiso, ni aguantar estoicamente la respiración porque lo hagan los demás, sino taparnos la nariz y vomitar en la misma cara de la fetidez, dejando bien clara nuestra repulsa.

GUSTO: Saborear como lo hace un niño. Disfrutando al máximo de lo que le gusta, chupándose los dedos y relamiendo el plato. No pasarse toda la vida a dieta, constreñidos por el qué pensarán los demás o qué dirán de mí, sino deleitarse sabia y sanamente en los manjares que la vida ofrece, sin obsesionarse por entrar en una talla en la que no cabemos, la talla que todo el mundo espera que usemos porque es la que se lleva, la que usa la mayoría, o la que promueven los gurús del momento. Apreciando las cosas sencillas, sin condimentos superfluos ni aditamentos excesivos, sin florituras ni adornos: la grandeza de un bocadillo de nocilla frente a un laborioso y complejo plato deconstruido, reconstruido, perfumado, sazonado, coloreado y reducido, de tamaño minúsculo, precio desorbitado y nombre imposible.

TACTO: Tocar la vida como el niño que come a manos llenas, sin preocuparse por las normas de urbanidad; que juega con la arena, la nieve o el barro sin estar pendiente de manchas, enfangándose hasta los codos; que se esfuerza por atrapar el mar en su mano, sin darse por vencido por mucho que el agua se le escurra entre los dedos. Vivir la vida a puñados, desterrando el "Eso no se toca", y palpando, acariciando y abrazando aquello que consideramos bueno y justo, aquello por lo que vale la pena luchar. Disfrutar la vida con ilusión y en plenitud, derrochando amor, generosidad y empatía, de tal modo que toquemos, al mismo tiempo, las vidas de todos aquellos que nos rodean.




 
Esto intentan enseñarme mis Life Coaches. Y aunque no puedo pretender que mi vida sea como la suya, pues no puedo desentenderme de mis responsabilidades como persona adulta y como madre, sí que muchas veces me ayudan a poner las cosas en la perspectiva correcta, a darles el valor que se merecen, o a quitarles la importancia que no tienen. Y es que, como dice el tópico, los hijos cambian la vida, y pienso que si les dejamos, nos ayudan a vivirla de una manera mejor.


lunes, 16 de diciembre de 2013

2 AÑOS, 8 MESES Y 7 DÍAS

SOBRE EL DESTETE DEL PEQUEÑO

Relataba el otro día mi funesta experiencia con una infecciónbacteriana/herpes/vetetúasaberqué que me tuvo la cara hecha un asquito (si queréis recordarlo, haced click aquí). Pues resulta que uno de los efectos colaterales fue el destete fortuito, inesperado, y casi inmediato del Peque. 

Os lo cuento: en mi primera visita a Urgencias me atendió una amable doctora, a la que comenté la circunstancia de que tenía un hijo al que le daba el pecho. "¡Pues tenemos un problema!", resopló, y antes de que los ojos se le cayesen de las órbitas añadí que tenía dos años (omitiendo el "y ocho meses"). Entonces respiró aliviada, y vino a decir algo así como "entonces ya no le hace falta", y lo redondeó con el típico chiste de "a este paso va a ir a la universidad y seguirá tomando pecho". Yo me encontraba tan mal que muy pocas ganas tenía de enzarzarme en un debate sobre lactancia prolongada, por lo que me limité a escuchar y asentir. La doctora me recetó un antiviral sistémico llamado Aciclovir, y me "prohibió" darle teta. Al llegar a casa de mi hermana, donde me esperaban los churumbeles, esperé a darle una última tetada antes de tomar el medicamento. Ya en casa, nos pusimos a ver -por enésima vez- la peli de Aviones, con la esperanza de que se quedase dormido sin el pecho. Pero qué va, nos dormimos todos en el sofá antes que él. Ya en cama, empezó a reclamar su habitual chupito nocturno. "No puedo, cariño", le dije, y al cabo de cinco minutos eternos, cinco minutos de "porfi, un poquito", de lágrimas diversas, suyas y mías, cinco minutos de mucho insistir él y mucho negarme yo, el Peque me dio la espalda y, enfurruñado, me espetó un "Jopé" y se dispuso a dormir. Me quedé un poco triste, con la sensación de haberle defraudado, y aquella noche, la primera sin dar pecho durante casi tres años, dormí bastante mal, en parte por el picor de la cara, y en parte por el disgusto del Peque. 

A la mañana siguiente, se me encendió la neurona, y consulté la compatibilidad de mi medicamento con la lactancia en la utilísima página del Servicio de Pediatría del Hospital "Marina Alta", de Alicante (si aún no la conocíais, os la recomiendo vivamente, podéis echarle un ojo aquí), y cuál sería mi sorpresa cuando leo "Aciclovir, Nivel de riesgo 0, Seguro, compatible: no riesgo lactancia-lactante". Hay que fastidiarse. ¿Por qué no habría mirado la página antes?
Pero consideré que habíamos llegado a un punto de no retorno. Hacía ya algún tiempo que la idea del destete rondaba por mi cabeza, aunque nunca lo habíamos intentado y ni siquiera sabía cómo hacerlo. Así que decidimos aprovechar la ocasión. Aquel día sólo pidió teta una vez de noche, y se la dí. Y aquella vez, aquella noche de sábado 9 de diciembre fue la última. 
El domingo no pidió nada por el día, y a la noche sólo una vez, y aceptó la negativa de buen grado, sin lágrimas ni protestas, sólo acurrucándose a mi lado. Desde entonces no ha vuelto a pedir "teto" (creo que lo intentó un par de veces, sin mucho convencimiento, en plan "a ver si cuela"), sino "colito" (que le coja en brazos, o le siente en las rodillas, o le abrace). Y así, sin más, ha sido el destete de mi pequeño, sin premeditación ni alevosía, sin traumas ni dramas, improvisado e inesperado, pero finalmente feliz. 

Han sido 2 años, 8 meses y 7 días de lactancia, y nunca ha sido una condena, sino una bendición. A pesar de algún que otro mordisquito, a pesar de alguna obstrucción mamaria y alguna perla de leche, han sido 982 días de lactancia feliz. Siento que se acaba una fase. He dado el pecho tanto tiempo, en tantos lugares, y en tantas circunstancias diferentes (en bodas y funerales, en el coche, en la iglesia, en el Corte Inglés, en el parque, en la playa, en casas propias y ajenas, en el cine, en restaurantes y cafeterías...) y ahora eso terminó. Ya no tengo un lactante en casa, ahora ya no me necesita como antes. Y ya no dispongo del valioso recurso de la teta, capaz de consolar la tristeza más honda y de mitigar el dolor más profundo de mi pequeño. Su lugar de calma y de refugio, donde ahogar penas y secar lágrimas, el complemento perfecto (a veces incluso sustituto) del paracetamol y el ibuprofeno. 
Ha dicho adiós a su tetita, y aunque ahora vuelve a ser mía, siento que me falta algo.

Una de las últimas fotos en la teta: Cena familiar en una Raxaría el día de San Juan

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Contador Web