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jueves, 11 de diciembre de 2014

TOP FIVE: LOS REGALOS QUE MÁS ODIO (Y QUE A ELLOS MÁS LES GUSTAN)

Navidad. Época de consumismo. Tiempo de regalos. Hay niños que abren con delicadeza los envoltorios de los paquetes. Otros -la mayoría, supongo, ¿¿¿o es que son sólo los míos???- los rompen y los abren a lo bestia. Pero a todos se les ilumina la carita si el objeto regalado es lo que deseaban.
Ras, ras, se rasga el papel y se quita el lazo. ¿Qué es, qué es? Manitas ansiosas que lo descubren al fin. En los niños, ojos de sorpresa; en los padres, de contenida estupefacción. En los niños, gesto de asombro; en los padres, de muy contenido desagrado. En los niños, muestras de alegría; en los padres, de muy muy contenido disgusto. "Q-q-q-bonito", acierta a decir el progenitor, que aún no ha conseguido reaccionar, pensando dónde narices van a colocar esto, qué porras van a hacer con eso, o cómo demonios van a manejar aquello. 
 
#5 Juguetes de volumen extremo: de la giga-mega-enormidad a la ingente multitud de piezas minúsculas.
 
Por un lado, el típico muñeco de peluche de tamaño XXL. Taaan adorable, taaaan suave, taaaan mullidito, taaan puñeteramente inmenso. Confieso que me encantaban... hasta que tuvimos que convivir con uno. Y el niño empecinado en tenerlo en la cama (ocupando prácticamente la mitad de ella, claro). Como si no fuese ya bastante complicado estirar las sábanas de la litera de arriba. Peeeero... lleva tanto tiempo en casa, y le tiene tanto cariño, y trae tantos recuerdos... que aquí sigue.
 
 
Y en el otro extremo, cómo no, los Lego (o piezas de Playmobil, o de Pinypon, o de Polly Pocket). Piececillas diminutas de plástico duro y aristas que a veces se clavan en los pies, otras veces son tragadas por la aspiradora, y otras, simplemente, desaparecen en el agujero negro que hay en casa (aquel por donde desapareció el siempre recordado y nunca suficientemente llorado mando del DVD - Que en paz descanse)). Peeeero... les gustan tanto, y son tan chulos, y están tan bien hechos, y estimulan la imaginación, y ejercitan la psicomotricidad fina, y fomentan no sé qué más... y aquí siguen (y no sólo eso, sino que cada vez hay más, y más, y les compran más, y nosotros compramos más...).

 
#4 Coleccionables.
 
Que los señores de Panini son muy listos, y cada año me sacan colecciones nuevas de Animales, o de National Geographic, o de Aviones, o de las Tortugas Ninja. Y el abuelo siempre con los bolsillos llenos repartiendo sobres. Y las tías que no se quedan atrás. Y lo peor es cuando no se limitan a coleccionar cromos, sino figuritas, muñequitos, coches de Cars, o dragones de la película de Dreamworks. Peeeero... son tan bonitos, y tan educativos (algunos cromos), y después de lo que ha costado conseguir todos  (o casi todos) no vas a deshacerte de ellos, ¿no? Y por eso, claro, aquí siguen.

 
#3 Juguetes ruidosos.
 
Esto incluye toda clase de instrumentos musicales (desde el teclado de Winnie The Pooh hasta la trompeta verde de plástico, pasando por la armónica del chino) sin propósito didáctico ni musical, más que la mera contaminación acústica. Sin embargo, el mayor atentado a la integridad auditiva son esos coches (o aviones, o trenes, o similares) que parecen fabricados en el mismísimo Averno, que cuentan con toda suerte de luces con pitidos, sirenas, sonidos del motor, claxon y ruiditos varios, incluyendo canción estridente, repetitiva y machacona. Si encima tiene voces humanas, es el acabóse (Aún me estoy reponiendo de aquel juguetito con su soniquete "¡El parque de divertimiento es maravilloso cuando se ve desde lo alto!" "¡Vamos a resbalar!"), y si se estropea y le da por accionarse en plena noche, apaga y vámonos. Peeero... son tan divertidos, que aquí siguen (hasta que se acaban las pilas y ¡oh, qué pena! nunca me acuerdo de cambiárselas ;-) )
#2 Juguetes pringosos o D.A.P.G. (De Alto Poder Guarreante).
 
Al que inventó el blandiblú le debió quedar la cabeza descansada. Recuerdo que de pequeña me fascinaba verlo anunciado en la tele, pero no recuerdo que en casa lo tuviéramos. Se ve que mi madre era mucho más sensata que yo ("Y había menos vicio, y no andábamos malgastando el dinero en tonterías inútiles"; "Calla, mamá, calla, que la industria juguetera también tiene que vivir"). 
Pero los mocos verdes no son los únicos juguetes pringoasquerosos, y no tienen nada que hacer al lado de los juegos de hacer experimentos científicos (que la culpa es de quien se empeñó en hacerlos aún cuando en la caja pone clarísimamente que son para niños mucho mayores).
Por no hablar de los niños que se ponen perdidos con las acuarelas, las pinturas para dedos, los pegamentos, la plastilina, las manualidades en general y la tinta en particular. Peeeero... es tan divertido y tan beneficioso que hagan trabajos manuales (porque en el cole prácticamente sólo saben pegar gomets, dónde están aquellos tiempos de Pretecnología, aquellas labores de ganchillo y de punto de cruz, aquellos bonsáis de abalorios, aquellos maceteros de macramé, aquellas mecedoras con pinzas, aquellos espejos decorados, aquellas figuras pintadas con betún de judea y goma laca, aquellas maquetas con serrucho... bueno, me callo que me disperso, y a lo mejor los hacen más adelante, que el Mayor sólo va en 3º de Primaria), que cuando Mami tiene un buen día de mucho ánimo, mucha paciencia, y mucha tolerancia a la suciedad, saca pinceles, botes, plastilinas y lo que haga falta. Y aquí seguimos.

 
#1 Seres vivos.
 
En primer lugar, dejaré claro que no considero que los seres vivos sean juguetes, pues es evidentísimo que NO LO SON. Pero sí pueden ser un regalo. (Igual que los hijos). Recuerdo que mi cuñada, hace muchos años, se mostró inflexible ante el hecho de que mi hermana les regalase peces a los niños. "Nada de mascotas hasta que ellos sepan y quieran cuidarlos". Qué sabia fue. Regalarles animalitos a niños que no tienen edad para hacerse cargo de ellos es un marronazo en toda regla para sus padres, y esto incluye peces, tortugas, hamsters o granjas de hormigas. Peeeero... es tan beneficioso que tengan animales de compañía, hace que sean más responsables, fomenta su desarrollo, bla bla bla... y qué caray, que la tortuga que hay en casa la trajo Papi, que si no... no seguía aquí :-(    
 


 
Pues eso, que la aversión que este tipo de regalos despierta en mí es directamente proporcional al amor que mis niños les profesan. Así que, si lees esto y has regalado algún juguete de estos a mis hijos, no te sientas mal. Al contrario, sabes que estarás entre sus parientes más queridos!!! ;-)
 
Y vosotros, ¿cuáles son los juguetes que más odiáis? 

lunes, 11 de noviembre de 2013

TOP FIVE: FAMOSOS QUE HAN PASADO POR EL QUIRÓFANO

¿QUÉ TE HAN HECHO, LUCAS?

Tranquilos, que no voy a hablar de la actriz Renée Zellweger, aunque confieso que me han impactado (y dado mucha lástima) las últimas fotos que circulan de ella. Parece otra persona distinta, lo mismo que los protagonistas de nuestro Top Five de hoy:

#5 Las chicas de Playmobil
En mi época, las féminas de los "clicks" (que se supone que se llaman "clacks", por cierto) se distinguían de sus congéneres machos únicamente por su media melenita y ese vuelo en el faldón, a modo de vestidito.

Ahora estas muchachas se han aumentado el pecho, se han puesto pestañas postizas y lucen un sinfín de estilismos capilares. Pero siguen manteniendo todo su encanto (clicks forever!!!).


#4 Los Pin y Pon
Si antes estos muñequitos eran así de adorables:


¿Cómo han podido degenerar en esto?
#3 La Nancy
Otra que abusa de las pestañas postizas, ésta además ha crecido algunos centímetros, y se ha hecho agrandar los ojos a lo bestia (esto es común a todas las muñecas de hoy en día, y aún no tengo muy claro el porqué. ¿Acaso no se puede andar por la vida con ojos chiquitos? (y conste que no lo digo por mí, precisamente).
El ahora y el antes de la Nancy

#2 Los Barriguitas
Esto me lo tomo como algo personal, pues sin duda eran mis muñecos favoritos de la infancia. Lo que han hecho con ellos no tiene nombre. ¿Cómo se puede convertir una muñequita adorable, tan tierna, con esos mofletitos que daban ganas de achuchar, esos piececitos y esas manos que daban ganas de mordisquear, en un esperpento de ojos gigaenormes -otra vez esa dichosa fijación por los ojos inmensos- en una choni ombliguera con los morros pintados?



Y no lo pienso yo sola, no:


Perdón por lo soez del letrerito, pero razón no le falta.

Y lo que ya me parece el acabose, lo que casi me produce un infarto cuando le echaba un vistazo el otro día al catálogo del Toys'r'Us, lo que me ha llevado a escribir este post, es el personaje que ocupa el número uno de nuestro ránking:

#1 Lucas, el de la Nancy.
Mi hermana tenía al Lucas clásico, varonil, ochentero e ibérico.


¿Y qué es este pestiño que venden ahora?
¡¡¡Cielo santo, que me lo han oxigenado, le han aclarado los ojos y le han inflado los morros!!! Claro, si ella se había recauchutado tanto, él no podía quedar atrás. Este no es nuestro Lucas, sino un surfero guiri aprendiz de Justin Bieber. Esto no se hace, derribar de esta manera tan cruel los mitos de nuestra infancia, snif, snif :-(

En momentos así celebro no tener niñas, porque te digo yo que esos engendros defraudadores no iban a poner un pie en mi casa (sólo los clicks se salvan de la quema, a ver si aprendemos a hacer un "restyling" -o como se diga- decente y con calidad).

¡¡¡No me extraña que estas muñecas ya no se dirijan al portal, porque seguro que el Niño los iba a echar a patadas!!!


lunes, 15 de abril de 2013

LAS FIERAS DE MIS NIÑOS

DE DINOSAURIOS Y OTRAS BESTIAS PREHISTÓRICAS

 

 En mis tiempos no jugábamos con dinosaurios. Algún día escribiré largo y tendido sobre los juguetes de mi niñez, pero por ahora os diré que en mi casa de cuatro hermanos teníamos el Scalextric, los Tente (¿quién necesitaba Lego?), los clicks (cuando aún eran de Famobil y no de Playmobil), las Barriguitas y las Nancys bonitas (no esos engendros que han sacado ahora), la Nenuco que lloraba de mi hermana, y la mía que hacía pis, el Risk, el Monopoly, el Cheminova, el Magia Borrás... pero ¿dinosaurios? Ni de broma. Es más, ni creo que se comercializaran. Tampoco adornaban nuestras ropas (ni las de mis hermanos varones) ni protagonizaban nuestros libros. Y mucho menos veíamos en la tele algo sobre ellos. 
Los dos únicos recuerdos dinosauriles que tengo no corresponden a mi infancia, sino más bien a mi juventud: uno es de la serie Dinosaurios -de principios de los 90- con marionetas de Jim Henson, y confieso que no la veíamos casi nunca.

doblaje.wikia.com

El segundo corresponde a una película de Cary Grant y Katherine Hepburn llamada "La fiera de mi niña", de la que sólo recuerdo que me había encantado, y que aparecía el esqueleto fosilizado de un dinosaurio (dice la wikipedia que es de un brontosaurio, ya que Cary Grant interpretaba al paleontólogo encargado de su reconstrucción.)
 
gargonsrevenge.blogspot.com
En 1993 se estrenó Parque Jurásico de Spielberg, que pese a la fiebre desatada en muchos otros lugares, en mi casa pasó sin pena ni gloria. No fuimos a verla al cine, y no sé cuántos años tardamos en verla por televisión. 


Y quién me iba a decir a mí, con semejante curriculum anti-jurásico, que a día de hoy, si todavía existiese el "Un, dos, tres", y si fuese concursante, y si Mayra Gómez Kemp me preguntase algo parecido a "Por 25 pesetas, díganme nombres de películas, series, documentales o dibujos animados protagonizados por dinosaurios. Por ejemplo, "El Dino Tren". Un, dos, tres, responda otra vez", yo le respondería: "El Dino Tren, Dinoescuadrón, Harry y su cubo de dinosaurios, Dinosaurio de Walt Disney, Ice Age 3: el Origen de los Dinosaurios, las trece películas de dibujos animados de En Busca del Valle Encantado (de las que me ahorro los títulos, pero también me los sé), las tres películas de la saga Parque Jurásico, y las series de documentales Caminando entre Dinosaurios y Parque Prehistórico"... y ganaría una pasta!!!

sufridores-en-casa.blogs.teleprograma.tv

Y es que desde hace cuatro o cinco años, desde que al Mayor le sobrevino la fiebre D, me he convertido (modestia aparte) en casi una experta del tema. No por mérito mío, desde luego, sino a causa del verdadero experto: mi hijo Mayor (los otros dos van por el camino). De tanto ver con ellos dibujos, películas y documentales, de tanto leerles libros, cuentos y enciclopedias, de tanto comprar cromos, pegatinas, camisetas, calcetines y calzoncillos con motivos de dinosaurios, de tanto comprar, y jugar con, y ordenar, y recoger del suelo figuras de estos reptiles, pues una les ha cogido afición y hasta cariño (una especie de síndrome de Estocolmo, supongo). Ahora sé qué es un sauristiquio y un ornistiquio, distingo un Tyrannosario de un Carnotaurio, puedo pronunciar Dilophosaurio o Parasaurolophus sin despeinarme, y soy capaz de dibujar un Triceratops, un Therizinosaurio o un Iguanodón. También sé que ahora ya no se llaman Brontosaurios, sino Apatosaurios, y que los Pterodáctilos no se consideran dinosaurios, sino reptiles voladores.
Todo esto y muchas otras cosas más gracias a mi hijo de seis años, que no es un "friki de los dinosaurios", como dicen algunos, sino un niño muy interesado en ellos, que de mayor quiere ser Paleóntologo, y no futbolista, y que cuando se case quiere irse con su "marida" de luna de miel a Dinópolis. 
Esperamos poder llevarle antes.


viernes, 21 de diciembre de 2012

SALUDOS, TERRÍCOLAS


SOBRE MIS INCIPIENTES SOSPECHAS DE QUE NO SOMOS DE ESTE PLANETA


Mi auditorio estaba formado por media docena de niños entre 9 y 13 años, y sin saber cómo, nuestra conversación derivó al hecho de que en casa no teníamos ninguna consola. Sus pequeñas bocas se abrieron -literalmente- una cuarta, y sus miradas eran mitad incredulidad, mitad asombro.
-Pero ¿cómo? ¿No tenéis la wii?
-No, aunque a veces jugamos en casa de mi hermana.
-¿Y la PSP?
-Tampoco.
-¿Y la Nintendo DS? ¿Y videojuegos?- detecto que la tensión va in crescendo.
-Pues no.
-Al menos tendréis ordenador con internet, ¿no?- preguntan con ansiedad.
-Sí… -suspiros de alivio resuenan en el auditorio- pero mis hijos pocas veces juegan con él.
-¿¿¡¡Y con qué juegan entonces!!??- la desazón se apodera nuevamente de ellos- ¿No será… con libros? 
Silencio sepulcral en la sala. Respiraciones contenidas. ¿Libros? ¿Papel? ¿Sin pantallas, ni mandos, ni imágenes en movimiento? ¡Horror! Si al menos fueran e-books…
-Bueno, tienen muchos libros y les gusta mirarlos, sobre todo si son de animales, pero también tienen un montón de juguetes: coches, trenes, pistas, dinosaurios, playmobil, juegos de mesa, pelotas, bloques de construcción, puzzles, etc. etc. etc.
Y ante tal revelación todos me miraron como si yo fuera alguien raro, un ser extraterrestre, venido de otra galaxia para lavar los cerebros de los niños e intentar convencerles de que hay vida más allá de Playstation. O quizá eran miradas de compasión por mis hijos que –pobrecitos ellos- no tienen consolas en casa por culpa de unos padres lunáticos. Porque dónde se ha visto que niños de 6 y (casi) 4 años jueguen con… juguetes!!!

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