Como ya pudisteis suponer, el Curso de Verano de Crianza Moderna para Padres Torpes no existe. Gracias a Dios. Lo que pretendía era reflejar esa tendencia que percibo a mi alrededor, esa arraigada y extendida creencia, para infinidad de personas (padres incluidos), de que los niños son un estorbo y una molestia. Y muchas de las cosas que esta sociedad acepta y ve como normales parecen sacadas de ese absurdo y terrorífico (aunque verosímil) curso. Tampoco existe ningún Dr. Noe Storbar Alospapas (No eStorbar A los papás), aunque bien podría ser la personificación de mucha gente que ha acallado su instinto y se ha dejado llevar por las modas imperantes, por lo que dicta la sociedad, por ferbers y estivilles, que ha dejado que impere la comodidad, y que el egoísmo campe a sus anchas, relegando el papel de padre al último lugar de la lista.
Así que la crónica de este Curso estaba escrito con ironía: que quede claro -si no lo estaba ya- que en ningún momento defiendo, ni comparto, ni mucho menos pretendo divulgar tales prácticas, que a mi juicio son (y como éste es mi blog, y en este país se supone que hay libertad de expresión, pues juzgo y critico (así soy de intolerante)) directamente ABERRANTES.
A todos aquellos que dejan llorar a los niños horas y horas, que les ignoran, que hacen caso omiso a sus peticiones, que no les atienden, que a la mínima ya los están empaquetando porque les estorban, que se esfuerzan en que sean autónomos para que no les den trabajo, que se empeñan en tratarles como adultos porque es más cómodo, que anteponen sus propios deseos a las necesidades de sus hijos, y que a pesar de todo son capaces de autoengañarse (¿o no?) y engañar a los demás (o más bien, a los que no quieren ver), a esos padres les deseo (y no lo digo como una maldición, ¿eh?) que, por una vez (o dos) la vida les trate igual que ellos tratan a sus hijos. O que se den un golpe en la cabeza y la empatía les nazca por generación espontánea. Sólo eso.
Y para evitar futuros malentendidos, pondré una notita aclaratoria en los otros posts relativos al curso. No vaya a ser que me confundan.
Así que la crónica de este Curso estaba escrito con ironía: que quede claro -si no lo estaba ya- que en ningún momento defiendo, ni comparto, ni mucho menos pretendo divulgar tales prácticas, que a mi juicio son (y como éste es mi blog, y en este país se supone que hay libertad de expresión, pues juzgo y critico (así soy de intolerante)) directamente ABERRANTES.
A todos aquellos que dejan llorar a los niños horas y horas, que les ignoran, que hacen caso omiso a sus peticiones, que no les atienden, que a la mínima ya los están empaquetando porque les estorban, que se esfuerzan en que sean autónomos para que no les den trabajo, que se empeñan en tratarles como adultos porque es más cómodo, que anteponen sus propios deseos a las necesidades de sus hijos, y que a pesar de todo son capaces de autoengañarse (¿o no?) y engañar a los demás (o más bien, a los que no quieren ver), a esos padres les deseo (y no lo digo como una maldición, ¿eh?) que, por una vez (o dos) la vida les trate igual que ellos tratan a sus hijos. O que se den un golpe en la cabeza y la empatía les nazca por generación espontánea. Sólo eso.
Y para evitar futuros malentendidos, pondré una notita aclaratoria en los otros posts relativos al curso. No vaya a ser que me confundan.