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martes, 19 de marzo de 2013

FELIZ DÍA DEL PADRE

pequebebes.com

Se puede ser padre de muchas maneras:
P - permisivo, pasota, pegón
A - autoritario, ausente, amargado, apático
Dduro, dominante, dictatorial, distante, duro, dejado
Rretorcido, ruin, represivo, rencoroso
Eenemigo, egoísta

Sabemos cómo eres, papá. Y aunque no querramos, quizá acabemos siendo como tú. ¡Aún estás a tiempo de cambiar!
 
O también:
P - paciente, próximo 
A - amoroso, amigo, accesible, atento, alegre, amable, agradecido
D - disponible, dedicado, dulce, divertido
R - responsable, respetuoso, referente
E - entregado, ejemplar, empático

Gracias por ser como eres, papá. Queremos ser como tú ¡No cambies nunca!



 Feliz día del Padre, cariño. ¡¡¡Eres el mejor padre que un hijo pueda tener!!! Te queremos:-)

 Y felicidades a todos aquellos padres que intentar criar, educar y guiar a sus hijos con amor y respeto, tomándoles de la mano y no tirándoles de las orejas. A todos esos buenos padres, ¡muchas felicidades!

lunes, 18 de marzo de 2013

OBRAS SON AMORES... (II)

DE MOTORES Y CRISIS

Continuamos con la pequeña muestra de las obras de papi que iniciamos hace unos días (la primera parte se puede leer aquí), donde señalábamos esos pequeños detalles que evidencian, de manera práctica, que es un buen padre.

Imagen: akuse.com
4. Para él el coche sólo es un medio de transporte.
El coche no es un templo sagrado, ni un objeto de adoración, ni un símbolo de estatus, ni una prolongación de sí mismo. Es simplemente un coche, un medio de transporte con el que poder desplazarnos (y en su caso, además, una herramienta de trabajo). Claro que le gusta tenerlo limpio y cuidado -también a mí-, pero sabe que con tres niños en el asiento de atrás es algo difícil. Los niños a veces comen si les entra hambre, o beben si tienen sed, y los gusanitos y las patatas fritas tienden naturalmente a escaparse de la bolsa, del mismo modo que los caramelos pringosos tienden a pegotearse en las alfombrillas, y el agua tiende a salir de las botellitas de plástico. Los niños unas veces se marean y pueden vomitar, otras se quedan dormidos, y les puede escapar el pis. Unas veces les da por pintar con el dedo mojado en saliva en la ventanilla, y otras por entretenerse con un lápiz, una cera, o un rotulador. Unas veces ponen el zapato manchado de tierra (en el mejor de los casos) en el asiento o el respaldo, otras regresan de una excursión con los bolsillos llenos de tesoros fabulosos como arena, conchas, hojas o piedrecillas. Y de todo esto, inevitablemente, quedan vestigios más o menos indelebles. Pero papi sabe que no pasa nada. Claro que puede disgustarse o enfadarse un poco -sobre todo si acababa de pasar el aspirador- pero de ahí a montar en cólera, y tomárselo como si unos vándalos hubiesen profanado un lugar de culto, pues no. 

www.theblessedbarrenness.co.za
5. Porque se ha olvidado de sufrir la crisis de los 30, y la de los 40.
Cuando cumplió 30, el futuro papi ya tenía bastante con lidiar con su trabajo y su adorable novia (sí, era yo:-)), por lo que no tuvo tiempo, ni ganas, (¿ni motivos?) para estar "de bajón" al entrar en la treintena. Y hace un par de años, cuando cumplió 40, el ahora papi ya tenía bastante con lidiar con su trabajo, su mujer, y sus tres hijos, por lo que no tuvo tiempo, ni ganas, (¿ni motivos?) para caer en la crisis de los 40 (o midlife crisis, que dicen ahora). No se apuntó al gimnasio para estar cachas, ni se ha comprado una moto. Tampoco me ha cambiado por una de 20, ni ha necesitado desconectar de sus hijos, ni ha tenido que irse de fiesta ni de viaje con los amigos para levantar el ánimo.  

Por todo esto, y muchísimos otros pequeños detalles más, Papi es el mejor marido que yo pueda encontrar, y el mejor padre que mis niños puedan tener. ¡Te queremos!

P.S. ¡¡¡Espero que a los 50 no le vengan todas las crisis juntas!!!

martes, 12 de marzo de 2013

OBRAS SON AMORES... (I)

DE LAS EVIDENCIAS OBJETIVAS Y PALPABLES QUE CORROBORAN 
QUE PAPI PROSIGUE EN LA SENDA DE LOS BUENOS PADRES


Dice el Paterfamilias que no le gusta el nombre que le he puesto en el blog. Le suena muy serio. Le pregunto que cómo le llamo entonces, y me dice "Papi, que es como me llaman mis niños". Así que, a partir de ahora, y hasta nuevo aviso (hasta que el susodicho se canse, vaya), el Paterfamilias pasará a llamarse Papi.

Ahora completo el refrán del título: ...Y NO BUENAS RAZONES. ¿Cuántas personas en nuestro mundo van presumiendo de lo mucho que quieren a alguien, o de lo mucho que les quieren a ellos, pero luego todo se queda en palabras? Puedo repetir hasta el hartazgo lo mucho que te quiero, puedo oír hasta la saciedad lo mucho que me quieres, pero si no te lo demuestro con mis hechos, si no me lo demuestras con tus acciones, toda esa palabrería no vale absolutamente nada.
Dicho esto, he aquí un botón de muestra, unas pocas de las muchas obras que demuestran que Papi intenta ser un buen padre (consiguiéndolo muchas veces).

1. Estuvo conmigo en el parto.
En los tres partos le tuve a mi lado. "Ahora eso lo hacen todos", podréis pensar, y yo también lo pensaba, pero resulta que no, que hay hombres que no "aguantan" ver parir a su mujer, y la mujer ya tiene bastante con lo suyo como para preocuparse de que a su hombre le dé un patatús en el paritorio, así que directamente él se queda fuera y entra la madre de ella, o la hermana, o alguna amiga, o nadie. Que conste que no estoy criticando esto, cada uno es como es y tiene la fortaleza, o el aguante (o como queráis llamarlo) que tiene. Yo soy de las que se ahogan en un vaso de agua (fortaleza 0), y necesitaba a alguien a mi lado, y quién mejor que el padre de las criaturas. ¿Que hubiera parido igual sin estar él presente? Pues claro. Pero tenerlo a él cerca, y compartir con él ese momento fue mucho mejor.

2. No supe lo que era el meconio hasta que nació nuestro segundo hijo. 
El meconio es, como ya muchos sabréis, como se le llama a las primeras cacas que hacen los recién nacidos. Una cosa negruzca, asquerosa, y pegajosa como ella sola. Y eso es lo que hacen varias veces en sus primeras horas de vida, supongo que hasta que se vacían sus pequeños intestinos (Digresión: no fue hasta el nacimiento del tercer niño cuando una amable enfermera me recomendó que lo mejor para limpiar el meconio del bebé era coger una compresa de celulosa empapada en agua tibia. ¡Mano de santo! Las toallitas tipo Dodot extendían "aquello" por todos lados, y había que usar tropecientas para que el culito del bebé quedara impecable). Prosigo: cuando nació el Mayor, Papi estaba tan pendiente de él (y de mí) que se ocupó de cambiar todos y cada uno de sus pañales meconiales y muchos de los siguientes (tranquilo Papi, no contaremos cuando le pusiste un pañal del revés -"instruído" por tu suegra- y vino la enfermera a corregirte). "Qué tontería", podréis pensar, pero para mí, recién parida, con los puntos de la episiotomía recién cosidos, con la sensación de que todo te desborda, y con la preocupación de que el bebé se enganchara bien al pecho, eso fue de agradecer.

3. No se le caen los anillos por atender a los niños (y además es capaz de cambiar un pañal -de pis o caca- con el niño sobre sus rodillas).
Papi (como muchos otros padres hoy) desde siempre los cambia, los baña, los viste, les da de comer, les peina, les quita los mocos, les da medicina... todo menos dar la teta. ¡Y cambia a los niños tumbados sobre sus rodillas! Reconozco que esta habilidad siempre me ha fascinado. No tener que depender de cambiadores, ni de mesas, ni de una superficie donde acostar al bebé. Mi madre también lo hace, y una de mis cuñadas, pero yo soy absolutamente incapaz, lo he intentado varias veces pero nunca me queda bien. 
Todavía recuerdo la cara de disgusto de un conocido nuestro, padre de dos niños, cuando se encontró con el "marrón" (nunca mejor dicho) de que el pequeño había hecho caca. Se puso a buscar a su mujer por todas partes, primero con disgusto, luego con desesperación. Al final el pañal se lo cambió otra chica (iba a ser yo!), pues su mujer no podía hacerse cargo en ese momento. Esto sí lo critico abiertamente: es tu hijo, es su caca, chico, cámbialo tú!!!

(continuará)





 

martes, 5 de marzo de 2013

UN DÍA NO BASTA

SOBRE LOS PADRES DE ANTAÑO Y LOS PADRES DE AHORA

http://padre-familia.com
Hace cincuenta años se consideraba que un buen padre era aquel que trabajaba duro fuera de casa, para conseguir el dinero necesario para que su familia no pasase privaciones. Y punto. Se suponía que el simple hecho de sostener económicamente a una mujer y unos hijos le daba carta blanca para después actuar con ellos como le viniera más o menos en gana, mejor o peor según su conciencia y su catadura moral. Se suponía que compartir sus pesetas ya le hacía merecedor de respeto total, agradecimiento eterno y obediencia absoluta. El cuidado y la crianza de los hijos no entraba en sus funciones, para eso estaba la madre. En la mayoría de los casos, su figura (muchas veces ausente) aparecía como la máxima -y siniestra- autoridad paterna, una amenaza latente con la que infundir miedo a los hijos: el temido "como se entere tu padre...", aquel a quien correspondía echar las broncas más gordas e impartir los castigos más severos. A nadie se le ocurriría pedirle nada más, y probablemente nadie esperaría más de él. Había cumplido como padre a los ojos de la sociedad, de su familia, y de sí mismo.
Afortunadamente, las cosas han cambiado mucho, hasta tal punto que, a estas alturas, no sé si habrá alguien que todavía piense que un buen padre es el que se limita a su papel de generador de ingresos. Bueno, miento, me consta que sí sigue habiendo, pero quiero pensar que la mayor parte son hombres y mujeres de cierta edad que se resisten a asumir los cambios, acomodados, acostumbrados e incrustados en sus viejos roles de esposo-amo/esposa-esclava, padre-señor/madre-sirvienta, o como prefiráis llamarlos. También quiero pensar que la mayoría de las parejas y los padres jóvenes ya no perpetúan este modelo. 
Porque a los padres de ahora no les asusta, ni les resulta poco viril bañar a un bebé o dar un biberón. Hacer las curas del ombligo o poner un supositorio. No se quedan paralizados ante un pañal de caca líquida o un episodio de vómitos. Tampoco se les caen los anilllos por hacer las ingratas tareas del hogar. No se avergüenzan por pasar la aspiradora, planchar, o fregar unos platos. 
Y los padres de ahora saben que no es suficiente con llevar el dinero a casa y meter cuatro gritos de vez en cuando. Un hijo necesita el amor de su papá, y no el autoritarismo de un dictador. Los padres de ahora saben que el respeto no es algo que se impone, sino que se gana; y que un buen padre no inspira miedo, sino confianza. Un hijo necesita sentir la cercanía y proximidad de su padre, y saber que para él es alguien importante, alguien de quien se siente plenamente orgulloso. Necesita, -y cuánto- sentirse amado y apreciado, valorado incondicionalmente y querido por encima de todo. Necesita compartir tiempo, mucho tiempo con su padre, y percibir su entrega y dedicación. Necesita sus mimos y sus juegos. Sus oídos prestos a escucharle, y su voz lista para hablar con él. Su experiencia y sus consejos. Necesita un buen modelo a seguir, un referente, un gran hombre que le ayude a convertirse en un adulto bueno, honesto, de buena ley.

Sé que hay hombres así porque los he visto, y hasta tengo uno en casa (el llamado por estos lares Paterfamilias). Y me siento muy afortunada por ello.
Por eso, un día no basta para expresar a estos padres mi admiración y mi respeto, un solo día no llega para felicitarles, no es suficiente para recordarles que los hijos necesitan padres como ellos, y tampoco basta para pedirles que nunca dejen de serlo.

martes, 5 de febrero de 2013

EL INCREÍBLE HULK

http://cropan.blogspot.com.es

SOBRE LA FURIA INCONTENIBLE QUE EMBARGA AL PATERFAMILIAS CUANDO PIENSA EN EL SISTEMA EDUCATIVO DE FINLANDIA

Cada vez que al paterfamilias le llega alguna noticia nueva –o vieja- del sistema educativo de Finlandia se transforma en el increíble Hulk: por un lado, se pone verde (de envidia) por no vivir ahí, ni podernos mudar debido a la inexorable barrera idiomática. Y por otro lado, se ve poseído por una furia y una ira incontenibles al ver cómo en nuestro país el tema de la educación se toma tan a la ligera.
Y el otro día en la tele emitieron, una vez más, un reportaje sobre Finlandia. Yo no pude verlo (estaba durmiendo con los niños), pero me imagino la escena a la perfección: el reportaje desgranando las bondades del sistema educativo finlandés (escolarización a los siete años, enseñanza gratuita incluyendo la universidad, atención personalizada a los alumnos, altísima formación del profesorado, subvenciones estatales por doquier…) y comparándolo con la chapuza que los políticos han montado aquí a golpe de reformas y reales decretos. Y el paterfamilias retorciéndose en el sofá, o resoplando, o meneando la cabeza, o todo al mismo tiempo. El Increíble Hulk a punto de estallar.
Al día siguiente me hizo –cómo no- un resumen pormenorizado del reportaje en cuestión, y nuestra conversación acabó como siempre que tocamos este asunto, con una retahíla de ayes y lamentos por lo que nos ha caído aquí: un sistema político de risa que ha engendrado un sistema educativo de pena, en el que sólo cuenta la nota final, obviando la formación integral, emocional y personal de los alumnos. Una fábrica de “burros especializados” (como decía su profesor de Económicas) que sólo saben hacer una única cosa, siendo totalmente ignorantes del resto.
Luego el paterfamilias y yo empezamos a divagar, y filosofamos sobre la cochina sociedad en que vivimos, cada vez más egoísta, individualista y materialista, y con unos valores familiares de vergüenza; una sociedad que desprecia a los padres comprometidos y a los buenos profesores y rechaza su autoridad (¡que no autoritarismo!), que menosprecia la disciplina (confundiéndola con represión o maltrato), el esfuerzo y el sacrificio (¿sacri… qué?), que predica el relativismo y el “todo vale” y se ríe de la bondad, la honestidad, y de otros valores en desuso. Una sociedad de apariencias donde se idolatra la imagen y el aspecto físico, donde los jóvenes sueñan con salir en Gran Hermano, cuna y trampolín de famosillos de medio pelo, portadas de Interviú, y tertulianos de la telebasura. A eso aspiran los jóvenes de hoy en día, además de a ser chulo-futbolistas o golfo-modelos, y a eso parecen incitarles sus padres desde edades bien tempranas.
Después el paterfamilias y yo repasamos el gran trabajo de nuestros políticos a favor de las familias: ausencia de conciliación real, falta total de ayudas económicas, fomento de la incorporación inmediata al trabajo de la mujer tras dar a luz (para qué cuatro meses, si muchas con dos –o menos- ya están de vuelta), bajas maternales ridículas, desprestigio de la labor de criar a los hijos, ensalzamiento y promoción de las guarderías (con avales científicos incluídos), existencia de empresas en busca del expediente académico perfecto, en vez de buscar al trabajador idóneo…
Y antes de deprimirnos más contemplando el negro panorama de este nuestro país de corrupción y pandereta, llega alguno de los niños, o todos juntos, y nos lanzan una sonrisa, o un hola, o un dulce beso. Y el paterfamilias ya no es el Increíble Hulk airado y furioso, sino un padre, como tantos otros, confiado en que sus hijos, a pesar de todo, saldrán adelante, y saldrán indemnes.    

viernes, 14 de diciembre de 2012

EL ACELERADOR DE PARTÍCULAS

DE CÓMO EL PATERFAMILIAS ES ESPECIALISTA EN ACELERAR 
A LOS INFANTES PROPIOS Y AJENOS


Acelerador de partículas del CERN (abc.es)
Última hora de la tarde. Por enésima vez (y no será la última) intentas retomar, o instaurar esas rutinas que, según los expertos, hacen que los niños se vayan calmando, y acepten de buen grado el irse a la cama: baño caliente y relajante, hora de la cena, hora del cuento y hora de dormir.
Pero lo que los expertos no saben es que, en muchas ocasiones, el baño sí es caliente, pero de relajante tiene poco, sino más bien es del tipo: "¡¡¡no salpiques!!!, ¡mamá, quema!, ¡¡¡no le mees encima a tu hermano!!!, ¡mamá, fría!, ¡¡¡devuélvele ese submarino!!!, ¡el triceratops es mío!, ¡¡¿quién ha metido este muñeco con pilas en la bañera?!!, ¿hoy toca pelo?, ¡¡¡Vaya si toca!!! ¡En los ojos nooo! ¡¡¡No te muevas!!! ¡En las orejas noooo! ¡¡¡Estáte quieto!!! ¡Buaaaa! ¡¡¡Y tú no te bebas el agua!!!".
Los expertos tampoco saben que hay niños que se toman literalmente lo de la hora de la cena, con lo que o les metes un poco de prisa, o reenganchan con el desayuno (del extraño caso del niño que tragaba la tortilla de patatas y masticaba las natillas de chocolate os hablaré otro día).
El caso es que ya has superado las primeras pruebas, están bañados, cenados, y con el pijama puesto, quizá incluso ya has conseguido que estén dentro de la cama, y de repente... aparece él: el paterfamilias, también conocido como "el acelerador de partículas". Tiempo atrás ya había demostrado sus mañas al jugar con el sobrino mayor, para disfrute del enano y desesperación de su madre "¡es que lo aceleras todo! ¡A ver ahora quién lo tranquiliza para dormir!", pero una pensaba que con los hijos actuaría diferente, tendría en cuenta que los niños necesitan dormir y descansar y bla bla bla. Nada más lejos de la realidad. Si incluso el pequeño, cuando tenía poquitos meses, sabía que con papi había marcha y juerga, mientras mami "sólo" daba teta y mimos. 
Así que entra en la habitación, se tumba en la cama, y los tres (oh, qué raro) se abalanzan sobre él. A partir de aquí, risas, gritos, saltos, cosquillas, "arre, caballito", "te tengo prisionero", "vamos a liberarle", sábanas por el aire y edredones por el suelo. Y el reloj que sigue su curso, y los niños que siguen sin dormir, cada vez más despejados y acelerados. Entonces el paterfamilias se da cuenta de la hora que es, y de que el resto de niños de la ciudad hace ya dos horas que duerme, y decide pasar a la fase "hora del cuento", que cómo no, dura literalmente otra hora. Y en el cuento hay dragones, y dinosaurios, y niños exploradores, y risas, y criaturas fantásticas, y chistes, y más risas, y todos despiertos y sin la menor intención de cerrar el ojo. Y toca la fase "hora de dormir", que dura... ¿lo adivináis? Sí, otra horita de "no puedo dormir", "quiero agua", "tengo pis", "tengo calor", etc. etc. etc. El pequeño cae dormido en la teta (uno de tres), al mediano le vence el cansancio y empieza a ronronear bajo la almohada (dos de tres), y el mayor completa su proceso de deceleración con un oportuno masaje en la espalda. Para cuando se duerme, la mamá ya ha empezado a roncar (pleno de cuatro), y el paterfamilias, con medio cuerpo fuera del colchón de 135 cm., se va a ver en la tele algo que no sean dibujos animados, donde urdirá, seguramente, nuevas maneras de acelerar las partículas de sus hijos (y de paso las de su mujer).

sábado, 11 de agosto de 2012

PAPÁ CUMPLE AÑOS


DE CÓMO UN PADRE SE CONVIRTIÓ EN EL MEJOR PADRE


El mejor padre no es el que más dinero lleva a casa; sino el que más amor aporta al hogar.
El mejor padre no es el que tiene el puesto de trabajo más importante y de más responsabilidad; sino el que sabe que su familia es su principal responsabilidad y por eso es más importante que su trabajo.
El mejor padre no es el que tiene el coche full equip, último modelo y siempre impoluto; sino el que tiene el coche siempre disponible para llevar a su familia a donde haga falta.
El mejor padre no es el que más grita, ni el que más broncas echa a su hijo, sino el que más habla con él y le escucha.
El mejor padre no es el que más regalos le compra a su hijo por su cumpleaños y por Navidad; sino el que está todos y cada uno de los días del año disponible para él, regalándole sin escatimar su tiempo y su atención.
El mejor padre no es el que más miedo infunde en su hijo; sino el que más respeto inspira.
El mejor padre no es el que más levanta la mano; sino el que más extiende los brazos.
El mejor padre no es el que colma a su hijo de promesas y promesas para el futuro; sino el que cumple su palabra.
El mejor padre no es el que vuelca todos sus anhelos y esperanzas frustradas en su hijo para que él los cumpla; sino el que apoya los sueños propios de su hijo y espera que se hagan realidad.
El mejor padre no es el que quiere que su hijo tenga todo lo que él no tuvo; sino el que quiere que su hijo tenga lo suficiente para ser feliz.
El mejor padre no es el que aspira que su hijo sea una persona importante; sino el que aspira que su hijo sea una buena persona.
El mejor padre no es el que deja la herencia más sustanciosa a sus hijos; sino el que les deja el legado de un buen ejemplo.

El mejor padre, mi amor, eres tú. ¡Feliz cumpleaños!


P.S. No te emociones, que nos conocemos...

"CUALQUIERA PUEDE SER PADRE, 
PERO SÓLO UN HOMBRE DE VERDAD PUEDE SER PAPÁ" 
Anónimo

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